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Discurso Jacinto Pérez Arcay

Discurso Jacinto Pérez Arcay

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Published by Victor Hugo Majano
Discurso del M/G Jacinto Pérez Arcay
Conmemoración del 182º aniversario de la muerte de
El Libertador y Padre de la Patria
Discurso del M/G Jacinto Pérez Arcay
Conmemoración del 182º aniversario de la muerte de
El Libertador y Padre de la Patria

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Discurso del M/G Jacinto Pérez Arcay
 
Conmemoración del 182º aniversario de la muerte deEl Libertador y Padre de la Patria
Panteón Nacional, CaracasLunes, 17 de diciembre de 2012
Penetrado de profunda tristeza por la ausencia temporal del líder de la revolución enla conmemoración del 182 aniversario de la muerte del Padre de la Patria, quierocomenzar este discurso recordando algunas palabras suyas del 17 de diciembre delaño 2000, en este mismo sagrado recinto del Panteón. “¡Qué hermosos el Himno a Bolívar y estos himnos patrios que ustedes han cantadoen esta hora solemne...! –exclamó Chávez al lado del sacrosanto féretro delLibertador. ¡Qué sublime sensación! Provoca llorar... provoca reír... provoca aplaudir:¡Claro que primero nos provoca llorar...! Y creo que todos debiéramos hacerlo…, perono llorar sólo porque un día como hoy hace 170 años murió físicamente Bolívar...,sino también porque ciertas cosas han sido silenciadas a pesar de ser parte del hechohistórico; y fueron silenciadas muy furtivamente porque era necesario proteger losbastardos intereses de la oligarquía que se entronizó en nuestros países y los explotódurante siglos.¡Nunca perdonarán los oligarcas de América a este hombre excepcional por suabolengo espiritual, por sus talentos y por su desprendimiento; riquezas; nunca leperdonarán el haberles traicionado, ¡el hecho de ser rico y haberse ido con el pueblodesdentado!, ¡Haberse ido con los indios miserables!, ¡haberse ido a soñar y arealizar el bello sueño de convertir esclavos en libertadores!; ¡porque Bolívar no sóloconvirtió esclavos en hombres libres sino que además los forjó libertadores de unaPatria que habría de constituirse en un Estado democrático y social de derecho y de justicia!” Así como el brillo del oro viene desde adentro –de su peso y número atómico y de supeso molecular–, los destellos del proyecto socialista venezolano provienen de la luzde Bolívar; de esa energía espiritual sembrada por él en el inconsciente colectivovenezolano a la sazón moldeado al calor del Evangelio. En efecto, el devoto de laSantísima Trinidad se hizo Alfarero de la República en una geografía que había sidopenetrada por Colón, no sólo con el Pendón de Castilla sino fundamentalmente con laCruz del Cristo Redentor. En el inconsciente de la Patria se encuentra, pues, elhontanar de nuestra raza mestiza; el fuego sagrado prendido por Bolívar, esainmensa llamarada suya de iluminación del porvenir que le permitió penetrar hastalos más íntimos fundamentos de la política para imaginar, inventar, crear y trazar unproyecto compacto y artillado de Unión de los países de la América Meridional…,pendiente de concreción.Ajedrecista holístico, Bolívar se elevó por cima del misterio del poder político deentonces, lo descifró y desde el atalaya del Universo pudo jugar posiciones enescenarios geopolíticos del ajedrez de la globalización; él sabía que a la larga lanaturaleza no permite que un pueblo permanezca inmóvil…, que todo pueblo tieneque retroceder o avanzar.
 
