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El Atolondradicho de Lacan

El Atolondradicho de Lacan

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11/25/2013

 
EL ATOLONDRADO, EL ATOLONDRADICHO O LAS VUELTAS DICHASAl contribuir al 50º aniversario del Hospital Henri-Rousselle, por el favor que los míosy yo allí recibimos en un trabajo del cual indicaré lo que sabía hacer, es decir, pasar la presentacn, rindo homenaje al doctor Dauzon, que me lo permit.Lo que sigue nada prejuzga, según mi costumbre, del interés que le prestará su destino:1mi decir en Sainte-Anne fue vacuola, igual que en Henri-Rousselle y, ¿se imaginan?,desde hace casi el mismo tiempo, guardando en cualquier caso el valor de esa carta quedigo llega siempre donde debe.Parto de migajas, ciertamente no filosóficas, puesto que son el relieve de mi seminariode este año (en París I).Allí, en dos oportunidades, inscribí en la pizarra (de una tercera en Milán donde,itinerante, las haa convertido en pancarta para un flash sobre "el discurso psicoanalítico") estas dos frases:Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha.Este enunciado que parece de aserción por producirse en una forma universal, es dehecho modal, existencial como tal: el subjuntivo con que se modula su sujeto lotestimonia.Si el bienvenido que de mi auditorio me responde lo bastante como para que el términoseminario no sea demasiado indigno de lo que traigo de palabra, no me hubiesedesviado de estas frases, hubiera querido demostrar, por su relación de significación, elsentido que toman con el discurso psicoanalítico. La oposición que evoco aquí habrá deser acentuada más adelante.Recuerdo que con la lógica este discurso toca a lo real, al encontrarlo como imposible, por lo cual es el discurso que la lleva a su última potencia: ciencia, he dicho, de lo real.Que aquí me perdonen los que, por ser los interesados, no lo saben. Aun me anduvieseyo con miramientos, los acontecimientos se lo enseñarían muy pronto.La significación, por ser gramatical, rubrica primero que la segunda frase se refiere a la primera, al convertirla en su sujeto bajo la forma de un particular. Dice: este enunciado,y luego lo califica con el asertivo de postularse como verdadero, lo cual confirma porque tiene la forma de la proposición llamada universal en lógica: en todo caso quedael decir olvidado tras lo dicho.Pero de antítesis, esto es, en el mismo plano, en un segundo tiempo, denuncia susemblante:2 al afirmarlo por el hecho de que su sujeto es modal, y al probarlo porqueéste se modula gramaticalmente como: que se diga. Cosa que ella convoca no tanto a lamemoria sino, como se dice: a la existencia.La primera frase no pertenece pues a ese plano tético de verdad que el primer tiempo dela segunda asegura, como de costumbre, mediante tautologías (aquí dos). Se evoca quesu enunciación es momento de existencia, que situada con el discurso, "ex-siste" a laverdad.Reconozcamos aquí la vía por donde adviene lo necesario: en buena lógica, se entiende,la que ordena sus modos de proceder desde donde accede, o sea, ese imposible, módicosin duda aunque por ello incómodo, de que para que un dicho sea verdadero todavíahace falta que se diga, que decir haya.Con lo cual la gramática mide ya fuerza y debilidad de las lógicas que se aíslan de ella, para, con su subjuntivo, escindirlas, e indica que concentra su poder, por desbrozarlas a
 
todasPues, insisto en ello una vez más, "no hay metalenguaje" tal que alguna de las lógicas, por armarse de la proposición, lo pueda usar de báculo (que cada una se quede con suimbecilidad),3 y si alguien cree poder encontrarlo en mi referencia, más arriba, aldiscurso, lo refuto porque la frase que parece ahí ser el objeto de la segunda, no por ellose aplica menos significativamente a ésta.Pues esta segunda, que se la diga queda olvidado tras de lo que se dice. Y ello, de modotanto más impresionante que es asertiva, sin remisión, hasta el punto de ser tautológicaen las pruebas que ofrece -al denunciar en la primera su semblante, postula su propiodecir como inexistente, ya que al cuestionar a ésta como dicho de verdad, a la existenciahace responder de su decir, y no porque haga existir este decir, ya que sólo lo denomina,sino porque le niega la verdad- sin decir.Si se extiende este proceso, nace la fórmula, mía, de que no hay universal que no tengaque contenerse con una existencia que lo niega. Así, el estereotipo de que todo hombrees mortal no se enuncia desde ninguna parte. La lógica que le pone fecha, no es sino lade una filosofía que simula esa nulibiquidad, ese hacer de coartada para lo quedenomino discurso del amo.Ahora bien, no de este solo discurso, sino del lugar donde toman turno otros (otrosdiscursos), el que designo como el del semblante, toma un decir su sentido.Este lugar no es para todos, pero les ex-siste, y de allí se homologa (se hombreloga) quetodos son mortales. Sólo pueden serlo todos, puesto que a la muerte se les delega de estelugar, y es bien necesario que sean todos pues ahí se vela por la maravilla del bien detodos. Y particularmente cuando lo que ahí vela pone semblante de significante amo ode saber. De allí el sonsonete de la lógica filosófica. No hay pues universal que no se reduzca a lo posible. Aun la muerte, ya que ésa es la punta con la que ella se articula. Por universal que se la postule, nunca deja de ser másque posible. Que la ley se aligere por afirmarse como formulada desde ninguna parte, esdecir, con ser sin razón, confirma aun más de dónde sale su decir.Antes de devolver al análisis el mérito de esta apercepción, saldemos cuentas connuestras frases señalando que el "en lo que se escucha" de la primera, empalmaasimismo con la existencia del "queda olvidado" que destaca la segunda y con el "lo quese dice" que ella misma denuncia como cubriendo ese resto.4Con lo cual acoto, de paso, el defecto del intento "transformacional" por hacer lógicarecurriendo a una estructura profunda supuestamente arborescente.Y vuelvo al sentido a fin de recordar el esfuerzo que necesita la filosofía-la última ensalvar su honor por estar al día y haber llegado a la página que el analista hace ausente- para percibir aquello que, del analista, es recurso cada día: que nada esconde tanto comolo que revela, que la verdad, Aletheia = Verborgenheit.De modo que no reniego de la fraternidad de este decir, puesto que lo repito sólo a partir de una práctica que, al situarse desde otro discurso, lo vuelve incuestionable.Para los que me escuchan . . . o peor,5 este ejercicio no hubiese hecho más queconfirmar la gica con la que se articulan en el análisis castración y Edipo.Freud nos encamina a que el ausentido (ab-sens) designa el sexo: en el bulto de estesentido ausexo (ab-sexe) se explaya una topología donde la palabra es lo tajante.Partiendo de la locución: "eso ni que decir", se ve que sin decir no andan muchas cosas,casi ninguna, y tampoco la cosa freudiana tal como la situé de ser lo dicho de la verdad. No andar sin... es hacer pareja o, como se dice, que "las cosas no andan solas".
 
