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Gueranger V

Gueranger V

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07/04/2013

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DOM PROSPERO GUERANGER
ABAD DE SOLESMES
EL AÑO LITURGICO
PRIMERA EDICION ESPAÑOLATRADUCIDA Y ADAPTADA PARA LOS PAISES* HISPANO-AMERICANOS POR LOS MONJES DESANTO DOMINGO DE SILOS
 
EL
TIEMPO
DESPUES DE PENTECOSTES
DECIMOTERCERO DOMINGODESPUES DE PENTECOSTESLa serie de domingos que en otro tiempoarrancaba de la solemnidad de San Pedro o
de los Apóstoles,
nunca propasaba a este do-mingo. La fiesta de San Lorenzo daba su nom-bre a los que siguen, como ocurría desde elDomingo nono después de Pentecostés, en losaños en que la Pascua se distanciaba más delequinoccio de primavera. Cuando la fecha dePascua caía muy próxima a su punto extremo seempezaban a contar desde este Domingo las
se-manas del séptivio mes
(septiembre).Las Témporas de otoño pueden caer ya enesta semana, pero también puede ocurrir queno lleguen hasta el décimoctavo Domingo. Ennuestra explicación seguiremos el orden adopta-do en el misal, que las pone a continuación deldécimoséptimo Domingo después de Pentecostés.
 
6 EL TIEMPO DESPUES DE PENTECOSTES .
En Occidente el décimotercero Domingo tomahoy su nombre del Evangelio de
los diez leprosos
que se lee en la misa; por el contrario, los grie-gos, para quienes es el Domingo trece de San Ma-teo, leen en él
la parábola de la viña,
cuyosobreros llamados a diversas horas del día, reci-ben todos idéntica recompensa \
MISA
EL RECUERDO DE LOS TIEMPOS
PASADOS.—La
Igle-sia, en posesión de las promesas que el mundoesperó tanto tiempo, gusta mucho de recordaruna y otra vez los sentimientos que llenaron elalma de los justos durante los siglos angustiososen que el género humano vegetaba en las som-bras de la muerte. Tiembla a vista del peligro enque sus hijos se encuentran de olvidar en laprosperidad la situación desastrosa que la Sabi-duría eterna les ha evitado, llamándolos a viviren los tiempos que han sucedido al cumplimientode los misterios de la Redención. De un olvidoasí tendría que nacer naturalmente
1a.
ingratitudque el Evangelio del día justamente condena.Por eso la Epístola y, antes que ella el Introito,nos transportan al tiempo en que el hombre vi-vía sólo de esperanza bien que se le hubiese he-cho promesa de una alianza sublime. Esta debía
i S.
Mateo,
XX, 1-16.