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Determinidad e indeterminidad en la vida y en la sociedad

Determinidad e indeterminidad en la vida y en la sociedad

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La correspondencia entre las posturas filosóficas de Cornelius Castoriadis y las investigaciones científicas del biólogo Francisco Varela es sorprendente. El giro que ha tomado la investigación bio-lógica yendo desde las posturas holísticas y reduccionistas originales del siglo XIX, hasta la noción de “autopoiesis” de Maturana y Varela, 1971, tal como explica el propio Varela en la bibliografía de la referencia, casi se podría decir que confirman, si no estuviéramos obligados a ser prudentes con este término, reflexiones que se hallan en la filosofía griega no platónica y que Platón condena con su círculo psicología/cosmología/ontología. Círculo que, por lo demás, desde entonces domina la corriente principal de la filosofía hasta el siglo XX, cuando Castoriadis la hace estallar a partir de su original reencuentro con la alteridad y la creación.
La correspondencia entre las posturas filosóficas de Cornelius Castoriadis y las investigaciones científicas del biólogo Francisco Varela es sorprendente. El giro que ha tomado la investigación bio-lógica yendo desde las posturas holísticas y reduccionistas originales del siglo XIX, hasta la noción de “autopoiesis” de Maturana y Varela, 1971, tal como explica el propio Varela en la bibliografía de la referencia, casi se podría decir que confirman, si no estuviéramos obligados a ser prudentes con este término, reflexiones que se hallan en la filosofía griega no platónica y que Platón condena con su círculo psicología/cosmología/ontología. Círculo que, por lo demás, desde entonces domina la corriente principal de la filosofía hasta el siglo XX, cuando Castoriadis la hace estallar a partir de su original reencuentro con la alteridad y la creación.

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Diálogo entre Cornelius Castoriadis y Francisco Varela:determinidad e indeterminidad en la vida y en la sociedad
Miguel AponteLa correspondencia entre las posturas filosóficas de Cornelius Castoriadis y las investigacionescientíficas del biólogo Francisco Varela es sorprendente. El giro que ha tomado la investigaciónbio-lógica yendo desde las posturas holísticas y reduccionistas originales del siglo XIX, hasta lanoción de “autopoiesis” de Maturana y Varela, 1971, tal como explica el propio Varela en labibliografía de la referencia, casi se podría decir que confirman, si no estuviéramos obligados a serprudentes con este término, reflexiones que se hallan en la filosofía griega no platónica y quePlatón condena con su círculo psicología/cosmología/ontología. Círculo que, por lo demás, desdeentonces domina la corriente principal de la filosofía hasta el siglo XX, cuando Castoriadis la haceestallar a partir de su original reencuentro con la alteridad y la creación.Desde el título mismo del ensayo de Varela,
 Autopoiesis y biología de la intencionalidad 
, se hacever cómo lo vivo requiere y es requerido por esa “intención” que, incluso, al final del ensayo sesiente tentado a llamar “deseo” y que, entendemos, termina engarzando con las significacionesimaginarias de Castoriadis. Todo comienza con la noción de
autopoiesis
como modo de captar lo“mínimo vivo” y que no se conforma con definir lo vivo como nada más que moléculas, sino que essobre todo, organización auto-productiva y creación de un entorno con el cual ese organismo serelaciona activamente a partir de su identidad fundamental: es un para-sí.Varela trabaja “la relación entre autopoiesis y percepción”, como dice desde el principio: de allí eltítulo, enfatiza. Es claro que detrás de la idea de percepción está inmediata la necesidad decomprensión o postulación de una teoría del conocimiento. Ahora bien, ¿cómo concebir unateoría del conocimiento sin una filosofía u ontología acerca del sujeto y el objeto y sobre larelación entre ambos? Es este un tema central en toda la historia de la filosofía y que Castoriadisva a cuestionar: la filosofía heredada va a postular el ser como determinidad. Se trata, en el fondo,de una determinidad requerida por el racionalismo que le sirve de significación imaginaria central;entonces, contra ambos –determinidad y racionalismo– van a ir las reflexiones de Castoriadis.La hipótesis de base del biólogo es que lo “mínimo vivo” se hace capaz de constituir una “unidaddistinta y limitada”. Pero lo que se destaca es el papel del “proceso” y no las “materialidades”, ni la“enumeración de propiedades” que la constituyen. Lo vivo es proceso y relación y no cosa queaparece y vive. Por lo demás, es, otra vez, proceso co-determinado. Lo vivo es visto como unaclase de existencia universal, existencia que para ser comprendida no debe referirse a suscomponentes materiales como lo esencial. Esta es la perspectiva autopoiética. Lo autopoiético essistema y no materialidad: es “un esqueleto bio-lógico” que permite comprender. Está, por otraparte, clara, la analogía con el principio de “campo” de Mach.Por esta condición lo vivo no es y no puede ser sin su entorno: ser, entorno y sus relaciones se co-determinan y co-originan; por lo tanto, primero, así entendido, lo vivo no es sólo molécula o
 
