As
í
que durante muchos siglos, la consecuci
ó
n de estas aspiraciones ha idounida indefectiblemente al desarrollo de sistemas pedag
ó
gicos de contrastadaeficacia, al avance del conocimiento de la forma en que los seres humanosadquieren conocimiento y al desarrollo tecnol
ó
gico de los medios de exposici
ó
ndel material did
á
ctico.Durante a
ñ
os, los docentes tuvieron que elegir entre dos opciones:a) Sistemas formales de educaci
ó
n que aseguraban la fiabilidad enla transmisi
ó
n de un conocimiento riguroso y normalizado (todosaprenden un m
í
nimo de lo mismo), como el que elegimos en
é
stepa
í
s en las
ú
ltimas d
é
cadas.b) Sistemas de educaci
ó
n m
á
s informales, donde primaba laespontaneidad del aprendizaje, las experiencias did
á
cticas m
á
sazarosas pero sin duda mucho m
á
s divertidas y motivantes.(Escuela de la libertad de Summerhil, A.S.Neill)En fin, hab
í
a que elegir entre la instituci
ó
n escolar m
á
s “aburrida” y pocomotivante para muchos alumnos, pero fiable y normalizadora, por un lado; y lainstituci
ó
n escolar creativa, renovadora, motivadora, pero para algunos ca
ó
ticay poco fiable en la transmisi
ó
n de un m
í
nimo de conocimientos normalizados (sia los alumnos les das a elegir, pocos aprenden las mismas cosas que el resto,ya que cada uno de ellos atribuye significado especial a diferentes partes delmismo material, asimilando distintos aspectos de la misma realidad).Los sistemas m
á
s conservadores (y el nuestrolo es, independientemente del signo pol
í
ticoque ocupe la Administraci
ó
n) optan por unaEscuela m
á
s formal y garantizadora de que unm
í
nimo es aprendido y de que todos aprendenlo mismo, eliminando la riqueza de ladiversidad en el aprendizaje (todas laschimeneas rectas) en el proceso, peroasegurando (al menos as
í
lo pretenden) unm
í
nimo de competencia acad
é
mica.