-La fundación del Imperio Egipcio-La destrucción de Sodoma y Gomorra-El paso del Mar Rojo-Visitas de Moisés a la cumbre del Sinaí-El "maná" del cielo-Construcción del Arca de la Alianza-Visitas de Profetas al Reino de Munt-El enigma de la "Estrella de BelemCUARTA PARTEEl "Fin de los Tiempos" y la Gran Misión ActualCapítuloXVII-Una civilización que agonizaCapítuloXVIII-El Juicio FinalSus causasCapítuloXIX-El Juicio Final (Cont.)El misterio de los Números-Clave-Sus efectos y desarrollo-Interpretación del JUICIOCapítuloXX-LA NUEVA ERA- Palabras del Autor
NOTA EDITORIAL
Yosip Ibrahim, miembro de una de las más antiguas escuelas esotéricas, alpresentar este trabajo hace tan desconcertantes revelaciones; tan audacesdeclaraciones,
que el libro "Yo Visité Ganímedes..." habrá de causar profundoimpacto en todas las esferas del gran público.El trascendental mensaje que encierra,
compromete la opinión de los másopuestos sectores de nuestra humanidad. Científicos, técnicos, políticos, re-ligiosos, económicos, sociales, materialistas o no, encontrarán en esta obra,seguramente,
muchos motivos de apasionada discusión.Pero la exposición que el autor desarrolla, y las explicaciones que da, ba-sándolas en hechos comprobados desde remotas épocas, en muchos casos,nos llevan a recomendar su estudio con prolijo cuidado y con serenaelevación, muy especialmente si tenemos en cuenta la reiterada declaraciónque hace de que este libro no es fantasía literaria ni ciencia-ficción, sino un"mensaje verídico" para fines ulteriores en bien de la humanidad.Ante las
impresionantes revelaciones de Yosip Ibrahim no queremos ser nicríticos, ni jueces. En un asunto de tanta importancia para nuestra huma-nidad, preferimos que sea el público el que pronuncie el veredicto.
PALABRAS DEL AUTOR
Sé que muchos pensarán que miento, y me expongo al más acerbo ridículo ante el concepto adocenado deaquellos que, siguiendo la corriente del pensamiento común de las gentes "serias", no se atreven a hablar enpúblico de asuntos que, todavía, no han sido comprobados científicamente por ese conjunto muy respetable desabios de la Tierra que -igual a sus colegas de antaño-, solo aceptan los fenómenos producidos por ellosmismos en sus propios laboratorios y dentro de sus propios métodos o sistemas de investigación.Pero al escribir estas líneas, por extrañas que resulten a todos ellos, me limito a cumplir la promesaempeñada a un hombre al que me unió la más estrecha y fraterna amistad; un hombre cuya sinceridad ycorrección de conducta pude apreciar desde los días lejanos del colegio, quién me narró los hechos a que voya referirme, dándome pruebas irrefutables de su verdad, antes de abandonar este planeta para ir a vivir en otrolejano astro de nuestro sistema solar.Ya no me importa la risa burlona de muchos, ni la piadosa idea de quienes piensen que he perdido la razón.Cumplo la palabra dada al hombre que fue para mí un hermano, y declaro, con todo el valor ante el escarnio,que los hechos extraordinarios motivo de esta narración no han sido fruto de una mente alucinada, ni productode una fantasía de escritor, si no la realidad cruda y tangible, asombrosa es cierto, pero vividaconscientemente por un hombre de esta Tierra que hoy se encuentra, muy lejos, en el Cosmos...
Yosip Ibrahim.
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