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Niccolò Machiavelli (3 de mayo de 1469 - 21 de junio de 1527)Político, diplomático, filósofo, historiador, poeta y autor teatral italiano. EL PRÍNCIPE(Año 1513)ÍndiceDedicatoria1. De las distintas clases de principados y de la forma en que se adquieren2. De los principados hereditarios3. De los principados mixtos4. Por que el reino de Darío, ocupado por Alejandro, no se sublevo contra lossucesores de éste, después de su muerte5. De que modo hay que gobernar las ciudades o principados que, antes de serocupados, se regían por sus propias leyes6. Estados adquiridos con armas y esfuerzos propios7. Los principados nuevos adquiridos con armas y fortuna nueva8. Príncipes que alcanzaron el poder mediante el crimen9. El principado civil10. Grado de fuerza de los principados11. Los principados eclesiásticos12. Clases de soldados y soldados mercenarios13. Tropas auxiliares, mixtas y propias14. Obligaciones del príncipe para con la milicia15. Causas de alabanza y vituperios de los príncipes16. Liberalidad y parsimonia del príncipe17. La crueldad y la piedad ¿es mejor ser amado o temido?18. Fidelidad del príncipe a la palabra dada19. Evite el príncipe ser odiado y menospreciado20. Las fortificaciones y otras obras de los príncipes21. Que debe ser el príncipe para ser estimado22. Los secretarios de los príncipes23. El príncipe y los aduladores24. Por que los príncipes de Italia perdieron sus estados25. Influencia de la fortuna y modo de contrarrestarla26. Exhortación a redimir a Italia y liberarla de los bárbarosDedicatoriaNICOLÁS MAQUIAVELO AL MAGNIFICOLORENZO DE MÉDECISLos que desean congraciarse con un príncipe suelen presentársele con aquello quereputan por más precioso entre lo que poseen, o con lo que juzgan más ha deagradarle; de ahí que se vea que muchas veces le son regalados caballos, armas,telas de oro, piedras preciosas y parecidos adornos dignos de su grandeza.Deseando, pues, presentarme ante Vuestra Magnificencia con algún testimonio de misometimiento, no he encontrado entre lo poco que poseo nada que me sea más caro oque tanto estime como el conocimiento de las acciones de los hombres, adquiridogracias a una larga experiencia de las cosas modernas y a un incesante estudio de
 
las antiguas.¹ Acciones que luego de examinar y meditar durante mucho tiempo y congran seriedad, he encerrado en un corto volumen, que os dirijo.Y aunque juzgo esta obra indigna de Vuestra Magnificencia, no por eso confíomenos en que sabréis aceptarla, considerando que no puedo haceros mejor regalo queponeros en condición de poder entender, en brevísimo tiempo, todo cuanto heaprendido en muchos años y a costa de tantos sinsabores y peligros. No he adornadoni hinchado esta obra con cláusulas interminables, ni con palabras ampulosas ymagníficas, ni con cualesquier atractivos o adornos extrinsecos, cual muchossuelen hacer con sus cosas; ² porque he querido, o que nada la honre, o que só1ola variedad de la materia y la gravedad del tema la hagan grata. No quiero que semire como presunciones el que un hombre de humilde cuna se atreva a examinar ycriticar el gobierno de los príncipes.Porque así como aquellos que dibujan un paisaje se colocan en el llano paraapreciarmejor los montes y los lugares altos, y para apreciar mejor el llano escalan losmontes,³así para conocer bien la naturaleza de los pueblos hay que ser príncipe, y paraconocerla de los príncipes hay que pertenecer al pueblo.Acoja, pues, Vuestra Magnificencia este modesto obsequio con el mismo ánimo conque yo lo hago; si lo lee y medita con atención, descubrirá en él un vivísimodeseo mío:el de que Vuestra Magnificencia llegue a la grandeza que el destino y sus virtudesleauguran. Y si Vuestra Magnificencia, desde la cúspide de su altura, vuelve algunavez la vista hacia este llano, comprenderá cuán inmerecidamente soporto una grandeyconstante malignidad de la suerte.1 Las dos escuelas de los grandes hombres. (Cristina de Suecia.)2 Como Tácito y Gibbon (G).3 Con esto empecé y con ello conviene empezar. Se conoce mucho mejor el fondo delos valles cuando seestá en la cumbre de la montaña (RC).El Príncipe: Capítulo IDe las distintas clases de principados y de la forma en que seadquierenTodos los Estados, todas las dominaciones que han ejercido y ejercen soberaníasobre los hombres, han sido y son repúblicas o principados. Los principados son, ohereditarios, cuando una misma familia ha reinado en ellos largo tiempo, o nuevos.Los nuevos, o lo son del todo, como lo fue Milán bajo Francisco Sforza, o son comomiembros agregados al Estado hereditario del príncipe que los adquiere, como es elreino de Nápoles para el rey de España. Los dominios así adquiridos estánacostumbrados a vivir bajo un príncipe o a ser libres; y se adquieren por lasarmas propias o por las ajenas, por la suerte o por la virtud.El Príncipe: Capítulo II
 
