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Intro Exegesis Daniel

Intro Exegesis Daniel

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05/08/2013

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En el Nombre de Dios,Clementísimo con la creación,Misericordiosísimo con los creyentes.Introducción a la exégesis del Profeta Daniel.
Que la paz sea con todos. Si Dios nos lo concede aportaremos un fragmento de la interpretación del séptimo capítulo dellibro del profeta Daniel (que Dios se complazca con él).Muchas de las profecías de la Sagrada Biblia han llegado a nuestros días gracias a que fueron reveladas yescritas en una forma especial de expresión que no se parece al lenguaje que utilizamos diariamente para comunicarnos.Dios (alabado sea) entregó a sus enviados sus cartas al futuro escritas con la maravillosa imaginación que sólo le es propia a Él, permítaseme expresar así una de las vías de la elocuencia divina. No hay hombre sobre la Tierra que haya podido a lo largo de nuestra historia acercarse a la altura de la expresividad de nuestro Creador, y se constata conaquellos que han intentado “tomar el cielo por asalto”, como Nostradamus y otros de igual calado. No podremosencontrar en las cuartetas del visionario galo moldes en los cuales podamos calar la realidad tal cual la conocemos ennuestros días y verificar que nuestra existencia presente se ajusta perfectamente a sus metáforas e imaginerías. Laimprecisión campea por sus letras y cada folio que les sobrevive no hospeda un espejo que refleje nítida la vista quenuestras miradas exteriores e interiores contemplan en estos años prodigiosos.Si las potestades malignas que acompañaron e impugnaron a los profetas se hubieran imaginado que esas proyecciones divinas nombraban e indiciaban a su hermandad satánica y a sus actos a la distancia de milenios yservirían de advertencia a su respecto obrando el milagro de su expresión, esas mismas potestades hubieran luchadotodavía más por anular o destruir los pergaminos que mano a mano se fueron entregando para ser copiados una y otravez por los incansables escribanos cuando los manuscritos que los formaban comenzaban a deteriorarse, o aún antes. Yante la imprenta, en vez de creerla un medio de masificar sus programaciones mentales ante los incautos, la hubieranobservado como lo que fue y seguirá siendo: la herramienta con la que Dios nos otorga la capacidad de emular elmilagro de Jesús, hijo de María. Me refiero a la multiplicación de los panes y de los peces. Extraña bastante que pasedesapercibido este acontecimiento por lo que es y que menos aún sea nombrado como un milagro a toda ley. Lafamiliaridad con la que tratamos los libros y la mala calidad espiritual de la mayoría de ellos ha hecho invisible sutrasfondo sorprendente. Y a la par de esta oscuridad nos permitimos pensarles como moralmente neutros. No, no y no.Los libros son pruebas, en todos los sentidos de la palabra: están para probarnos nuestras inconsciencias, por ejemplo:¿a quién le preocupa lo que lee?, ¿quién atiende lo que otro ha escrito con criterios?, ¿los padres leen los libros queentregan a sus hijos antes de obsequiárselos?, ¿a los autores les ha preocupado el pedestal poderoso en el cual Dios lescoloca por su oficio de forma tal que se andan con tiento cuando dan a multiplicar sus palabras?Es más, ¿cuántos leen todavía? Ahora los medios han inyectado la mente de sus televidentes con una idea tal,que muchos de ellos declaran con alta voz y en grupo que no leen y todos al unísono entonan carcajadas de festejo ygracejada. Ahora, es un orgullo y una gracia no leer y atestiguarlo. ¿Qué ocurrió entre el glorioso momento de laimpresión de la primera Biblia y estas vociferaciones? Ocurrió que la Bestia cornó al mundo con una de sus astas,aquella que espeta con altanería blasfemias contra el Altísimo. Y sus fieles prosélitos la corean mientras siguenregocijados la huella de sus fétidas excretas. Unos, no leen, y otros, leen aquello que les aleja de la trascendencia última.Los más, son alérgicos a la letra, los menos, son alérgicos al sentido. Y en ambos casos la cima de la creación, elhombre, camina a contrasentido de su sublime destino. Pero el hombre no tuvo que esperar el advenimiento de laimprenta para dar la espalda al mensaje. La prueba estriba en la primera palabra con la que Dios inicia la entrega de suúltimo e inadulterable libro, el Corán. Esa palabra es “¡LEE, EN EL NOMBRE DE DIOS, QUE TE HA CREADO!”