estructura, éstas serán condiciones comitentes aunque indispensables, pero –atención– no causassuficientes. Segundo, hay que reconocer identidad entre lo vivo y su entorno. ¿Cómo ocurre esto?Pues porque aquella identidad primaria es luego acción, choque, que origina un “mundo propio”:origina, crea, lo que será su entorno. Una parte del mundo que ahora deviene pertinente. Elmundo, como exterioridad, siempre excederá al ser vivo por todas partes, pero el entorno escreación de significado por y para lo vivo. No es y no puede ser sin lo vivo. A la vez, lo vivo será eseentorno auto-creado y engarzado.La autopoiesis caracteriza lo vivo porque sin lo vivo allí el entorno queda reducido solamente afenómenos físico-químicos. El ejemplo de Varela es claro: es el acoplamiento entre bacteria yentorno lo que hace que el gradiente de azúcar exista como “significatividad alimenticia”: esperspectiva de la bacteria como unidad. Este entorno, pues, que hace nacer lo vivo es “excedentede significación” precisamente; y es, para Varela, “la madre de la intencionalidad”.Ahora bien, ¿qué ve el observador? Ve una entidad actuando desde un centro y con coherencia. Eslo intuitivo. Sin embargo, pregunta Varela, ¿es así? ¿la percepción inicial del observador escorrecta? Su respuesta: no. No, porque en realidad todo es completamente contra intuitivo y loque se percibe no es lo que es. Hay, contrario a lo que parece, muchos “yoes”. Además, con unacomplicación doble o adicional, porque resulta que en el exterior no hay información: hay algo, sí,una cosa, cosas, hay realidad, pero ésta realidad no informa al ser vivo, sino que es in-formada porlo vivo mismo, desde dentro de lo vivo. Es in-formada por y para un yo. Es inventada. Es creada.Todo esto desmiente desde su raíz todas las teorías del conocimiento basadas en la distinciónobjeto-sujeto y exige una nueva filosofía de la creación.La realidad exterior a lo vivo no es algo esperando ser recolectado por el sistema: es invención o,mejor, creación autopoiética: creación de lo vivo. Lo vivo primero se acopla con el exterior a travésdel entorno que co-crea; luego aparece aquel excedente de “significatividad” desde la perspectivade la acción global del organismo.La operación cognitiva de los organismos celulares complejos va a ser para Varela continuación deese proceso básico inicial. El sistema nervioso se desarrolla, hasta convertirse en red interneuronal. Neuronas que interconectan otras capas de neuronas que se distribuyen constituyendoconductas mediadas, pero diferentes: diversas áreas neuronales. Son redes. Redes que cooperan ono: hay “ráfagas de cooperación”, dice. La vida cognitiva “no es un flujo constante”. No haycualidad centralizada de la actividad cognitiva y no hay agente cognitivo. No hay “un” yo cognitivodel sistema nervioso. Ese yo cognitivo es aparente y es resultado de subredes y redes. “Aparece”como distinguido y, a la vez, aparece como acoplado, pero no tiene sede única, por así decir:emerge de un proceso distribuido y complejo, y no tiene ningún parecido a un lenguaje deprogramación, funcionamiento maquinal y menos aún con el comportamiento lineal. Todo es, encambio, azaroso y contingente. Entonces, resumiendo, todo es azaroso, contingente y sinsupervisión central.Sorprendentemente, es verdad, la coherencia emerge, pero lo hace gracias a muchos yoes ocomponentes locales separados, en forma contingente y sin jefe central ni localizado. Aún así, el
 
