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Monodiscursos - Félix Rodrigo Mora

Monodiscursos - Félix Rodrigo Mora

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Published by LibertadAmistad
Escrito en marzo de 2012.
"Recuperar la cosmovisión integral es reconciliar al sinnúmero de tendencias, escuelas, corporaciones y colectivos existentes, que en el mejor de los casos se ignoran y en el peor se aborrecen. Éstos tienen que reconciliarse, encontrarse, buscar lo común a todos, establecer una cosmovisión universalista y un programa compartido dejando en un segundo plano (que no significa olvidar) lo que es particular. No se trata de desdeñar lo parcial sino de integrar la parte en el todo. Un cierto nivel de especialización es necesario, e incluso inevitable, pero sin olvidar el fondo de no-especialización, visión integral, obrar universal y sustrato común a todos los seres humanos. La vida humana es, por naturaleza, no especializada. Todos nacemos y todos morimos pero nadie es experto en nacer y en morir. Nadie puede ser especialista en pensar, ni en buscar la verdad, ni en aspirar a llevar una existencia ética, ni en amar, porque el pensamiento, la verdad, la rectitud y el amor han de estar en todos los corazones y deben ser práctica diaria de todas y todos los seres humanos. Por tanto, persuadamos afectuosamente a las y los implicados en monodiscursos a que se pasen a la cosmovisión universalista, integradora, comunitaria y holística, para alcanzar a realizar un ser humano integral y una revolución integral."
Escrito en marzo de 2012.
"Recuperar la cosmovisión integral es reconciliar al sinnúmero de tendencias, escuelas, corporaciones y colectivos existentes, que en el mejor de los casos se ignoran y en el peor se aborrecen. Éstos tienen que reconciliarse, encontrarse, buscar lo común a todos, establecer una cosmovisión universalista y un programa compartido dejando en un segundo plano (que no significa olvidar) lo que es particular. No se trata de desdeñar lo parcial sino de integrar la parte en el todo. Un cierto nivel de especialización es necesario, e incluso inevitable, pero sin olvidar el fondo de no-especialización, visión integral, obrar universal y sustrato común a todos los seres humanos. La vida humana es, por naturaleza, no especializada. Todos nacemos y todos morimos pero nadie es experto en nacer y en morir. Nadie puede ser especialista en pensar, ni en buscar la verdad, ni en aspirar a llevar una existencia ética, ni en amar, porque el pensamiento, la verdad, la rectitud y el amor han de estar en todos los corazones y deben ser práctica diaria de todas y todos los seres humanos. Por tanto, persuadamos afectuosamente a las y los implicados en monodiscursos a que se pasen a la cosmovisión universalista, integradora, comunitaria y holística, para alcanzar a realizar un ser humano integral y una revolución integral."

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MONODISCURSOS
Félix Rodrigo Mora
Marzo de 2012
La sociedad actual es una descomunal cacofonía de monodiscursos, mientras que por el lado de laconcepción integral del individuo y de la vida social reina el silencio. El sujeto medio, por lo general,ambiciona ser un especialista antes que un ser humano, una criatura mutilada antes que una persona, unfragmento antes que una totalidad finita. Casi todos anhelan ser fracción y casi ninguno completud.El peor de los monodiscursos es el economicista. En él lo humano se reduce a lo económico y la persona essustituida por el
“homo oeconomicus” 
, un engendro y un monstruo. La socialdemocracia y el capitalfinanciero, que son lo mismo, coinciden en esta contundente negación de lo humano. Los aquejados de lamonomanía economicista no hablan de otra cosa que de dinero, sueldos, pensiones, crisis económica,luchas salariales (a las que otorgan una épica que no tienen y nunca podrán tener), explotación,neoliberalismo, supuesto desmantelamiento del Estado de bienestar, movilizaciones y así sucesivamente.Viven para el dinero y de ese modo se hacen seres lisiados, los más atrozmente impedidos de toda lainmensa legión de los tullidos de la modernidad.Son más burgueses que la misma burguesía, aunque dicen obrar en nombre del proletariado. Por suactuación éste ha sido destruido como fuerza potencialmente antisistema, pues adorar el dinero esaburguesarse de la manera más consecuente posible.Luego está el monotema politicista, creado en la aciaga revolución francesa. Su fundamento es que todotiene solución a través de medidas políticas y jurídicas (estatales), del hacer y deshacer de los partidos, porlo que no es necesario nada más. Como se observa es una religión laica que vino a sustituir a las fes de laetapa precedente. El politicista medio, él y ella, es una criatura embrutecida y anulada por su obsesión, tanadictiva como estéril, que de nada sabe y de nada entiende, que consume luctuosamente su tiempo de vidaen el activismo, que posee una mente cerrada a la totalidad de lo humano y que suele terminardesentendiéndose de todo al cabo de unos años para derrumbarse en su propia insustancialidad. En efecto,el politicismo no logra y no puede lograr, por su propia parcialidad, compromisos estables, más allá dequienes viven de la política.El economicismo y politicismo crean sujetos de una calidad mínima, o nula. Destruir a la persona enparticular y devastar la esencia concreta humana en general es la consecuencia lógica de estas gravesdolencias del espíritu. Tales sujetos son del todo incapaces para hacer revoluciones, de ahí que suexistencia sea fomentada de mil modos por el poder constituido, por ejemplo, hiper-financiando a laizquierda desde el Estado y la banca.Aquel par de ismos niega los valores del espíritu y el componente existencial de la condición humana. Enefecto, ni siquiera la sociedad más perfecta en lo económico y político podrá, por sí misma, satisfacer lasnecesidades espirituales del ser humano, colmar su primigenia ansia de verdad, convivencia, bien moral,sublimidad, grandeza de miras y virtud. No pueden, tampoco, dar respuesta a las cuestiones cardinales dela finitud, la fugacidad de la vida, el paso del tiempo y la muerte (que fueron asuntos de fondo en, porejemplo, Horacio, el mejor poeta de todos los tiempos), sin la cual no cabe existencia humana digna de talnombre.La división social del trabajo tiene como meta primera y principal destruir al sujeto en tanto que persona, y no aumentar la productividad del trabajo. Su finalidad consciente es la reducción de la persona a parte oporción de sí misma, cada día menor. Así el sistema de dominación impide se constituyan individuos aptosen general, que lo sean también para la acción exitosa contra él.
 
