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Número 6
Enero 2005. 1’5 euros ó 2 euros ayuda a presos
 
Editorial
El portavoz del ALF en Inglaterra Robin Webb, escribepara Sombras y cizallas.
“Liberación Animal”... ¿una idea de locos por la libertad o unalógica extensión de nuestra creencia en que todos los
humanos
merecemos la misma consideración? Albert Schweitzer pensabaque hasta que nuestro círculo de la compasión no incluyese a
todos
los seres vivos, no conoceremos la paz. Este es un buencomienzo.Hace cientos de años, a las mujeres y a las otras razas se lesconsideraba inferiores, una propiedad que podía ser explotada,se les podía utilizar hasta que fuese necesario. ¿Por qué? Porquehabía un poder capaz de hacerlo, y como sabemos, el poder abso-luto lo corrompe todo. Esa corrupción permitía la esclavitud,permitía que a la mujer y a las minorías étnicas (incluso en sutierra nativa) se le negase el derecho al voto o cualquier derecholegal. Permitía los horrores de los campos de concentración en la Alemania nazi, hoy transformados en la desesperación de loscampos de refugiados en Palestina y otras zonas del mundo. Ahora echemos un vistazo hacia la explotación no humana y observemos cómo han sido olvidados:¿Quién necesita pieles? Las expediciones polares usan abri-gos sintéticos, que les proporcionan mejores cualidades térmi-cas, inutilizando el argumento del calor. Quienes afirman que“les hace sentir bien”, deberían plantearse que si les gusta más eltacto de las pieles de animales despellejados al de los brazos deun humano amigo, entonces algo va realmente mal. Esas pertur- badas necesitan ayuda urgente de un buen psiquiatra.Los amantes de los deportes sangrientos hace ya mucho quese quedaron sin el argumento de controlar las plagas. Matan pordiversión, por el placer de ver sangre. En mi definición de depor-te, las dos partes o equipos conocen y aprueban las normas.¿Quién ofrece al zorro, ciervo,... las reglas del juego? El toro de“lidia” no conoce la norma que permite que se le haga la visión borrosa, o por qué se le pone ante la cobardía del torero. Cuandose caza con perros, estos van más lentos que su presa, pero tie-nen más resistencia. Esa es toda la emoción de la persecución.Para cazar con armas y pescar, el cazador va equipado con esco-peta, visión nocturna, caña de pescar, ropa especial... y todo estocuando supuestamente somos superiores. ¿Deporte o sadismo?Creo que ya sabes la respuesta.¿Circos? Admiro la habilidad del equilibrista, el trapecista, y las bromas de los payasos, con los que me divierto mucho. Nonecesito ver a animales hacer trucos antinaturales bajo el temora un castigo. Uno de los artistas de circo más conocidos era elpayaso Coco. Él pensaba que los circos eran sólo para humanos y que no se debía explotar animales con la excusa de la tradición.Su hija, Tamara Asan, hizo su idea realidad. Si alguien tan meti-do en la tradición del circo, decía que los animales no pertenecí-an a ese mundo, ¿quién soy yo para contradecirle?Hay dos argumentos que defienden los zoos. En ambos casosse justifica el encarcelamiento sin juicio. Uno exhibe a los anima-les porque es “educativo”. ¿Cómo se puede comparar a una cria-tura rota tras las rejas con las que podemos ver en los documen-tales de naturaleza, en su ambiente natural?El otro argumento dice que los zoos conservan especies en“peligro”, y que luego se pueden reintroducir. ¿Quién las hapuesto en peligro? ¿Quién destruye la naturaleza? Supongamosque una tribu amazónica está en peligro por la destrucción de laselva. ¿Deberíamos obligar a unos pocos de sus miembros a viviren una cárcel de Canadá (por ejemplo), y mantener así a susgeneraciones venideras hasta que en el futuro sus descendientespuedan reintroducirse en la selva recuperada? Si tu respuesta hasido “¡No!”, ¿por qué deberíamos hacerlo con otras especies?Los animales de compañía son unos de los más maltratados,aunque de forma menos evidente. Los perros con pedigree secrían como un negocio, la base de la explotación animal. Los jue-ces en concursos caninos se fijan en un aspecto del perro y seexagera esa cualidad generación tras generación. Por ello apare-cen problemas respiratorios, cardíacos, en la espalda, irritaciónocular y otras anomalías. Son sometidos a horribles abusos, sólohay que leer los periódicos. Y los que tienen más suerte, ¿en bue-nos hogares? Incluso estos no son libres del todo. No puedencomer a no se que les demos comida, no salen de un cuarto si noles abrimos la puerta y no se socializan con sus amigos si no lesquitamos la correa.La vivisección es un sinsentido científico, con innumerablesresultados negativos. La penicilina, tan beneficiosa para losseres humanos, quizá