.Comentábamos que algunas de las visiones que nos heredó Dios por intermedio de los mensajeros eran distintasal uso diario de la comunicación porque parecen narrar sueños vívidos o parecen plasmadas con tinta similar a la queusa la paleta de un versificador. He ahí el secreto de su pervivencia. Los enemigos de Dios no les encontraron a primeravista sentido y pudieron pasar la aduana de sus censuras. Y rematamos mencionando que esos profetas nos enviaron unaestafeta de suma importancia pues en ella encaja el mundo contemporáneo a la perfección, lo cual le brinda a esas profecías un poder inconmensurable, el poder de servirnos de espejo en un mundo que ha perdido la capacidad de versea sí mismo. Como un psicoterapeuta sabe, es imprescindible que un enfermo mental tenga dos percataciones, la primeraes el verse a sí con claridad, y la segunda, ver el mundo de igual manera. Cuando alguien ha perdido o nunca hagenerado esa capacidad, le llamamos psicópata, esquizofrénico, y menos diplomáticamente, loco. La profecía nos brindala oportunidad de volver a vernos, de volver a ver, de volver de nuestra perdición, de volver al camino recto. He allí unade sus capacidades. Sin embargo, el medio por el que Dios lo consigue es único, y ningún poeta podría alcanzar o pretender tales dotes con sus exaltaciones. También las terapias síquicas colindan con esta frontera, en el mejor de los
 
casos.Dios posee con soberanía medios de expresión de tal naturaleza, que todo en su creación majestuosa lo haconvertido en una palabra germinal que engendra un discurso, y ese discurso invariablemente le señala. Es más sencillo para Él susurrar en las brisas visionarias de un elegido una anunciación, que instaurar una memoria holográfica deinfinita capacidad en los cristales de agua viva que constituyen a los seres. Mas éste, el recuerdo del agua, puedecorromperlo el vituperio de la cornamenta bestial, y el otro, el legado profético, ha cruzado los años con garbo ante lavista atónita de las hordas del maligno, que sin capacidad de detenerle, sólo atinan a enfurecerse mientras se vadesplegando suavemente cada sílaba profética coreada por la realidad mundana, que le obedece mansamente, pues setrata nada menos que del Decreto Divino manifestándose con precisión cronométrica. Esto debería bastarles paraconvertirse al credo inequívoco,
 por cierto
.A la par del Apocalipsis, o Revelaciones de Juán, ha llegado a nuestros días el libro del varón de las predilecciones de Dios, el profeta Daniel, y de la misma forma que Jesús y Juán, su más amado discípulo, se señalaronmutuamente el gran amor que sentían uno por el otro (lo cual legitima de cierta forma al testimonio visionario del pupilode Cristo en su libro, el último de la Biblia), Jesús también indició con una sola frase al libro íntegro de su antecesor ynuncio Daniel en los Evangelios de Mateo capítulo 24, versículo 15, y Marcos capítulo 13, versículo 14, donde expresa“como decía el Profeta Daniel...”, para enseguida darnos a su vez las profecías que nos conciernen como legatarios ytestigos del fin de los tiempos, no sin antes, lo repito, enmarcarlas dentro de la increíble declaración citada, que si se piensa bien, inscribe como el taladro a la roca la profecía crística como equivalente y complemento de la profecía delvaliente y heróico Daniel, volviéndolas interdependientes en una forma que pocos han constatado. No sólo se ha hurtadoesta frase de muchas ediciones de la Biblia, ¡también han quitado del libro de Daniel el salmo de alabanza que entonanlos tres jóvenes en el horno con Gabriel, el ángel de la Revelación, y de igual manera han robado el capítulo 13 y el 14de su libro! Y para colmo, hay Biblias que del Antiguo Testamento sólo muestran los Salmos del Rey David y una queotra porción más del mismo. Esto sería inexplicable, de no pensar que la religión ha sido infiltrada, como los mismoscapítulos 13 y 14 de Daniel lo señalan para quien quiera verlo.O como lo señala la historia de la Biblia moderna, que sólo conserva Mateo, Marcos, Lucas y Juán de los 300Evangelios