Es así como lo dicho no anda sin decir. Pero si lo dicho se postula siempre como verdad,así sea sin pasar nunca de un mediodicho (tal me expreso yo), el decir sólo se acopla allí por ex-sistir, o sea, por no ser de la dimensión, de la dichomansión 6 de la verdad.Es fácil hacer sentir esto en el discurso de la matemática donde constantemente el dichose renueva por tomar su sujeto de un decir antes que de realidad alguna, así tenga que aese decir sumarle la continuación propiamente gica que implica como dicho. No se necesita el decir de Cantor para palpar esto. Comienza con Euclides.Si recurrí este año al primero, o sea, a la teoría de los conjuntos, fue para traer lamaravillosa florescencia que por aislar en lógica lo incompleto de lo inconsistente, loindemostrable de lo refutable, y hasta por anexarle lo indecidible al no lograr excluirsede la demostrabilidad, nos pone tanto contra el muro de lo imposible como para que brote el "no es eso", que es el vagido que clama por lo real.Dije discurso de la matemática. No lenguaje de la misma. Téngase en cuenta para elmomento de retornar al inconsciente, estructurado como un lenguaje, he dicho desdesiempre. Pues en el análisis es donde se ordena en discurso.Queda por recalcar que el matemático tiene con su lenguaje los mismos tropiezos quenosotros con el inconsciente, para traducirlo de ese pensamiento que no se sabe de quéhabla, y aun para asegurarlo como verdadero (Russell).Por ser el lenguaje más propicio para el discurso científico, la matemática es la cienciasin conciencia que convierte en promesa nuestro buen Rabelais, aquella ante la que elfilósofo* sólo puede quedar obtuso: esto alegraba a la gaya ciencia que presumía por ello la ruina del alma. Por supuesto, le sobrevive la neurosis.Señalado esto, el decir se demuestra, y por escapar de lo dicho. Entonces, este privilegiosólo lo asegura al formularse en "decir que no", cuando al ir al sentido, es el "contiene"lo que se capta, no la contradicción-la respuesta, no la reasunción como negación-, elrechazo, no la corrección.Responder así suspende lo que el dicho tiene de verdadero.Lo cual se aclara con la luz rasante que el discurso analítico aporta a los otros, al revelar los lugares modales con que se cumple su ronda.Voy a metaforizar ahora, con el incesto, la relación que la verdad mantiene con lo real.El decir viene de donde él la ordena.¿Pero no puede haber también decir directo?Decir lo que hay, es cosa que no les dice nada, queridos amiguitos de la sala de guardia,llamada así sin duda porque se guarda bien de contrariar el patronazgo al que aspira (seacual fuere).Decir lo que hay, durante mucho tiempo era algo que encumbraba a un hombre hasta esa profesión que ya sólo les obsesiona por su vacío: el médico, que en todas las épocas y por toda la superficie terráquea, sobre lo que hay. se Pronuncia. Pero es también por losiguiente: que lo que hay sólo tiene intes por tener que ser conjurado.La historia ha reducido esta función sacramental hasta tal punto, que comprendo vuestromalestar. Ni siquiera les cabe, la época no está para eso, fungir de filósofos, últimamuda en la que, haciendo de lacayos de emperadores y príncipes, los dicosencontraron su supervivencia (léase a Fernel).Sepan no obstante, aunque el análisis sea de una sigla diferente -y pese a ello les atrae,lo cual es comprensible-de qué doy testimonio primero.Lo digo, por estar demostrado sin excepción respecto de los que llamé mis "dandies":no hay la más pequeña vía de acceso a Freud que no esté recusada-y sin remisión eneste caso-por la elección de tal o cual analista.Es que no hay formación del analista concebible fuera del mantenimiento de este decir,

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