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Bhagavan Das - La Ciencia de Las Emociones

Bhagavan Das - La Ciencia de Las Emociones

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Published by: 'Roberto 'Arteaga-Arias on Dec 30, 2012
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09/05/2014

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LA CIENCIADE LASEMOCIONES
COMO DIRIGIR LAS INFLUENCIASPOSITIVAS Y NEGATIVASLa ciencia de las emociones es parte importantísima de la Ciencia del Yo ytiene aplicación a la vida de todos los sistemas cósmicos.Las virtudes y los vicios humanos no son ni más ni menos que las Emocionesen su mayor alcance y en estado de permanencia.En las virtudes hay Emociones de Amor: Cortesía, Finura, Suavidad,Miramiento, Amistad, Sociabilidad, Afabilidad, Afectividad, Familiaridad,Modestia, Prudencia, Dulzura, Reverencia, Formalidad, Diligencia, Gravedad,Serenidad, Sensatez, Docilidad, Humildad, Obediencia, Gratitud, Amabilidad,Estimación , Benevolencia, Urbanidad, Indulgencia, Suavidad, Nobleza,Benignidad, Dulzura, Ternura, Compasión, Piedad.En los vicios hay emociones de odio: Rudeza, Brusquedad, Grosería,Terquedad, Aspereza, Irascibilidad, Actitud, Cólera, Hurañería, Intemperancia,Timidez, Suspicacia, Esquivez, Encogimiento, Cobardía, Rencor, Venganza, Arrogancia, Menosprecio, Desdén, Engreimiento, Petulancia, Agresividad,Entrometimiento, Escarnio, Altivez, Orgullo, Malevolencia.Después de leer atentamente este libro conseguiremos el dominio de nuestrasEmociones hasta el punto de poder dirigir correctamente nuestrospensamientos, palabras y obras.
DedicadoaAnnie BesantBajo cuyos auspicios y guía fue escrita esta obra
PROLOGO¿De qué te aprovechan las riquezas? ¿ De qué te valen los parientes? ¿ Dequé te han de servir las esposas, ¡Oh hijo mio!, si seguramente morirás? Buscael Atma, oculto en las intimidades del corazón. ¿Qué se hicieron tu padre y lospadres de tu padre?>> (1). Tal fue la enseñanza , todavía más antigua, dada a
 
su hijo por un antiguo padre indo; la enseñanza dada por Vyâsa a su hijoShuka, que había de aventajar a su padre en grandeza. Tal acostumbraba aser en la antigua India el principio de la filosofía , la indagación de la verdad, laverdad de vida y muerte.<<Aquel que percibe la diferencia entre lo transitorio y lo eterno y ha extinguidoel deseo de lo perecedero, adquirirá sin duda gran caudal de sabiduría>>. Asídijo Vishvamitra a Râmâ, cuando le condujo ante Vasishta para que lecomunicase las enseñanzas contenidas en el Mahâ-Râmâyana. Del vairâgya(1), carencia de deseo, del veveka o discernimiento por el cual se conoce quetodos los objetos de deseo son limitados, perecederos, y, por tanto, aflictivos;de estas dos solas cualidades, pero sin detrimento alguno, dimanan el boda oconocimiento que percibe lo que no es limitado ni perecedero, y está, por lotanto, libre de aflicción. Así la filosofía antigua tuvo su fundamento en la realización del Jîva, delseparado e individualizado ser, con los dos constantes compañeros de su vida,con los únicos guías de todas sus acciones: placer y dolor, gozo y pesar, dichay miseria, alegría y tristeza. La filosofía antigua tuvo por determinado objetoaliviar la dominante pena de la duda, la incertidumbre y la desesperación que,mientras persiste, emponzoña las raíces de la vida, y comparadas con ella sonvana sombra las demás penas, inclusas las de tortura física y pérdida debienes materiales.
(1)
La palabra vairâgya es de suma importancia en la filosofía sánscrita.Como los períodos críticos en la vida del cuerpo físico, cuando ésta seacomoda de nuevo al medio ambiente, así la disposición de ánimollamada vairâgya es el punto crítico de conversación en la vida delinterno Jîva, cuando se adapta al proceso del mundo y altera y renuevasu vigilancia sobre sí mismo. No hay en los idiomas occidentales palabraalguna de exacta equivalencia a la de vairâgya; porque<<pesimismo>>,<<cinismo>>, <<la vacuidad del mundo>>, <<la vida nomerece vivirse>>, <<nada hay bueno>>,<<retraimiento>>,<<desapego>>, <<laxitud>>, <<indiferencia>> y otraspalabras y locuciones por el estilo, son sombras de los primeros ysegundos estados o modalidades (rajásicas y tamásicas del vairâgya,con tal que añadamos el importantísimo elemento de perseverar en laindagación del verdadero desarrollo del proceso del mundo y del realsignificado de dicha disposición de ánimo y del elemento de verdad enella. Todo esto se explicará más extensamente en el último capítulo deeste libro. También se halla en La Ciencia de la Paz, cap. I. Para ladescripción explicativa véase Yoga Vasishta, I. En una de sus postrerasformas aparece el vairâgya como la noche del alma a que tan a menudoaluden los místicos cristianos. En su modalidad o forma perfecta(sâtvica), cuando distingue entre la vida individualizada y separativa y elYo Universal (el vivekakhyâtith de Yoga) es también el supremoconocimiento ( Yoga Sûtra y VyâsaBhâshya,I-15-16) y equivale arenunciación, abnegación, sacrificio propio, amor universal, compasión,devoción y servicio. Así es verdaderamente el alfa y el omega de lafilosofía, la primera y última palabra de sabiduría: el Vedanta (Bhagavad-Gitâ,II-59)
 