que capturó por la fuerza el incrédulo e idólatra Constantino, asesino de los custodios evangeliares. Es decir sólo cuatro de trescientos, menos del 2% original, sin contar al Evangelio de Bernabé, que sobrevivió al Evangelicidiogracias a que un monje se lo llevó, literalmente, a la tumba, misma que sería abierta no hace mucho, para descubrir acompañando a su cadáver las letras de Bernabé, hombre cercano a Jesús, y testigo inigualable de su misión.Sintetizando la impiedad de Constantino, sólo diremos al respecto, inshAlláh, que Dios es claramente imperativocuando prohibió en la Ley Mosaica hacer esculturas y estatuas de hombres, y cualquiera puede comprobar lamegalomanía endiosada del monarca asesino “googleando” en internet “Constantino” y buscándolo en la sección“imágenes”. Allí encontrará las tallas marmóreas del martirizador de los custodios de Jesús bien fotografiadas, ytambién los bronces fundidos y las monedas acuñadas con su efigie, para argumentar ante los siglos que mientrasconvirtió en cenizas los cuerpos de los fieles de Jesús, a la figura del suyo la quizo convertir en eterna, contraviniendolos mandatos que decía obedecer. Debemos recordar que éste hombre infatuado decidió qué Evangelio quedaba y cuálsería destruído, y este tirano también fue juez y verdugo de los fieles seguidores de Jesús, pues a aquel que se opuso aentregar su Evangelio o tradición de los dichos y hechos del profeta, después de torturarle lo mataba, para ejemplo deaquellos que todavía resguardaban con celo al rastro de su maestro ejemplar.Y en verdad debemos mantener vivo este recuerdo, pues sin él no seremos fieles a la verdad, asunto sobre el quese pronunció Jesús cuando declaró que “sólo la verdad os hará libres”. Esta declaración es en una primera instanciaautoreferencial, como tantos le adjudican cuando la interpretan pensando que habla de la verdad testamentaria, y estambién general, como el razonamiento nos lo muestra. En el primer caso, inducimos que es menester conocer la verdadsobre el Antiguo y Nuevo Testamentos, y en el segundo aprendemos que aquel que no quiera apegarse a lo cierto, estarálejos de Dios, pues como señalan tanto la Biblia como el Corán: “Dios es La Verdad”. De hecho al episodio en el quealgunos se casan con la mentira en sus múltiples variedades le llaman “ruptura sicótica con la realidad”. Es el extravío.La locura, si se quiere.Habiendo arribado a esta conclusión podemos pensar cuán importante resulta discernir de la Biblia sus verdades,tanto simbólicas o proféticas, como históricas y científicas. Allí donde el raciocinio encuentra el escollo, allí donde elsentido común o la lógica dicen “esto no puede ser cierto”, allí donde refulge la gema moral, allí donde la profecíaempata con lo observado, allí, podemos fincar el territorio seguro. Y en la división entre lo falso y verdadero,encontraremos naturalmente aquello sobre lo que no podemos pronunciarnos, ya sea porque no lo entendemos, o porqueno disponemos aún de herramientas para comprobarlo; entonces, podremos entregarlo a la cuarentena, no al olvido, por supuesto, pues como reza la Biblia, no habrá secreto que no sea revelado, ni mentira que no se encuentre con la verdad.Por esto, y a pesar de disponer del inmaculado y milagroso Corán, no renunciamos a la Biblia: objetar una
 
 brizna de la luz bíblica es una especie de traición. Sería como terminar una relación con alguien imperfecto, pero de probada buena voluntad, sólo por no ser un santo, lo cual nos llevaría a rechazar sus virtudes manifiestas. Así, nosencontramos pugnando para hacerle justicia a esta profecía, y después de dar el marco introductorio, podremoscomenzar con la exégesis, siempre parcial, de las antorchas encendidas del profeta de nuestro cariño: Daniel.Continuemos entonces con él.Resta poco por decir sobre las traiciones que se han cometido y se siguen cometiendo contra la vía que Dios hainstaurado entre nosotros y Él, es decir, contra la profecía y los profetas (que la Misericordia de Dios les colme). Viene ala mente la sentencia terribilísima con la que termina el Apocalipsis: “Yo advierto a todo el que escuche las palabras proféticas de este libro: «Si alguno añade algo sobre esto, Dios echará sobre él las plagas que se describen en este libro.Y