nunca se hubiese usado si se hubiese tes-tado en cobayas. Las mata. Aunque, por supuesto, la compañíapara testarla contratada hubiese persistido hasta conseguir losresultados que necesitaba la empresa contratante. ¿Quierespruebas de que el azúcar es mortal? Te las daremos. ¿Quierespruebas de que no lo es? También te las podemos dar. Así fun-cionan las empresas de “investigación” La trágica talidomida,antes del desastre había sido testada en ratas preñadas, ratonas,perras, cerdas, primates, huronas y armadillos. Solo se observa-ron malformaciones fetales en una raza de conejo. Sin embargo,la industria farmacéutica ha usado el desastre como argumentopara aumentar la experimentación animal!La cría de animales para comida es una anormalidad en laTierra. Hay hambruna mientras las tierras fértiles se dedican acultivos lucrativos como el café o el tabaco. Tres cuartas partesdel grano que importamos va destinado a alimentar animales degranja. Ese grano podría aliviar el hambre en el mundo si en esoscampos se hubiesen cultivado cereales. Hacen falta 10 Kg de pro-teína en grano para obtener 1 Kg de proteína cárnica. ¿Crees quesale rentable? No olvidemos los pobres animales que son criadoscomo monstruos incapaces de sobrevivir en la naturaleza.Usemos las tierras para cultivar cereales, distribuyámoslos bien y desaparecerá el hambre. Dejemos que las tierras sobrantesretomen su estado natural para que nuestros hermanos ye her-manas de otras especies puedan vivir sin la intervención huma-na.Esto han sido las razones
prácticas
. Sobre ellas está el argu-mento
moral
de que no tenenos derecho a utilizar a las otrasespecies solo porque tengamos el poder de hacerlo, igual que notenemos el derecho a usar otras razas como esclavas.Cada individuo, sin importar su género, raza, o especie,merece un respeto y se le debe dejar vivir su vida en paz. El océ-ano, la tierra y el cielo debe proporcionaros libertad a todos, enlugar de ser el dominio de los poderosos en una Tierra de huma-nos. Las vías de conseguir esto son muchas, pero todas ellas sonimportantes. Nuestras hermanas y hermanos no saben liberarsea si mismos. Si los animales pudiesen defenderse hubiésemos visto ya muchos explotadores muertos. Incluso Gandhi dijo quesi tenía que escoger entre violencia y cobardía, elegiría violencia.Trabaja tu manera, de la forma que consideres más eficaz y sincriticar a quienes escojan otro camino. Para nuestros hermanosno humanos,
absolutamente cualquier cosa
hecha con el propó-sito de la liberación animal, es bien recibida. Así que avancemosunidos
ahora
, luchemos la última batalla y consigamos elmundo basado en la paz y la justicia que se les ha negado a losindefensos e inocentes.¿A que esperas...?Robin Webb
Esta revista no pretende incitar a realizar actos ilegales, nuestro único objetivo es informar. No podemos res-ponsabilizarnos de las malinterpretaciones del lector
Sombras y Cizallas 
Número 6 
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Sombras y Cizallas 
Número 6 
Las dos hijas y la madre de la familiaPhipps son muy conocida en el movimien-to por su total dedicación a los animalesoprimidos, por participar en todo tipo decampañas y por no rechazar ninguna víade lucha. Ahora dos siguen adelante (apesar de la avanzada edad de la madre,Nancy, pero, desgraciadamente, Jill, unade las hijas, ya no está entre nosotros. Aquí tienes la historia de lo que pasó. Túdecides cómo recordarla.Extraído dewww.alfsg.or
 
g.uk En el invierno de 1994 se estabanenviando por avión terneras aterrorizadasdesde Coventry para acabar sus vidas en jaulas holandesas. Un grupo de personasempezó a protestar en la entrada delaeropuerto. Jill era una de ellas.Si un camión de ganado aparecía porla carretera dirigiéndose hacia las puertasdel aeropuerto, ella corría hcaia él y grita-ba al conductor que pensase el sufrimien-to que creaba. La escasa policía que habíasimplemente trataba de sujetar a quieneshacían esto.El 1 de febrero de 1995 había unos 76policías y unos 32 manifestantes. Jill yunas pocas más eludieron el fuerte con-trol policial, casi todos los que lo consi-guieron estaban en una furgoneta situadaen la parte de atrás. Vieron venir uncamión. Cualquier conductor hubieseparado hasta que fuese seguro continuar,pero Stephen Yates siguió adelante sinningún cuidado. “Jill fue atropellada y murió de caminoal hospital. Nuestra madre, Nancy estabacon ella. El conductor nunca fue procesa-do, ni siquiera por conducir sin cuidado.En su informe la policía declaró que lasacciones de los activistas habían sido pla-neadas por un experto y que ese día habí-an sido muy efectivas.” Zab Phipps (her-mano de Jill)Finalmente la campaña consiguiódetener las exportaciones.
