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Moral para Estudiantes

Moral para Estudiantes

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Fragmento del libro "Moral para Intelectuales" de Carlos Vaz Ferreira
Fragmento del libro "Moral para Intelectuales" de Carlos Vaz Ferreira

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Categories:Types, School Work
Published by: William Montgomery Urday on Jan 18, 2013
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01/18/2013

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Boletín Bibliográfico de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Mayor de SanMarcos, Lima, diciembre de 1937, Año X, N° 4.
Moral para Estudiantes
1
 Carlos Vaz Ferreyra
El deber de cultura en los estudiantes se obscurece y se complica, sobretodo, por la acción fatal, forzosa, que ejercen sobre la manera de estudiar, y sobrelas mismas mentes juveniles, ciertos procedimientos de fiscalización de que elEstado, al organizar la enseñanza, no puede prescindir.Esos procedimientos, sean exámenes propiamente dichos, o realícense encualquier otra forma de las usuales tienden, unos en mayor, otros en menorgrado, a producir un efecto estrechante, y hasta, desde cierto punto de vista, y porparadojal que esto les parezca por el momento, también inmoral.Especialísimamente los exámenes comunes, producen un doble mal, deorden intelectual y de orden moral.En lo intelectual, producen una psicología peculiar; describirla, serádescribir a ustedes lo que todos conocen (pero lo que, tal vez por conocerlodemasiado, por tenerlo demasiado cerca, por tenerlo adentro, no hayan podidoquizá observar bien).Una observación muy vulgar, que yo he hecho desde estudiante, es lasiguiente: ¿Se han fijado ustedes en la terminología de que habitualmente se sirveel estudiante para hablar de las asignaturas que cursa? Mi observación es queesos términos parecen querer significar invariablemente, algo que va de adentroafuera; son, se me ocurre decir, todos términos centrífugos, nunca centrípetos. Unestudiante pregunta a otro: ¿Qué das este año? o ¿qué “sueltas”? o ¿qué “largas”este año?...; todos los términos son análogos. Las palabras que emplean, nunca serefieren a algo que entre; se refieren invariablemente a algo que sale.Esa terminología se relaciona con un hecho de alcance muy importante,psicológica y pedagógicamente: con la inmensa diferencia que existe entreestudiar para saber y estudiar para mostrar que se sabe.Se trata de dos cosas completamente diferentes en cualquier momento de laenseñanza; el que estudia en la segunda forma, está obsesionado con la idea deque, ese saber, que en ese momento absorbe, ha de echarlo afuera; de que tieneque mostrarlo, que exhibirlo, que probarlo. Como consecuencia, la preocupaciónde recordar, predomina, en mayor o menor grado, sobre la preocupación deentender. Se producen entonces una artificialización y una superficialización dela cultura.
1
Extracto de la obra “Moral para Intelectuales” (1908). Ligeramente modificado para fines didácticos porlos editores del boletín.
 
 2
La moral del que es examinado
Pero el mal no es solamente de ese orden: he dicho también que esosprocedimientos de fiscalización (y no entro ahora a discutir si son o no unanecesidad, si pueden o no ser suplidos, cuestión que aquí no trato) tienden hasta acrear una moral especial; son como la guerra: el estado de guerra tiene su moralpropia; el homicidio, el engaño, otros muchos actos que en la moral propiamentedicha, son reprobables, en la guerra pasan a ser disculpables y hasta laudables;del mismo modo y conservando los grados, los exámenes tienen también unamoral especial; y, dicho sea de paso, ni quiero yo condenar demasiado a los quela aplican: lo que debemos constatar es simplemente que se trata de algo a teneren cuenta.Se exige a la memoria un esfuerzo antinatural; los programas crecenindefinidamente, y se multiplican las materias a programar; y el espíritu sedefiende; sencillamente, se defiende: se crea hábitos y facilidades especiales,prácticas útiles de defensa, y no hay derecho a condenar eso con demasiadaseveridad. Creo que no habrá uno solo de nosotros que, juzgándose con uncriterio moral un poco delicado, no tenga algo que reprocharse, por lo menos enel sentido de haberse procurado sobre un punto cualquiera, o sobre muchos, unaerudición un poco ficticia destinada a simular el saber ante una mesaexaminadora, o de haberse preocupado más, por ejemplo, de las cuestiones quepregunta habitualmente tal o cual examinador, que de las cuestiones importantes;o simplemente haber estudiado sólo las cuestiones que están en el programa deexamen, aunque no tengan tanto valor, en perjuicio de otras cuestiones que, noestando incluidas en el programa, tienen un valor inmenso. ¿Quién no ha hechoalgo de eso, y hasta cosas moralmente menos disculpables?Pues bien: como consecuencia de esta Situación especial, nace para elestudiante todo un deber; y, al procurar aclararlo para ustedes, no voy a hacerlocon un criterio excesivamente teórico; no les voy a exigir lo imposible; no lesvoy a decir, por ejemplo: “Prescindan ustedes en absoluto del programa, de losgustos o de las preferencias de los examinadores; estudien lo que deban estudiar,sea cual sea la nota que se expongan a obtener, sean aprobados o reprobados”.Yo no llegaré hasta ahí: no estoy tan lejos de la realidad. Pero quiero aconsejarlescomo el primer deber del estudiante, desde el punto de vista de la moral de lacultura, una conciliación entre las necesidades del examen y el deber de culturaen un sentido mucho más amplio y elevado.He aquí, justamente, algunos deberes de los que no son difíciles porquefalten las fuerzas; éstos, lo son sólo porque el estudiante, generalmente, no los ve,o viene a comprenderlos cuando es tarde ya. Generalmente, el estudiante no se dacuenta de que se ha formado una psicología inferior y no completamente moral.Lo que hay que hacer, es crearse otro estado de espíritu, llenar los programas,cumplir con los exámenes, asegurarse la aprobación; pero (y éste es el deberfundamental) no creer jamás que cuando se ha hecho eso, se ha cumplido, nidesde el punto de vista intelectual, ni desde el punto de vista moral.
 