si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la Vida y en la CiudadSanta, que se describen en este libro.»”, sentencia dignísima de tomarse en cuenta, frase apoteósica que algunos hanempalidecido, enturbiado, menospreciado. Son tantos los creyentes que la piensan ajena a ellos, que su búsqueda por revindicar este mandato se reduce a ignorar la historia de la misma Biblia y a creer la que tienen en sus manos la únicacorrecta. Igualmente les ocurre cuando Jesús les advierte que llegarían muchos en su nombre y que también seríanacompañados por pastores de alma lobuna disfrazados con las pieles degolladas de los mártires del principio de lacristiandad, sí, esos corderos mansos que el maldito Constantino masacró. Obviamente resulta más cómodo para ellostragarse entero lo que su pastor les predica, que investigar en fuentes documentales la verdadera historia de Jesús y de la profecía de Dios.Pero que se advierta en cuán grave peligro se encuentran: los lobos que les guían desean sus carnes, comotestimonian los niños y niñas violados por guías religiosos, como lo gritan desde las fosas comunes las víctimas de lasdictaduras latinoamericanas, tan bendecidas por la Iglesia, como lo recordamos cuando vemos al papa de mediados delsiglo pasado concordar con Hitler. O como se observa desde los púlpitos multimedia actualmente, donde los pastoresmediáticos gimen balbuceantes por aplicar “la solución final” a los milenarios habitantes indígenas de Tierra Santa, esdecir exterminar a los palestinos, para que, según claman, se cumplan las falacias añadidas a las Escrituras, mismas quedeberían pasar por el proceso de revisión mencionado para hacerles honor y cumplir los mandatos sobre la búsqueda dela verdad y de la justicia que sin duda sí contienen, y evitar caer en este tipo de interpretaciones xenófobas y criminales.Con la verdad histórica y el raciocinio se extirparán el racismo y el genocidio, claros antagonistas de la ética cristiana, plena de amor por el prójimo y desbordante de encomios por la igualdad entre los seres, asunto decidídamente ignorado por estos líderes fundamentalistas y sus pastores carismáticos.Que se advierta, repito, de los Cristos falsos dispuestos a olvidar la espada que enarbola Pedro cuando Jesús lamenciona, y la vigilia que cada padre de familia debe tener para los suyos, porque con ellos nos entregamos a quienesdesde hace milenios han infiltrado nuestros corazones, nuestros cuerpos y nuestras almas con sus bocas hechiceras y susdoctrinas perversas.Al término, cuando el asunto se resuelva en el Juicio Final, será tan claro todo que no podremos pretextar nadaen defensa de nuestros desvíos. Habremos visto las pruebas, pensado los argumentos, agotado las falsías. Llegaremos ala cita sin atenuantes ni abogacías.Y antes de acudir al Juez Supremo veremos como nunca cuando la muerte llegue, pues por Su orden, el ángelque toma nuestras almas quitará el velo de nuestra mirada, y en la flagelación del purgatorio o barzaj, se añadirá la cargadel libro que presentaremos en el Juzgado inevitable.Aún en vida, todavía aquí, el que tiene ojos comprueba cuántas plagas Dios añade a Sus adúlteros y cuánta bendición resta a estos perversos, que aún siendo creyentes, se atreven a anteponer sus intereses mundanales a la verdadrevelada. Y si no, ¿cuántos mueren y padecen por acudir a aquellos otros que también se han disfrazado con la piel desus corderos correspondientes, es decir, a los batiblancas eugenesistas, ataviados de las muertes y sufrires de susvíctimas, cuando en cambio Dios les designa claro los alimentos y medicinas curativos y preventivos que requierendesde el libro del Génesis, el primero del Testamento? Esto es pagar muy cara la afrenta a La Palabra: la moneda es lasalud, el bienestar, nuestra vida mundana, nuestra vida eterna. Entonces, ¿son o no ciertas las plagas anunciadas para losque añaden o despojan la tilde del Verbo teocrático?Entretanto, los grupos específicos con mayor pederastia y cáncer son, respectivamente, los supuestamentecélibes sacerdotes, y los supuestamente sanos médicos, subráyese. Una prueba y un castigo en vida para que el quequiera oiga estos infaustos ejemplos y despierte, él, y a los suyos.

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