Los monodiscursos son, por desgracia, muchos más. Tenemos el del ecologismo, con su incapacidad paradiferenciar al ser humano de los entes no-humanos, para comprender qué es la cultura, la historia, laespiritualidad, los valores, el arte, los problemas existenciales y todo lo que es la persona, grupal eindividual. El ecologismo es un zoologismo fomentado desde las facultades de biológicas y ambientales,una nueva manera de repudio de lo humano y autoodio, de mutilación del sujeto y trituración de la esenciaconcreta humana. Los problemas medioambientales son terribles, en efecto, pero no pueden ser tratadospor un patético movimiento de especialistas en “salvar el planeta” dirigidos por la Universidadestatal-burguesa sino desde la acción integral de seres humanos integrales.Eso es aún más aciago cuando la o el ecologista pretende ser profesionales de la cosa, olvidando laadvertencia de León Felipe sobre que
“nuestro oficio no es nuestro destino” 
. La primera obligación de todolicenciado o licenciada en “ciencias ambientales” es romper con lo que le han enseñado, ser insurgentecontra sí mismo como experta o experto, redescubrirse y reconstruirse como ser humano integral.Tenemos tambn a los especialistas en el monodiscurso sobre la crítica de la tecnología y elantidesarrollismo, que ignoran que la reconstrucción de lo humano, con repudio de las especializacionesreductoras y por tanto aniquiladoras del sujeto, es la precondición de una sociedad no tecnológica y nodesarrollista. Únicamente individuos integrales, que por eso mismo hayan multiplicado por mucho todassus capacidades, como sujetos colectivos y como sujeto individuales, pueden emanciparse de la tiranía dela tecnología y de la enajenación del desarrollismo, el industrialismo y el consumismo.El monodiscurso feminista, uno de los más agresivos, pretende degradar a las mujeres a una corporación denegocios dedicada a exigir sobre-protección y privilegios (discriminación positiva) mientras la totalidad delo humano es repudiado bajo el pretexto de que las féminas sólo han de ocuparse de sus asuntos, esto es, deganar dinero, capturar buenos empleos y medrar. Los seres mega-egotistas, embrutecidos y autistas queresultan de ahí, incapaces de vislumbrar lo humano, son expertos en su propia subhumanidaddespeñándose en el feminicidio. Por eso el feminismo es la más letal forma de machismo de la historia.En el pasado fue abundante otro tipo de monodiscurso, hoy extinguido, el eticista. En él la dimensión social y política del ser humano desaparece, quedando sólo las normas éticas. Si en un sentido esta monomaníatenía alguna razón al final la perdía casi por completo, pues la parte nunca puede definir el todo. La éticapor sí sola no basta como no basta aisladamente la política, el ser humano se eleva y emancipa por el todo y desde él.Una derivación de eticismo es culpabilizar al sujeto común por toda clase de males, ciertos o imaginados,hoy tan en boga, a fin de construir una infra-persona encogida y a la defensiva, sin autoestima y derodillas. El sujeto es acusado por los paniaguados del poder de racista, machista, patriarcal, islamófobo,colonialista y así sucesivamente. Así aquél es inculpado y el poder exculpado, de manera que el sujeto esdestruido y el Estado fortalecido. Tal es el feroz monodiscurso de la culpabilización de las religionespolíticas, dirigido a desmantelar ya del todo al sujeto en Occidente.Quienes viven para culpabilizar deben ser culpabilizados por ello. Y eso ha de hacerse en la plaza pública,pues no puede admitirse que sigan torturando y demoliendo a millones de personas con acusaciones sinfundamento, sólo para servir más y mejor al dúo capital-Estado.Pero no menos deplorable es el otro extremo, la no-culpabilización absoluta propia del monodiscursovictimista. Según él, el individuo, el yo en particular (el resto no interesa al infortunado ser autista de lamodernidad, encerrado de por vida en la cárcel del yo), de nada en absoluto es responsable y culpable.Todo se achaca a entidades externas, el capital, los empresarios, las instituciones, el Estado, los hombres.Así el ego victimizado puede pasar beatíficamente sus días creyéndose la encarnación de El Bien. Al no sercapaz ni de detectar ni de corregir errores en sí mismo, tarea a hacer durante toda la existencia, la personase degrada y descompone. Nadie está usando con tanta eficacia el victimismo como el feminismo paraaniquilar a las mujeres, en tanto que mujeres y en tanto que seres humanos, para hacer de ellaspostmujeres.
 
