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El Despojo de los Metales Argentinos

El Despojo de los Metales Argentinos

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Published by Ramón Rodolfo Copa
’Los que en aquella tierra viven dicen que en la tierra adentro hay unas sierras de donde sacan infinitísimo oro’ Sebastián Caboto-1544.
Hoy como ayer, uno de los bienes más genuinos del que disponen los pueblos para su desarrollo, son los recursos naturales de sus territorios, que forman parte del capital de toda la sociedad. Desde la conquista, esas riquezas fueron sustraídas por los ocupantes y, salvo raras excepciones, siguen en manos extranjeras.
-Por Fernando «Pino» Solanas (COPENOA)
’Los que en aquella tierra viven dicen que en la tierra adentro hay unas sierras de donde sacan infinitísimo oro’ Sebastián Caboto-1544.
Hoy como ayer, uno de los bienes más genuinos del que disponen los pueblos para su desarrollo, son los recursos naturales de sus territorios, que forman parte del capital de toda la sociedad. Desde la conquista, esas riquezas fueron sustraídas por los ocupantes y, salvo raras excepciones, siguen en manos extranjeras.
-Por Fernando «Pino» Solanas (COPENOA)

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’Los que en aquella tierra viven dicen que en la tierra adentro hayunas sierras de donde sacan infinitísimo oro’ Sebastián Caboto
-1544.Hoy como ayer, uno de los bienes más genuinos del que disponenlos pueblos para su desarrollo, son los recursos naturales de susterritorios, que forman parte del capital de toda la sociedad.Desde la conquista, esas riquezas fueron sustraídas por losocupantes y, salvo raras excepciones, siguen en manosextranjeras.-Por Fernando «Pino» Solanas (COPENOA)
 
 El llamado ´boom minero argentino´ que atrae a las multinacionales del sector, anunciandograndes beneficios para el país, es una operación que desinforma y encubre el silencioso saqueode recursos metalíferos no renovables, permitiendo sistemas extractivos depredadores ycontaminantes, que están siendo denunciados en todo el mundo.La nueva ´fiebre del oro´ se inició durante la década de Carlos Menem y se ha mantenido yprofundizado hasta hoy con los sucesivos gobiernos, creándose incluso una suerte de tercert
erritorio en la Cordillera de los Andes mediante el ’Tratado de Integración y Complementación
Minera Argentino-
Chileno’ de 1997. Pueden sorprender estas afirmaciones; pero el tema de la
explotación minera y la legislación que la ampara, no han estado presentes en el debate político ymenos aún en los medios de comunicación. Es raro encontrar un ciudadano -periodista, profesor,magistrado o dirigente- que sepa que Argentina es el sexto potencial minero del planeta o queguarda en sus sierras, mesetas y cordilleras, depósitos detectados de oro, cobre, plata, plomo,molibdeno, zinc, estaño, litio, potasio, níquel, cobalto, uranio y decenas de metales pococonocidos pero de valor estratégico, que se estiman en la suma de 170.000 millones de dólares.La Secretaría de Minería de la Nación (S.M.N.) sostiene:
’La oportunidad que presenta el potencial
geológico de la Argentina radica en que el 75% de las áreas atractivas para la minería permanecensin explotar.La totalidad de los prospectos, yacimientos y depósitos fueron ubicados y puestos a disposición dela actividad privada a comienzos de la década del 90, como resultado de varios años de trabajo
prospectivo del Estado’ (1).
Lo escandaloso del caso argentino es que la legislación vigenteevidencia una clara servidumbre colonial. Establece que la propiedad de las reservas mineras es delos estados provinciales pero les prohíbe explotarlas: están obligados a cederlas a las empresasprivadas, transfiriéndoles las investigaciones geológicas y los descubrimientos realizados por elEstado. Si a esto se suma la falta de control público sobre los minerales que exportan, lasexcepcionales desgravaciones impositivas, las bajísimas regalías o los subsidios otorgados, no seríaexagerado afirmar que el despojo colonial del cerro de Potosí difiere poco en su esencia del quehoy practica la mentada ´gran minería´ en nuestro país. Contrariamente a lo que se hace creer, eloro, la plata, el cobre y sesenta metales más, se van al extranjero sin pagar nada, dejándonospobreza, corrupción, comunidades divididas por la asociación o resistencia a la corporaciónminera, y una gravísima contaminación ambiental.Sin embargo, tales consecuencias han atravesado el Congreso Nacional, la Justicia, los organismosdel Estado y se mantienen en el gobierno de Néstor Kirchner sin haber provocado reacción algunapor parte de las dirigencias políticas (2).Las leyes de Menem y el plan de las corporaciones El 29 de marzo de 2006, en una entrevista queme concediera el Ing. Jorge Mayoral, Secretario de M
inería de la Nación, él afirmaba: ’Estamos
 
