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Daniel Albarrán, Judas Iscariote, uno de los doce (en defensa de Judas, según San Marcos)

Daniel Albarrán, Judas Iscariote, uno de los doce (en defensa de Judas, según San Marcos)

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En defensa de Judas Iscariote...
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“Judas Iscariote,uno de los doce”Daniel Albarrán
 
 
Autor: Daniel AlbarránTítulo original:
“Judas Iscariote, uno de los doce” 
Con el visto bueno del Sr. Obispo de la Diócesis de Barcelona – Venezuela: Mons. César Ramón Ortega Herrera.Depósito legal: lf 081 2000 200 2219ISBN 9803321463Escrita en Barcelona (Venezuela) en septiembre de 2.000.Impreso en Tipografía Anzoátegui,Barcelona – Venezuela.Enero 2.001.
 
 
(1)Pedro María Perales había realizado estudios extra-académicos para encontrarle sentido a lavida. Había leído de todo un poco y se caracterizaba por su afán de comprender cada circunstanciade la vida. Buscaba no hacerse juicios sobre nada y sobre nadie. Para él todos eran de igualcondición. Todos eran capaces de ser héroes y todos eran capaces de ser villanos, según lascircunstancias. Por consiguiente, intentaba, a pesar de que a veces lo olvidaba, no hacer juiciossobre ninguna persona, sobre todo, si estos juicios eran morales: fulano es bueno, o fulano es malo.Simplemente, somos artífices de nuestras circunstancias, y a veces somos dueños de ella o a vecessomos sus esclavos. Y buscaba ubicarse siempre en las circunstancias de las demás personas, paraevitar todo posible juicio moral. Hacía todo lo que podía para comprender a la persona, su entornocircunstancial, su historia... Y en cierta manera justificaba a todo el mundo.Vestía, casi siempre del mismo color. Prefería el color gris o todo lo que tuviera unatonalidad semi-oscura. No negro del todo, no claro del todo. Una combinación. De contexturadelgada y de estatura media normal. Su mirada a veces era pícara infantil y a veces distraída.Cuando se hallaba inmerso en sus propios pensamientos se llevaba la mano derecha al cabello yhacía con ellos como especies de remolinos. Le gustaba andar siempre bien bañado y oloroso alimpio. En la medida de lo posible lustraba sus zapatos todos los días, y cuando no lo hacía losfrotaba en su pantalón para mantenerlos limpios. Su esposa, Clementina, siempre sufría por las pequeñas manías de Pedro María. Sobre todo, cuando se trataba de comprarle ropa nueva, porquehasta en la interior era toda del mismo color.Le gustaba hacer preguntas. Preguntaba sobre todo y a todos, si era posible. Cualquiera podría ver en esa actitud una manía. Pero era para él una necesidad de una constante apertura ydescubría en la pregunta un instrumento de comunicación de un gran valor. Los que lo conocían lovaloraban precisamente por esa capacidad de preguntar y disfrutaban de sus conversaciones, porqueles resultaba interesante cualquier conversación, pues no había límite al preguntar sobre lo que ibaconversando o abriendo en la conversación. Él mismo sabía eso. Y lo disfrutaba. Sobre todo,después que había descubierto que había tratados y estudios sobre la pregunta. Así, había leído unestudio que hacía Hans Dieter Bastían, sobre la pregunta. Desde entonces se había prometido nodejar de preguntar y no importarle parecer ingenuo porque preguntara.Así, con la ayuda de la lectura que había hecho, sobre la pregunta, pensaba que preguntarsesobre el sentido de las cosas era buscar la razón de ser de la vida misma. Preguntarse era plantearseinquietudes. Sólo los inquietos se preguntan y preguntan, pensaba. La naturaleza nos ha hecho atodos con la capacidad de preguntar. Y nadie necesita de un previo aprendizaje. Además, sin la pregunta no se haría filosofía, ya que la pregunta es asombro formulado.Pensaba, igualmente, que hay que preguntar para tener un punto de partida y punto de vistaal que atenerse. Pero la pregunta hay que descomponerla en preguntas. La pregunta es la palanca deorigen. Está en el comienzo del conocimiento. El efecto propio de su actividad es el asombro.Significa movimiento. Una pregunta: y más preguntas. Precisamente, porque la pregunta es el por qué de la pregunta. Es el por qué de tal respuesta. Y, por consiguiente, es buscar el fundamento delas cosas: de lo nuevo y de lo viejo. Y esta actitud requiere una particular índole espiritual.Ciertamente, pensaba, con la ayuda del autor que había leído, que preguntar es unaobstinación problemática. El hombre es inducido por la obstinación al preguntar. La obstinación eslo auténticamente humano. El preguntar es cesar de ser ingenuo. Y puede decir no: Y esto es una delas posibilidades esperanzadoras y terribles del interlocutor, una palanca de creación y deaniquilamiento. La capacidad de preguntar es para el hombre un don y deber, al mismo tiempo.Pues se trata de una apertura al mundo y a la libertad ambiental del hombre. El impulso a la pregunta es la necesidad de cambio, al que no puede substraerse. Al preguntar, niega el hombre lo

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