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Eca de Queiroz - La Nodriza

Eca de Queiroz - La Nodriza

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10/06/2013

 
La nodriza
Eça de Queiroz 
Había una vez un rey joven y valiente, señor de un reino abundante en ciudades y campos delabranza, que parta pelear a tierras lejanas, dejando tras de una reina que lo llorabaamargamente y un hijo que, desde su cuna, lo lloraba amargamente también. La noche lo viomarcharse llevado por sus sueños de conquista y de fama. Pero no lo vio regresar. Cuatro semanasdespués uno de sus hombres de confianza apareció trayendo la noticia de una batalla perdida y de lamuerte del rey, atravesado por siete lanzas a orillas de un gran río. La reina lo lloró durante nochesenteras. Pero su llanto, claro está, no le hizo olvidarse de las cosas prácticas de la vida, como por ejemplo, que el rey tenía un hermano, que este hermano era codicioso, y que lucharía con uñas ydientes para arrebatarle el reino. Y así fue, en efecto. Tan pronto como el hermano supo de la muertedel rey formó un ejército numeroso en las montañas, donde vivía, y se dirigió a la ciudad real parasitiarla y ponerla a sus pies. Cuando la reina supo que su cuñado venía a quitarle el trono paraocuparlo él, mandó asegurar las puertas de la ciudad con fuertes cadenas. Pero los mejoreshombres habían partido con el rey y habían muerto en la batalla al lado de su señor. Y ahora, dime,¿qué podría hacer la reina con un ejército de mujeres y niños, de ancianos y enfermos, de lisiados ytuertos? Tanta era su desesperación al oír a lo lejos los cascos de los caballos enemigos, que loúnico que se sentía con fuerzas de hacer era ir a la cuna del niño y bañarle con sus lágrimas lasmejillas.Una esclava fiel trataba de consolarla diciéndole que no debía temer nada, que ya veríacómo las cosas se arreglarían, etcétera. Por supuesto que la esclava no creía ni ella misma lo quedecía, pero aparte de propinar los consejos que ya escuchamos, hizo también algo más: con un soloenérgico movimiento tomó a su hijo, que era de la misma edad que el príncipe heredero, y lo puso enla cuna real, mientras quitaba a éste y lo colocaba en la cuna de su hijo. Me preguntarás por quéhizo esto la esclava, ¿no es verdad? Es claro: para que si el hermano del rey entraba a losaposentos reales e intentaba matar al príncipe heredero, a quien mataría sería a un esclavo. Todosucedió como la nodriza había sospechado. Bruscamente un hombre enorme, de cara encendida,con la capa negra sobre la cota de malla, surgió de la puerta de la estancia. Miró, corrió a la cuna demarfil donde los brocados resplandecían, arrebató al niño como si cogiese una bolsa de oro y,ahogando sus gritos con su capa, salió furiosamente. La reina, que desde el fondo del salón habíaseguido todos y cada uno de los movimientos de aquel gigante vestido de negro --que no era otroque su perverso cuñado--, no pudo sofocar un grito de terror y casi se desmaya al ver cómo, agrandes zancadas, se llevaban a su hijo acaso para matarlo. Cuando el raptor desapareció en lanegrura de la noche la esclava se acercó a su ama, y le pasó cariñosamente el dorso de su manopor sus mejillas encendidas, y le alisó los cabellos una y otra vez, y por último, le dijo:--"No tepreocupes, señora mía. El príncipe heredero está a salvo. Cuando sospeché lo que harían con élpuse en su lugar a mi hijo. De modo que ve a la cuna de mimbres, propia de los esclavos, y besa alhijo de tus entrañas".Pero la reina seguía llorando. Nada lograba consolarla. Y cuanto más hablabala esclava, más violentamente lloraba su señora. ¿Y sabes por qué? Porque como la reina ya habíasospechado que matarían a su hijo (ya te he dicho que las mujeres tienen grandes intuiciones),queriendo protegerlo, sin que la nodriza se diera cuenta, lo había cambiado de cuna. "Que maten aéste", dijo. De modo que el niño que se había llevado el raptor era realmente el príncipe heredero.FIN

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