aprensión y lealtad, y con un poco de la alegría y del placer de recuperar a unhermano.Una tarde de fines del verano Lawrence llegó desde tierra firme en la lancha de lascuatro, y Chaddy y yo fuimos a recibirlo. Las arribadas y las partidas del ferry estivalexhiben todos los signos exteriores que sugieren un viaje –silbatos, campañillas,carretillas de mano, reuniones y el olor de la brea- pero es un viaje sin importancia, yesa tarde, cuando vi entrar la lancha en el puerto de las olas azules y pensé queestaba terminando un viaje sin importancia, comprendí que se me había ocurridoexactamente el tipo de observación que seguramente habría formulado el propioLawrence. Buscamos su rostro detrás de los parabrisas cuando los automóvilesabandonaron la embarcación, y lo reconocimos fácilmente. Y nos acercamoscorriendo, le estrechamos la mano, y torpemente besamos a su esposa y a los niños.-¡Tifty! –gritó Chaddy-. ¡Tifty! –Es difícil juzgar los cambios sobrevenidos en laapariencia de un hermano, pero mientras recorríamos en auto la distancia que nosseparaba del Promontorio, Chaddy y yo concordamos en que Lawrence aún parecíamuy joven. Él fue el primero en subir a la casa, y nosotros retiramos las maletas de suautomóvil. Cuando entré, estaba de pie en la sala, conversando con mamá y Diana.Ellas vestían sus mejores prendas y se adornaban con todas sus joyas, y le ofrecíanuna bienvenida extravagante; pero incluso entonces, cuando todos trataban demostrarse muy afectuosos y en una situación en que esos esfuerzos sonparticularmente fáciles, advertí cierta tensión en la sala. Pensé en el asunto mientrasascendía la escalera llevando las pesadas maletas de Lawrence, y comprendí quenuestras antipatías estás tan arraigadas como nuestras pasiones más dignas, yrecordé que cierta vez, hacía de eso veinticinco años, cuando yo había golpeado aLawrence en la cabeza con una piedra, él se había incorporado y había ido a quejarsedirectamente a nuestro padre.Subí las maletas hasta el segundo piso, donde Ruth, la esposa de Lawrence habíaempezado a acomodar a su familia. Es una muchacha delgada, y parecía que el viajela había fatigado mucho, pero cuando le pregunté si no deseaba que le subiese unacopa, me contestó que no quería desearlo.Cuando descendí no vi a Lawrence, pero los demás se disponían a beber suscócteles, de modo que decidimos seguir adelante sin esperarlo. Lawrence es el únicomiembro de la familia a quien nunca le agradó la bebida. Llevamos los cócteles a laterraza, desde donde podíamos ver los riscos, y el mar y las islas hacia el este, y elretorno de Lawrence y su esposa, la presencia de ambos en la casa pareció reavivarnuestras reacciones ante el espectáculo conocido; se hubiera dicho que nos llegaba elplacer que ellos debían sentir con el movimiento y el color de esa costa, después detan prolongada ausencia. Mientras estábamos allí Lawrence vino subiendo por elsendero desde la playa.-Tifty, ¿no te parece fabulosa la playa? –preguntó mamá-. ¿No es maravillosohaber vuelto? ¿Quieres un Martini?-No me interesa –dijo Lawrence-. Whisky, gin… no me importa lo que bebo.Sírveme un poco de ron.-No tenemos
ron
–dijo mamá. Era la primera nota áspera. Ella nos había enseñadoque nunca debíamos mostrarnos irresolutos, que nunca teníamos que contestar comohabía contestado Lawrence. Fuera de eso, le preocupa profundamente el buen ordende su casa, y todo lo que parece irregular, por ejemplo beber ron puro o llevar a lamesa una lata de cerveza, le provoca un conflicto al que no puede sobreponerse nisiquiera con su amplio sentido del humor. Percibió la aspereza y trató de enmendarse.-Tifty querido, ¿deseas un poco de whisky irlandés? -dijo-. ¿No es lo que siemprete agradó? Hay un poco de whisky irlandés en el armario. ¿Por qué no te sirves unpoco de whisky irlandés? –Lawrence dijo que no le interesaba. Se sirvió un Martín, yentonces llegó Ruth y fuimos a cenar.
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