De los principados hereditariosDejaré a un lado el discurrir sobre las repúblicas porque ya en otra ocasión lo hehecho extensamente. Me dedicaré sólo a los principados, para ir tejiendo laurdimbre de mis opiniones y establecer cómo pueden gobernarse y conservarse talesprincipados. En primer lugar, me parece que es más fácil conservar un Estadohereditario, acostumbrado a una dinastía, que uno nuevo, ya que basta con noalterar el orden establecido por los príncipes anteriores, y contemporizar despuéscon los cambios que puedan producirse. De tal modo que, si el príncipe es demediana inteligencia, se mantendrá siempre en su Estado, a menos que una fuerzaarrolladora lo arroje de él; y aunque así sucediese, sólo tendría que esperar,para reconquistarlo, a que el usurpador sufriera el primer tropiezo.Tenemos en Italia, por ejemplo, al duque de Ferrara, que no resistió los asaltosde los venecianos en 1484 ni los del Papa Julio II en 1510, por motivos distintosde la antigüedad de su soberanía en el dominio.Porque el príncipe natural tiene menos razones y menor necesidad de ofender: dedonde es lógico que sea más amado; y a menos que vicios excesivos le atraigan elodio, es razonable que le quieran con naturalidad los suyos. Y en la antigüedad ycontinuidad de la dinastía se borran los recuerdos y los motivos que la trajeron,pues un cambio deja siempre la piedra angular para la edificación de otro.El Príncipe: Capítulo IIIDe los principados mixtosPero las dificultades existen en los principados nuevos. Y si no es nuevo deltodo, sino como miembro agregado a un conjunto anterior, que puede llamarse asímixto, sus incertidumbres nacen en primer lugar de una natural dificultad que seencuentra en todos los principados nuevos. Dificultad que estriba en que loshombres cambian con gusto de señor, creyendo mejorar; y esta creencia los impulsaa tomar las armas contra él; en lo cual se engañan, pues luego la experiencia lesenseña que han empeorado. Esto resulta de otra necesidad natural y común que haceque el príncipe se vea obligado a ofender a sus nuevos súbditos, con tropas o conmil vejaciones que el acto de la conquista lleva consigo. De modo que tienes porenemigos a todos los que has ofendido al ocupar el principado, y no puedesconservar como amigos a los que te han ayudado a conquistarlo, porque no puedessatisfacerlos como ellos esperaban, y puesto que les estás obligado, tampocopuedes emplear medicinas fuertes contra ellos; porque siempre, aunque se descanseen ejércitos poderosísimos, se tiene necesidad de la colaboración de los«provincianos» para entrar en una provincia. Por estas razones, Luis XII, rey deFrancia, ocupó rápidamente a Milán, y rápidamente lo perdió; y bastaron la primeravez para arrebatársele las mismas fuerzas de Ludovico; porque los pueblos que lehabían abierto las puertas, al verse defraudados en las esperanzas que sobre elbien futuro habían abrigado no podían soportar con resignación las imposicionesdel nuevo príncipe.Bien es cierto que los territorios rebelados se pierden con más dificultad cuandose conquistan por segunda vez, porque el señor, aprovechándose de la rebelión,vacila menos en asegurar su poder castigando a los delincuentes, vigilando a lossospechosos y reforzando las partes más débiles. De modo que, si para hacer perderMilán a Francia bastó la primera vez con duque Ludovico que hiciese un poco deruido en las fronteras, para hacérselo perder la segunda se necesitó que todo elmundo se concertase en su contra, y que sus ejércitos fuesen aniquilados yarrojados de Italia, lo cual se explica por las razones antedichas.
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