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Krishnamurti - Comentarios sobre el vivir, tercera serie

Krishnamurti - Comentarios sobre el vivir, tercera serie

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Libro de Jiddu Krishnamurti. Enlace para bajar la colección completa: https://docs.google.com/open?id=0ByMnvYJ1IRdKRnNRd1h5T1NHYms
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01/01/2014

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COMENTARIOSSOBRE EL VIVIR 
Tercera serie del libro de notas de
J. KRISHNAMURTI
Recopilado por 
D.
RAJAGOPALSEXTA EDICIÓNEDITORIAL KIER, S.A.AV. SANTA FE 12601059 BUENOS AIRES
 
Título original inglés
Commentaries on Living, third series
Copyright © 1966 por Krishnamurti Foundation of AmericaReservados todos los derechos sobre este libro, ninguna parte del cual podrá utilizarse o reproducirse en forma alguna sinautorización escrita excepto en el caso de breves citas, incorporadas en artículos críticos y revistas. Para información, dirigirse a:Krishnamurti Foundation of America, P.O. Box 1560, Ojai, California 93023, USA.Ediciones en españolEditorial Kier, S.A. Buenos Airesaños: 1966, 1972, 1975, 1978, 1984, 1989Libro de edición argentinaIS8N: 950-17-1132-3 (tercera serie)ISBN: 950-17-1129-3 (las tres series}Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723© 1989 by Editorial Kier, S.A. Buenos AiresImpreso en la ArgentinaPrinted in Argentina
 
EL DETERIORO DE LA MENTE
A
LO
 
LARGO
de la parte alta de la dilatada y ancha curva del río estaba la población, muy santa y muy sucia. Elrío daba allí una amplia vuelta y chocaba con fuerza contra el borde de la ciudad, inundando muchas veces los peldaños que bajaban hasta el agua y algunas de las viejas casas. Mas, por mucho daño que hiciera en su furia,el río seguía siendo sagrado y hermoso. Estaba particularmente hermoso aquella tarde, con el sol poniente bajola oscura población y detrás del singular minarete, que parecía extender toda la ciudad hacia el cielo. Las nubeseran de un rojo dorado, inflamadas con el brillo de un sol que había viajado sobre un país de intensa belleza ytristeza. Y, al desaparecer el brillo, allí, sobre la oscura ciudad, estaba la luna nueva, dulce y delicada. Desde laorilla opuesta, alguna distancia río abajo, todo el encantador espectáculo parecía mágico, y sin embargo perfectamente natural, sin un toque artificioso. Lentamente la luna nueva descendió tras la oscura masa de la población, y empezaron a aparecer luces; pero el río retenía aun la luz del cielo vespertino, un áureo esplendor de increíble suavidad. En esta luz, que era el río, había centenares de botes de pesca. Toda la tarde, hombresdelgados y morenos, con largos palos, habían estado remontando laboriosamente la corriente, en una sola filacerca de la orilla; partiendo de la aldea pesquera situada bajo la ciudad, cada hombre en su bote, a veces con unniño o dos, había remontado lentamente el río hasta pasar el largo y pesado puente, y ahora bajaban por centenares, llevados por la fuerte corriente, Estarían pescando durante toda la noche, capturando grandes y pesados peces de diez a quince pulgadas de largo, que después, coleando aun algunos de ellos, serían echados enembarcaciones mayores amarradas a la orilla, para venderse al día siguiente.Las calles de la ciudad se hallaban atestadas de carros de bueyes, autobuses, bicicletas y peatones, conalguna vaca suelta acá y allá. Estrechas y tortuosas callejas, con tiendas mal alumbradas, estaban cenagosas por las recientes lluvias, y sucias con el lodo de hombres y bestias. Una de estas callejas conducía a los anchos peldaños que bajaban hasta el borde mismo del río, y en estos escalones se hacía de todo. Algunas personasestaban sentadas cerca del agua, con los ojos cerrados, en silenciosa meditación; próximo a ellas un hombrecantaba ante una entusiasta multitud, que se extendía por lo alto de los escalones; más allá, un mendigo leprosoextendía la mano marchita, mientras que un hombre con la frente encenizada y el cabello desgreñado instruía ala gente. Cerca de allí, un
sannyasi
, limpio de cara y de piel, con túnica recién lavada, estaba sentado inmóvil,con los ojos cerrados y la mente centrada, por una larga y fácil práctica. Un hombre que tenía la mano en posición ahuecada imploraba calladamente de los cielos que se la llenasen; y una madre, con el pecho izquierdodesnudo, amamantaba a su nene, inconsciente de todo. Más allá, río abajo, estaban quemándose en grandes yrugientes hogueras, cadáveres traídos de las aldeas próximas y de la extensa y sucia población. Allí sedesarrollaba todo, porque aquella era la más sagrada de las ciudades. Mas la belleza del río, que corríasilenciosamente, parecía borrar todo el caos humano, mientras los cielos sobre él contemplaban con amor ymaravilla.Estábamos allí varios, dos mujeres y cuatro hombres. Una de las mujeres, de bien formada cabeza y ojos penetrantes, había sido muy bien educada, en el país y en el extranjero; la otra era más modesta, de miradaapenada e implorante. Uno de los hombres, un ex comunista que había dejado el partido hacía varios años, eraenérgico y exigente; otro era artista, tímido y retraído, pero lo bastante resuelto para afirmar su idea cuando laocasión lo exigía; el tercero era funcionario de la burocracia oficial; y el cuarto era un maestro, muy afable, con pronta sonrisa y anheloso de aprender.Todos estuvimos en silencio un rato, y luego habló el ex comunista.“¿Por qué hay tanto deterioro en todas las ramas de la vida? Yo puedo comprender que el poder, aunque seejerza en nombre del pueblo, es esencialmente malo y corruptor, como lo habéis señalado. Vemos este hechodemostrado en la historia. El germen del mal y de la corrupción está inherente en todas las organizaciones políticas y religiosas, como se ha visto en la iglesia al correr de los siglos, y en el moderno comunismo, que prometía tanto pero que se ha vuelto él mismo corrupto y tiránico. ¿Por qué tiene que deteriorarse todo de estamanera?”“Sabemos muchísimo sobre muchas cosas”, añadió la señora instruida, “pero el conocimiento no parecedetener la corrupción que está en el hombre. Yo escribo un poco y he publicado algunos libros, pero veo cuánfácilmente puede la mente perder su integridad una vez que ha dominado alguna cosa. Si aprendéis la técnica dela buena expresión, si descubrís unos cuantos temas interesantes o impresionantes, y si os acostumbráis aescribir, quedáis ya establecido para toda la vida; llegáis a ser popular y estáis perdido. No digo esto conninguna actitud maliciosa o amargada, porque haya fracasado o haya tenido sólo algún éxito indiferente, sino porque veo este proceso actuando en otros y en misma. Parece como si no pudiéramos librarnos de lacorrosión de la rutina y la capacidad. Para iniciar algo, hacen falta energía e iniciativa, pero, una vez puesto enmarcha, lleva en sí inherente el germen de la corrupción. ¿Puede uno escapar jamás de este proceso corruptor?”“Yo también”, dijo el burócrata, “estoy atrapado en la rutina decadente. Proyectamos para un futuro decinco o diez años, construimos presas y fomentamos nuevas industrias, todo lo cual es bueno y necesario; pero,aunque los diques estén bellamente construidos y perfectamente conservados, y las máquinas funcionen con un

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