 3
Deberes agradables del estudiante
El deber que voy a recomendarles pertenece a la clase de los deberes nosólo fáciles, sino agradables. La vida del estudiante es infinitamente más gratapara el que, además de preocuparse de estudiar en superficie, se preocupa deestudiar también en profundidad.Entendámonos: no se puede estudiar todo en profundidad: dentro de lasexigencias de la enseñanza actual, profundizarlo todo es imposible; pero, ademásde abarcar una superficie vasta, se puede ahondar aquí y allá; y éste es el primerconsejo.Todo estudiante, ya en su bachillerato, en los estudios preparatorios, debeprofundizar algunos temas; poco importa cuáles: esto realmente es secundario;que se tome un punto de historia o de literatura o de filosofía o de ciencia; que seestudie a Artigas, o el silogismo, o las costumbres de los diversos pueblos, o lateoría atómica o la constitución física del Sol, es secundario: lo fundamental, sonlos hábitos que se adquieren profundizando un punto cualquiera.Recuerdo haber leído hace poco una anécdota sumamente sugestiva, acercade un profesor de biología norteamericano que fue a perfeccionar sus estudios enAlemania. Tratábase de un profesor de vuelo, hasta autor de más de una obra.Ingresó en el laboratorio de un reputado investigador, y pidió trabajo; contestóleéste que esperara algunos días, pues deseaba preparar una tarea para él.Transcurrido el plazo, nuestro profesor fue notificado de que debía emprenderdeterminadas investigaciones sobre cierto pequeñísimo músculo de la rana. Laimpresión del profesor americano fue la que ustedes pueden imaginarse: derebelión, al principio; pero se resolvió, dada la situación en que se encontraba, ainiciar aquel estudio que, por lo demás, creyó terminar muy brevemente.Después de algunos días de investigaciones, empezó a parecerle que susconocimientos fisiológicos e histológicos tenían algunos claros: procuróllenarlos; se encontró con que su técnica experimental era un poco deficiente:procuró perfeccionarla; los aparatos existentes no satisfacían todas lasnecesidades de sus investigaciones: procuró inventar otros o mejorar losconocidos; el hecho es que, después de varios meses, el estudio de aquel músculode la rana se había agrandado tanto, que necesitó nuestro profesor estudiar denuevo su fisiología, su histología, su física, su química y alguna ciencia más; ypasado un año, estaba aún entregado de lleno a la tal investigación — que ahora,por lo demás, le interesaba extraordinariamente.En realidad, todas las cuestiones —salvo algunas demasiado pueriles— seponen en ese estado cuando se las ahonda.Mi primer consejo, pues, mi primer consejo práctico, sería el de que cadaestudiante (sin necesidad naturalmente de ir todavía tan a fondo), por lo menos,ya en el curso de su bachillerato, eligiera algunas cuestiones —algunas pocas,simplemente y sin presunción— y procurara ahondarlas. Como les digo, el tema,el asunto, es punto bastante secundario: depende de las preferencias de cada uno:lo que importa es la educación del espíritu en todo sentido, intelectual y moral,que así se adquiere.

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