inmersos en un fantástico boom prospectivo y exploratorio que nos hace formar parte del club delos países privilegiados del mundo. Decimos que Argentina se constituye en un ´top-ten´ enmateria de afincamiento del negocio de riesgo y de la inversión para estos tiempos en el mundo.
’ El llamado ´boom minero´ tiene su origen en las leyes de entrega de los recursos naturales que
iniciara el gobierno de Carlos Menem en los años noventa y en la ley Nº 23.698/89 de Reforma delEstado. No era otra de sus perversas iniciativas, sino la ejecución de planes nacidos en los centrosdel poder económico, el Banco Mundial y las grandes corporaciones americanas, canadienses,británicas y australianas -entre otras- para apropiarse de nuestros recursos metalíferos frente auna demanda internacional incrementada por el crecimiento de China e India y las necesidades delemporio militar norteamericano. No es casual que en la misma década, la globalizaciónpromoviera leyes mineras semejantes en alrededor de 70 países donde desembarcaron las
transnacionales para apropiarse de sus metales. La búsqueda de nuevos ’Eldorado’ se multiplicó
ante la constante depreciación del dólar. El Banco Mundial estuvo detrás de los nuevos marcosurídicos, e inclusive, participando como socio minoritario en numerosos emprendimientos de lagran minería a través de su Corporación Financiera Internacional.En Argentina, se les abrió las puertas con la Reforma de la Constitución de 1994, que otorgó a laspro
vincias la propiedad de todos los recursos del subsuelo: ’Corresponde a las provincias eldominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio’ (Art. 124). Una reforma
que, de hecho, invitaba a la balcanización del poder nacional frente a las transnacionales ylegalizaba la privatización petrolera de 1989, que terminó con 82 años de política de Estado. Desdeel presidente Figueroa Alcorta hasta Menem, los hidrocarburos fueron propiedad de la Naciónpara beneficio del conjunto de la población. Por el contrario, la nueva normativa los entrega a las10 provincias que tienen petróleo, dejando afuera las 14 restantes donde reside el 85% de loshabitantes del país. Una medida injusta porque desde el descubrimiento del petróleo, en 1907, losporteños, bonaerenses, cordobeses, santafecinos, entrerrianos, correntinos, misioneros,tucumanos o santiagueños, aportaron durante más de 80 años al financiamiento y desarrollo de laindustria hidrocarburífera nacional.En Chile fueron más frontales: legisla
ron contra su Constitución que plantea: ’El Estado tiene eldominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas’. Al final de la
dictadura promulgaron una ley que permitía entregar las minas en propiedad privada y aperpetuidad. Lejos de derogarla, los gobiernos ´progresistas´ de la Concertación le sumaríanfacilidades que culminaron con el Tratado de Libre Comercio firmado con EEUU por el presidenteRicardo Lagos y la nueva privatización del cobre. Las empresas estatales que desde sunacionalización tenían casi el 100% de la producción, se convirtieron en productores minoritarioscon poco más del 30%: la mayoría del cobre y la minería chilena, es hoy de las corporacionesnorteamericanas (3).Leyes en ArgentinaLa estructura legal impulsada por las corporaciones mineras en la Argentina durante los años

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