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En ese rincón, al resguardo del aire
Escrito por lletraferidaSábado, 11 de Noviembre de 2006 00:00
A las mujeres del tiempo pretérito.
 En ese rincón, al resguardo del aire, estan las mujeres con las sábanas sobre sus rodillas.Unas zurcieando otras echaban nuevos piazos sobre los desgarrones de la tela envejecida portantos restregones en los muchos lavados. Son tiempos de pobreza y para la cama apenasseis juegos de sábanas de una plega que se está quedando en nada con el correr de los años.La plega era la ropa que recibía la novia antes de la boda. Mucha de esa ropa la había cosidodesde muy niña, empezando por trabajos sencillos hasta llegar a elaborados bordados en losdobladillos. Una máquina de coser en aquellos tiempos era una gran herencia para una mujer.Ellas tenían que apañarse con los pocos recursos y las muchas habilidades e imaginación queles tocaba desarrollar. María se acerca al grupo de mujeres y estas dejan ese cuchicheo que desde lejos se sentía.Se miran unas a otras y no dicen nada, con un gesto mínimo saludan a la recién llegada. Unsilencio que rasga el aire incomoda a María que nos sabe a qué se debe.De nuevo surge tema y se recobra el alboroto habitual en el grupo. María despliega de sucanasto los trapos que trae para apañar. Unos calzoncillos que necesitan un recosido por losdobladillos, unos calcetines agujereados, ropas de hombre.-Y, el abuelo, ¿qué tal?, preguntan las mujeres. Una sonrisa por lo bajo recorre el grupo.María vive con su marido y el padre de éste. La abuela muriera en los primeros meses de sumatrimonio y Juan, su marido le pidió que se hiciera cargo del abuelo. María no tuvo dudas, erade educación tradicional y consideraba que tenía ciertas obligaciones con su marido y sufamilia.El abuelo era bravo y de muy mal carácter, María lo llevaba con paciencia.Las malas lenguas, que siempre las hay quisieron hacer leña de lo que no hay. Que si elabuelo era aún un hombre y con sus necesidades. Que a saber si ella era mujer para él. Nadade todo esto se llegó a saber en la casa de Juan y María.En este momento una incipiente barriga indicaba que ella estaba de buena esperanza y todaslas miradas se centraban en aquella casa.Ya María está de avanzado embarazo. Vuelve Juan del trabajo mohíno y silencioso. María,como en otras ocasiones, no dice nada. Los tres están sentados a la mesa a punto de empezara comer. María sirve del puchero primero al abuelo y después a Juan. Ella llena, también, suplato y empieza a tomar la sopa que humea. Juan no come de su plato, el abuelo y María sedan cuenta al cabo de un rato pero no dicen nada. Juan se levanta con gesto brusco y salecomo en estampida dando un portazo. el abuelo sigue comiendo y repite cogiendo el plato de
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