Floreciente es el monodiscurso del ego. Todos, o casi, están hoy a favor de maximizar las propias utilidades,hacer en toda ocasión lo que les dé la real gana, no respetar a nadie, no tener consideración con el otro, noponerse límites, vivir en el rencor y en el odio, mofarse de las obligaciones naturales que todo ser humanotiene hacia todo ser humano, y considerar al otro como mera causa de utilidades y no como una persona,esto es, como alguien con quien tenemos que unirnos para vivir, mejorarnos y construir una sociedadliberada de los poderes ilegítimos en ejercicio.La monomanía egotista, propia de los modernos y vanguardistas en particular, crea un ego real devastado,capitidisminuido y anémico, porque anula la dimensión colectiva de la persona, que es sustantiva parallevar una vida buena, una vida humana, vale decir, reflexiva, comunal y generosa, épica, sublime yheroica.El ego hinchado es, además, un modo asombrosamente efectivo de destruir el yo.No menos trituradora es la monomanía gregarista, por la que se ha de estar siempre con otros y nuncaconsigo mismo. Esto se manifiesta en el 15-M y otros movimientos sociales. Hacen de la asamblea y el estarreunidos el todo, pero aproximarse físicamente no equivale a formar una comunidad humana. Para ello senecesitan muchas cualidades que las mentes simplificadas de esta era de extirpación de lo humano noposeen, que sólo pueden lograrse en el trabajo individual, en soledad, poniendo al yo frente a sí misma yentrando con él en una lucha de autocrecimiento, por lo general ardua e incluso dolorosa.No hay colectividad sin individuos de una mínima calidad y no existen sujetos aptos si no se retiranregularmente a reflexionar, a autoconstruirse, a hacer autocrítica, a pensar sobre lo real. Lo individual y locolectivo son una unidad de opuestos que no pueden darse lo uno sin lo otro, y viceversa. Los afectados delmal del asamblearismo, que suele ir unido al mal aún más devastador del activismo, nunca lograránaportar nada al bien común si no paran, se atreven a iniciar un proceso de autoconstruir, dedican untiempo diario a la meditación en soledad y se comprometen a hacer de sí mismos seres de calidad, no alservicio de sí sino de grandes e imperecederos valores y metas.No hay “nosotros” sin un yo autoconstruido. El yo exige el fecundo universo de la soledad tanto como elimprescindible compromiso con la acción.El otro gran monodiscurso es el espiritualista. Partiendo de una concepción reduccionista del ser humanoel espiritualismo especializado desdeña lo político y lo social, aquello que la vida humana tienenecesariamente de público y cívico. Yendo más allá, convierten un sinfín de orientalismos, indigenismos yexotismos de mercadillo, mercantilizados e integrados en la sociedad de consumo occidental desde hacemucho, en “espiritualidad”. Con ello reducen el primordial acto de activar las fuerzas espirituales delsujeto en un muestrario de posturas y gimnasias, según les ordenan unos pretendidos “Maestros”, en lasque el acto reflexivo, el acontecimiento espiritual por excelencia, está ausente. Con ello contribuyen alembrutecimiento de la persona.Para este espiritualismo el ser humano es ego y sólo ego, y así,¿cómo puede realizarse su discurso sobre “el Amor”? Amar es servir y entregarse sin esperar nada acambio, es repudiar la locura del egocentrismo y es darlo todo por lo que se ama sin demandar nada acambio. Para ello el sujeto tiene que trascenderse a sí mismo. Por eso la política, en su más elevadaconcepción, es una exigencia de amor. Tal espiritualismo, un ismo más de la sociedad de consumo, suelecaer además en la admisión y difusión de un número muy amplio de supersticiones, credulidades ypatrañas.Acerca del monodiscurso de la felicidad no mucho de nuevo puede decirse. Cuánto más infelices son losseres humanos en la sociedad de pesadilla que nos ha tocado padecer más y más arrecia la mendazverborrea felicista. Inducidos por la impuesta necesidad de ser felices no se comprende que el destinohumano es “simplemente” ser. Lo sustantivo es ser y lo adjetivo es feliz o infeliz, asunto insignificativo. Sercomo progresión del ser, como maximización del existir, como mejora trascendental de sí. La religión de lafelicidad forzosa es usada por los mercaderes de palabras, en especial de la izquierda, para negar el ser quetiende al enardecimiento y la apoteosis al hacerse ser integral y no criatura especializada, vale decir,

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