Venezuela habrá de avanzar al calor de la palabra sembrada por Cristo y por Bolívarporque es en ese manantial donde radican las pulsiones del
Eros
, las fuerzasigualitaristas para la regeneración del pueblo venezolano. Véase, si no, cómo elpreámbulo de la Constitución, además de señalar el ideario político del modelobolivariano, invoca a Dios en la praxis de principios y valores sociales necesarios a laforja del hombre nuevo. Pero la naturaleza no da saltos.
Mutatis mutandis
con larevolución política, precisamos inventar y descubrir nuevos caminos pedagógico-educativos en un país que aun cuando su
ethos
se arraiga en el igualitarismo social,arrastra graves problemas heredados de la globalización
darwiniana
e inmisericorde,en especial los sistemas de valores negativos, esa contracultura universal que llevaaparejada la crisis política, económica, social y sobre todo moral que siguegolpeándonos a todos.El pueblo venezolano votó la Constitución revolucionaria del 15 Dic. 99 porque habíaarribado a un estadio superior de su espíritu. Nuestra es la responsabilidad dedesarrollar en el colectivo nacional la conciencia de su destino social, la conciencia desus deberes y, consiguientemente, fuerza es saber que sólo cultivándose el hombredesde las entrañas mismas de su tierra patria, podrá conocerla, amarla y defenderla:En términos de psicología social esas entrañas palpitan al calor del Redentor y delLibertador y sólo con ellos, espiritualizadas sus vidas, conseguirán los hombresconsolidarse en Nación como elemento esencial del Estado.El sentido de pertenencia a un pueblo –según enseña la antropogeografía– nace delhecho de que cada ser humano, con la impronta de una conexión espiritualtradicional, actualiza esta conexión, de modo vivo, dentro de sí mismo. Sólo unidóneo liderazgo con vocación de apostolado podrá inducir al pueblo a que seesfuerce en conocer sus gloriosas tradiciones; sólo mediante la enseñanza y lapredicación con el ejemplo y una voluntad política unitaria podrán los hombrespotenciar y elevar su intelecto y su moral, su mística y espíritu nacional y soloconcienciados podrán defender su Patria. Por ello el hombre necesita saber de dóndeviene para orientar su porvenir, necesita nuclear su nacionalismo en torno a suhistoria patria. Y es que, como decía Gaitán, a los pueblos no se les puede robar elsentimiento nacionalista, porque el hombre es como las plantas…, y las plantas danflores y frutos, no por las plantas mismas sino por la tierra y por el surco donde hanprendido. Y por tanto, hombres ni pueblos pueden ser grandes ni fuertes, sino enrazón de las tumbas de sus mayores que es el lugar donde tienen que buscar elalimento para su futuro.Ergo, para redimir a Venezuela de sus males presentes precisamos conocer aquellosrecados de la Historia que permitan planificar y avanzar con rectitud al porvenir. Esimposible escrutar el pasado –según enseña Ortega y Gasset–, sin que de rebotepodamos vislumbrar algo del futuro. Consiguientemente, siendo la pedagogía laciencia de la educación, necesitamos pedagogos que inspiren su diario quehacer enlos viejos sabios que nos precedieron en cuanto que el proyecto socialistarevolucionario que adelantamos, urge de luces y virtudes sociales según decía SimónRodríguez, y del espíritu de sublimación que aleccionaba Bolívar: “El progreso de las luces es el que ensancha el progreso de la práctica y la rectitud deespíritu es la que ensancha el progreso de las luces”.
 
Estamos refundando la República al calor de una revolución pacífica y ello entrañaaplicación de una sabia cirugía a los vicios y problemas enquistados para que lanación como un todo, pueda levantarse y sostenerse. Hablar de República implicahablar de la cosa pública y toda filosofía política impone una filosofía de la educación.Luego, para estructurar la sociedad que aspiramos, requerimos un modelo de hombreque la haga posible; nos referimos al hombre republicano, que decía SimónRodríguez, el nuevo hombre sin cuyo aliento espiritual no podríamos hacer posible lanueva República.Sabemos, como decía Bolívar, que un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muypronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidadconsiste en la práctica de la virtud: que el imperio de las leyes es más poderoso queel de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe someterse a su benéficorigor: que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes: queel ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad (…)Tendremos, por tanto, que sembrar la revolución educativa inspirados en Bolívar enobsequio de la rectitud de espíritu que nos dejó como legado. Urge sembrar un recioapostolado durante un proceso de siglos respecto de una fe política, patriótica ycristiana que implique contrarrestar la psicosis derivada de la violencia ilegítimaenquistada en la Nación: “Si hay alguna violencia justa –decía Bolívar–, es aquellaque se emplea en hacer a los hombres buenos y, por consiguiente, felices: sin fuerzano hay virtud, y sin virtud perece la República”. Y hasta el mismo Cristorevolucionario nos adelantaba con audacia y belleza: “Quizás creáis que he venido atraer la paz a la tierra; no, he venido para arrojar la espada. En una casa de cincopersonas, tres estarán contra dos y dos contra tres. He venido para traer el fuego a latierra; ¡tanto mejor si la tierra arde ya!”.Urgimos de leyes inexorables que permitan encauzar hacia el bien las perniciosasvaloraciones enquistadas en la psiquis colectiva a raíz de la muerte de Bolívar:precisamos espiritualizar la educación, practicar la verdad y perfeccionar la libertad,
sine qua non del Bien Común, la Justicia Social y la Seguridad Jurídica
como fines delEstado. Esto es así porque sólo penetrado el hombre de valores ciudadanos a partirde su niñez podremos consolidar la Nación y levantar y sostener el edificio de larepública socialista. Amparados en la revolución moralizadora planteada por Bolívaralcanzaríamos a forjar republicanos y así, lanzados a predicar con el ejemplo al calorde la palabra diáfana y honesta, pudiéramos realizar en paz los cambios
biopsicosociales
que requiere Venezuela. Estamos hablando del Poder Moral.¿Y qué nos ha dicho el líder Presidente al respecto? “El pueblo bolivariano tomó conciencia de su destino y por ello nunca máspermitirá ser manipulado al calor de tantas campañas mediáticas que en todotiempo y en todos los idiomas andan desatadas por el mundo. Y es que elespíritu del pueblo es siempre recto, como dijo Bolívar ante el Consejo deGobierno del Perú en 1826: ‘Creo más en la sabiduría del pueblo que en losconsejos de los sabios’. Yo creo en esas multitudes –afirma el Jefe del Estado–yo creo en ese pueblo que me ha dado manifestaciones categóricas de fuerza,conciencia y claridad… ¡Siento que esas multitudes hablan por mis labios...! Porello repito con el Libertador: ¡Creo mucho más en la sabiduría del pueblo queen los consejos de los sabios! ¡Si alguien quiere saber cuál es la verdad,

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