Lo que sigue a continuación fueescrito por una amiga de Jill para el ALFSG-UK 
Conocí a Jill en 1983-84. Ella, sumadre Nancy y unos pocos más habíanmontado una mesa informativa enCoventry. Entré en contacto con sabotea-dotes de la caza y otrosgrupos por la liberaciónanimal, aunque no meinvolucré por razonesde salud.Cuando empezó lacampaña de Coventryme di cuenta de quetenía que estar ahí.Entré a formar parte dela protesta del aero-puerto intentando noperder ningún vuelo.Jolley enviaba avionesllenos de terneras ochoveces al día.La noche anterior a la muerte de Jill lapasamos en el aeropuerto. Yo acababa deregresar de una marcha de cuatro díasdesde Coventry hasta el parlamento parahacer presión a los inútiles políticos, aun-que no se consiguió nada.Habíamos conseguido hacer tantapresión a Jolley que uno de sus Boeing737 tuvo un accidente buscando una víalibre.Pasamos la vigilia nocturna del 31 deenero bajo una lluvia intensa, aunqueafortunadamente teníamos mi furgoneta.Hablaba con Jill de muchas cosas delmundo, de sus problemas, de los estúpi-dos granjeros, etc. Creo que tanto Jillcomo yo teníamos claro que no traería-mos más niños a esta pesadilla.El 1 de febrero me encontré con Jill enel aeropuerto sobre las 15:00. Estuvimoscharlando y le enseñé un perro lobo quehabía adoptado. Ella estaba muy conten-ta, había dejado de fumar y tenía susasuntos solucionados. Estábamos menta-lizadas en derrotar a Barnett Jolley.Cuando supimos que venía el camiónpasamos a los policías (había 90policías en el lugar).Pretendíamos encadenarnosotra persona y yo al camión paradetenerlo. La última conversaciónque tuve con Jill fue que detendrí-amos el camión el mayor tiempoposible, iríamos a casa, nos toma-ríamos un te y volveríamos al aero-puerto más tarde. La última vezque vi a Jill fue cuando intentabaencadenarme al retrovisor del con-ductor. Fui atrapada por la policía yme llevaron con el grupo principalde manifestantes. Eso fue mediahora antes de que se confirmaseque habían matado a Jill.Nunca he estado tan derrumbadacomo tras la muerte de Jill. Nunca meolvidaré de quienes esclavizan a los ani-males y, hasta cierto punto, de quienescomen carne, ya que también son cómpli-ces. Si el negocio de la muerte y crueldadhacia los animales no existiese, no hubié-semos tenido que manifestarnos.Nunca olvidaré a Jill y la querré siem-pre.Pam Brown
 
15 de enero de 1964 - 1 de febrero de 1995
Diez años sin Jill
Los distintos tipos de activistas
El 14 de noviembre, en Suecia, detuvieron a una persona quehabía roto el escaparate de una peletería. Dentro del movimien-to por la liberación animal sueco nadie le conocía, ni había oídohablar de él. Se trataba de un activista anónimo, que de caminoal bar en el que había quedado, se encontró una tienda de pieles.No necesitó que le explicasen lo que tenía que hacer, sabía queese era el negocio de un@s verdug@s que se lucraban despelle- jando animales y vendiendo sus restos. Su buen corazón le guióhacia el camino correcto.Un mes antes había aparecido una curiosa noticia en losperiódicos italianos. Dos niñas de doce años, mientras paseabanpor un bosque de Scandicci (Florencia), se habían encontrado elcoche aparcado de un cazador. Su amor hacia los animales lesimpidió quedarse quietas ante los asesinatos que se estaban pro-duciendo a pocos metros. Decidieron expresar su opiniónhaciendo pintadas sobre el coche del mercenario. Ante estos dos ejemplos, nos encontramos el caso contrario.Es frecuente ver gente dentro del mundo alternativo que se posi-ciona abiertamente a favor del FLA, con camisetas y parches.Sin embargo, cuando se cruzan con una granja, no se paran apensar cómo se encuentran los animales ahí enjaulados. No seplantean que si ell@s quisiesen, esos animales podrían serlibres. Ni siquiera se plantean que ell@s también pueden romperel escaparate de una peletería o hacer una pintada en el coche deun cazador. Aquí se ve perfectamente la diferencia entre quien siente laliberación animal desdelo más profundo de sucorazón, y quien sólo lo ve como una estética. ElFLA está formado porgente de la calle quesufre de verdad al saberque día a día nuestraespecie acaba con la vida de millones de ani-males. Está formadopor niñas de doce años y por activistas anóni-mos.
Jill en el aeropuerto
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