todo “se comporta como una unidad" y se le aparece "al observador como si hubiera un agentevirtual coordinándolo todo desde el centro”. Ahora bien, ¿qué es el entorno que, como vimos,termina engarzándose con lo vivo para co-formarse? Varela afirma: “es aquello que se presta”. Y¿a qué se presta? Se presta a “un excedente de significatividad”.Entonces, si, como dijimos, en el exterior no hay información, la implicación de todo esto es que elmundo es ese “mundo sin sentido” que precisamente por eso permite la infinitud de sentidos quelo vivo es capaz de darle, incluidos los “monos parlantes”, incluidos nosotros que respecto a estefin no tendríamos ningún privilegio trascendental. Una tesis, como sabemos, muy cara aCastoriadis. El color, por ejemplo –y es un ejemplo que también usa Castoriadis–, es para Varela elresultado de un “diálogo” y no algo que está ahí y que vemos y mucho menos que todos los seresvivos van a ver y que si ven lo verán de la misma manera. No está en el exterior sino que esformado para cierta particularidad de seres vivos.Así, pues, lo que hay es extrema subjetividad, tan extrema que da origen a una extremaposibilidad de objetividad: si una especie o género ve siempre o con suficiente regularidad algoque “no es” aparece la posibilidad paradójica de la objetividad. En ver lo que no es se apuntala el“saber” lo que sí es. Es, pues, objetividad que se sustenta en la subjetividad total de lo vivo. Éstaperspectiva sorprendente es de Castoriadis y ahora resulta ratificada por la investigación deVarela.Surge pues “un mundo convincente”, pero éste es creado. Y remata Varela: no hay“representaciones” ni “modelos” del mundo pues hay exterioridad, pero, repetimos, ésta no dicenada. Dice Varela, “es mejor utilizar el mundo como su propio modelo”. Entonces, ¿qué es unarepresentación? Pues es “la unidad de abstracción errónea a la hora de construir el grueso de unsistema inteligente”. Todo, como ha dicho, completamente contra intuitivo.Todo esto sugiere una doble dialéctica del organismo. El organismo es central para la cienciacognoscitiva, porque después de todo es mundo y es, a la vez, quien conoce el mundo. Elorganismo es, pues, tanto el sujeto como el objeto de la evolución. Es una paradoja co-determinada sustentada en la indeterminación de todo.Surge el mundo de lo vivo para cada ser vivo, para cada para-sí aparece un “acoplamiento” que es“su” mundo: “leyes físico-químicas para el mundo celular, propiedades físicas macroscópicas parala conducta cognitiva, interacción molecular para el yo inmunológico, intercambio sociolingüísticopara nuestros yoes subjetivos.” Sin embargo, no debe deducirse de esto una línea evolutiva ymenos aún determinidad.En este contexto, podemos enumerar aspectos de coincidencia entre ambos autores: las ideas deautonomía, mundo propio, para-sí, clausura, autopoiesis, auto-creación, auto-organización,significatividad y significación: todo entra en el sistema de interpretación del para-sí, sea célula osociedad, desde la perspectiva de ese para-sí, “capaz de dar sentido a lo que no son más quemasas de objetos físicos”. Hay pues creación de un mundo imaginario “en el sentido fuerte de lapalabra”. Esto es, para Castoriadis, representación; siempre, de paso, acompañada de deseo e

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