INTRODUCCIÓN: CONFLICTOS, EXABRUPTOS, PERPLEJIDADES Y REPLANTEAMIENTOSHace tres años opiné públicamente: "En Latinoamérica ya tenemos investigación, el próximo paso sería desarrollar la ciencia", y si bien me pareció estar diciendo algo demasiado trivial, quedé conla pequeña esperanza de quien llega por fin a un diagnóstico que puede reorientar el tratamiento, o dequien en plena tiniebla divisa a lo lejos una lucecita orientadora. Pero las reacciones que provocó miafirmación me resultaron por demás paradójicas. En primer lugar, investigadores de diversos paísescomenzaron a suministrarme espontáneamente material bibliográfico y datos estadísticos relacionadoscon mi punto de vista, como si esperaran que los usase para construir un alegato, una causa. Ensegundo lugar, algunos colegas manifestaron estar de acuerdo con mi argumento, pero lamentaron queme hubiera atrevido a exponerlo. Por último, surgieron investigadores que si bien estaban profundamente disgustados, no pudieron precisar la verdadera causa de su enojo, y acabaronadjudicándoselo a que yo me había equivocado en una cita de Descartes, en la fecha de una reunión, oque había menospreciado a los mayas y a los incas.Esas reacciones me llevaron a sospechar que quizás no había dicho algo tan obvio ni tan erradocomo temía. Sucesivas presentaciones fueron puliendo mi pasado exabrupto, ilustrando aspectos,incluyendo referencias bibliográficas que remplazaban mis opiniones por datos más tangibles y que meempecinaron en el argumento. Ahora, que aquella afirmación ha tomado la forma de libro -este libro-,me parece oportuno comenzar exponiendo por qué creí estar diciendo algo demasiado obvio y por quélas reacciones me parecieron paradójicas.Prácticamente no conozco ningún investigador latinoamericano que no se haya sentido obligadoa autojustificarse por estar dedicado a semejante profesión en plena Latinoamérica. Es imposible noconflictuarse cuando uno va hacia el laboratorio, fastidiado porque el Consejo de Investigaciones del país en que está, demora la compra de un espectrofotómetro de varios miles de dólares, y en cadasemáforo que se va deteniendo lo asaltan limpiadores de parabrisas, vendedores de chicles, billetes deloterías, payasos que lanzan llamas o pordioseros que, no cuesta mucho percatarse, son obreros sintrabajo, forzados a humillarse y extender la mano, o campesinos hambreados que se largan a lasciudades. En realidad, no me gustaría ser amigo de un colega que no se conflictúe. Por eso losinvestigadores latinoamericanos participan en comisiones, mesas redondas, escriben artículos periodísticos, opinan, y hasta no es raro que a raíz de esta actividad se tornen molestos para susgobiernos y encuentren prudente emigrar al primer mundo.
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Todos vivimos buscando la solución.
1 "Probablemente seamos los campeones del mundo e:i eso de librarnos de la inteligencia. Pareciera que la inteligencia esincómoda, que la sociedad, o los medios oficiales de turno, no saben qué hacer con ella." César Milstein, científicoargentino que obtuvo un Premio Nobel por sus estudios de inmunología, actualmente radicado en Inglaterra, entrevistado por el periodista Jorge Halperín (1984) durante una visita a sus familiares en Buenos Aires.
La más obvia y más a mano es la económica: "Nuestros países están atrasados -decimos-porquéen un mundo donde ya no quedan actividades sociales que no dependan directa o indirectamente de laciencia y la tecnología, no destinamos suficiente dinero para la investigación." Como el argumento nodeja de ser cierto, cada vez que tenemos un funcionario a mano, los investigadores cumplimos el rito derasgarnos las vestiduras. Pero de pronto recordamos los esfuerzos que hacen nuestros países paracomprarnos espectrofotómetros, pagarnos sueldos, instalarnos laboratorios, o nos enteramos de losmalabarismos que hacen nuestros funcionarios para que no se interrumpan los experimentos por unreactivo que se atascó en la aduana, o constatamos las estrecheces que sufren nuestros estudiantes paragraduarse con la escueta beca que la sociedad se esfuerza, así y todo por otorgarles, y el enojo esremplazado por el conflicto. De ahí la pequeña esperanza que me invadió cuando reconocí que "enLatinoamérica ya tenemos investigación, el próximo paso sería desarrollar la ciencia", pues creísinceramente que había dado en el clavo. Veamos ahora por qué me pareció paradójica la reacción a mi
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