De la pena se dirigió derechamente a la causa de la pena y de la causa alremedio. Esta filosofía es y será sempiternamente verdadera, pero ha demodelarse en formas repetidamente renovadas para acomodarlas a lasnecesidades de las mudables razas de la humanidad.En el progreso de la evolución han llegado las razas y clases másadelantadas de la actual humanidad a la etapa en que la <<inteligencia>(1)está alcanzando su más elevado desenvolvimiento. A fin de llegar a laperfección (2), se exageraron desde un principio sus debidas proporciones,dando por resultado inmediato, que no obstante ser realmente en sí misma unmedio puesto al servicio de aquel otro aspecto de la naturaleza del Jîva, que sellama Deseo-Emoción, se la ha considerado como fin y se ha relegado laemoción a último término, de suerte que en todas las modalidades de la vida deaquellas razas y clases superiores a que nos referíamos, los mediospredominan sobre los fines, prevalecen en la mente, y ocupan nuestro tiempo ynuestra atención, muchísimo más de lo que verdaderamente merecen.(1)El quinto principio, característico de la quinta raza o razaaria(panchajanâh), según la literatura teosófica. (Amara Cosa, II-VII-1)(2)J.Stuart Mill, Carlos Darwin y Heriberto Spencer son, hasta ciertopunto, ejemplo de esta perfección. Ellos mismos confiesan y selamentan en sus autobiografías de la carencia de gozo emocionaly de la atrofia del sentimiento, a causa de la exclusiva cultura delaspecto intelectual de sus mentesPara tomar un gramo de alimento, empleamos platos de toneladas:concedemos más tiempo al proyecto de un negocio que a su ejecución; haymás vigilantes e inspectores que materias objeto de inspección y vigilancia;escribimos más que leemos; hay más periódicos que noticias. Así se hacenmuchos y muy precisos y laboriosos cálculos que a menudo fracasan por notener debidamente en cuenta las contingencias que escapan al cálculo; mil,cien mil hombres son víctimas de la rivalidad para asegurar el éxito de un solohombre; Se mira muchos más lo externo que lo interno; a los gobiernos ysistemas de administración, política y diplomacia se les da sinceramente mayor importancia que al bienestar del pueblo para quien únicamente deberían servir:las ciudades superan a los campos; la vida urbana a la rural; la riqueza delvestido a la hermosura del rostro; el autor al libro; el escritor al lector; laactividad estéril al trabajo productivo; el dinero y el lujo material a la benditatranquilidad de conciencia; las artes suntuarias a las industrias útiles; la<<guerra gloriosa>> a la <<ingloriosa paz>>; la siempre-mudable y cada vezmás convencional constitución escrita a la persistente bondad de los gobiernos;la educación aparatosa que da pulimento urbano y dispone para combatir conel prójimo y medrar subrepticiamente a sus expensas, a la educación quedescubre al hombre interno, le predispone a la paz consigo mismo y con losdemás y le capacita para sobrellevar las injurias antes que inferirlas. Estaexageración parcialista llega al punto culminante cuando los filósofosprofesionales afirman que el objeto de la filosofía no es la verdad, y queindagar la verdad es mucho más importante que poseerla (1).(1)Esto es como si diramos que el objeto de la medicina no es lasalud, sino la pretensión de la salud. Y sin embargo, algo hay deverdad en ello, como lo hay en todas las opiniones, cualquieraque sea la mente que las conciba. Así podemos advertirlo al

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