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Conflictos Politicos

Conflictos Politicos

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12/17/2012

 
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Enero 2003
67
Escenarios y desafíos
A
mérica Latina se ha visto sacu-dida –durante el año que acabade concluir– por una profundacrisis cuyos impactos sociales,políticos y económicos marca-rán seguramente el futuro de la región en lospróximos años. El acentuamiento de la rece-sión y de la inestabilidad económica (ver ar-tículo de Jaime Estay en el presente número)asestó un duro golpe a la legitimidad políticae ideológica que gozó el neoliberalismo en laúltima década. La debacle de dichas políticasen Argentina aparece, en este contexto, comoel ejemplo más paradigmático del derrumbede la utopía de mercado como principio regu-lador del orden social. El quiebre de la legiti-midad neoliberal y la dificultad creciente delos regímenes políticos del continente por re-constituirla aparecen como una de las marcasdistintivas del año 2002.Una segunda característica de la coyuntu- ra político-social latinoamericana durante elúltimo año es la profundización del ciclo deprotestas sociales desplegado desde mayo de2001. El año concluido marca un crecimientocuantitativo del número de conflictos en rela- ción a los dos años precedentes. Según los re-gistros del
OS A L ,
el total de conflictos que tu-vieron lugar en la región a lo largo de 2002asciende a 6.744, contra 5.094 durante 2001 y1.995 entre mayo y diciembre del año 2000.Este aumento de la protesta aparece ligado alrecrudecimiento de la crisis y a los intentos deprofundizar los planes de ajuste y las políticasprivatizadoras por parte de los gobiernos de laregión, como repetida y única fórmula caren-te ya de credibilidad social.Este incremento del conflicto social hasignificado una maduración de ciertos movi- mientos sociales, así como el surgimiento yconsolidación de experiencias de convergen- cia social en la confrontación contra las polí-ticas neoliberales, evidenciando un creci-miento cualitativo en la politización de las lu-chas. Muchos de los conflictos acontecidos alo largo de 2002, que lograron limitar –aún deforma transitoria– las intenciones privatiza- doras de los gobiernos, adoptaron la forma deconfluencias heterogéneas, frentes socialesamplios y coordinadoras multisectoriales na-cionales y/o regionales (Seoane y Algranati, 2002). Estas dinámicas contrastan con lasprecedentes luchas contra los ajustes y priva-tizaciones “de primera generación” y sobrecuya derrota se asentó la hegemonía del ordenneoliberal en América Latina durante la pri-mera mitad de la década de los ‘90.La dinámica e inscripción de las protes-tas en respuesta a la crisis de un modelo quesacudió y transformó regresivamente las so-ciedades latinoamericanas presentan –másallá de las especificidades nacionales y/o re-gionales– características comunes que pare-cen estar asociadas a la profundidad de loscambios económico-sociales señalados. Lareconfiguración de la territorialidad del con-flicto y la agudización de ciertas modalida-des confrontativas en desmedro de las protes-tas demostrativas aparecen como signos dis-tintivos del año analizado. El vertiginosoagotamiento de las promesas democráticas
Septiembre – diciembre 2002
Movimientos sociales,conflicto y cambios políticosen América Latina
1
Por José Seoane y Emilio Taddei
 
ronolog a
 
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C ro n o l o g í a
de la gobernabilidad neoliberal se ha visto re-flejado en algunos países por el desarrollo deprofundas crisis políticas que han socavadola legitimidad de los regímenes democrático-liberales y de las estructuras partidarias tradi-cionales. La crisis de las formas tradicionalesde intervención política parece haberse am-plificado abriendo el camino al desarrollo denumerosas experiencias de autoorganizaciónsocial. La búsqueda de una mayor horizonta-lidad y democracia en los procesos de parti-cipación y decisión política aparecen hoy enel centro del debate de numerosos movimien-tos en la región. De igual forma, la cuestiónde la relación entre movimientos sociales,partidos y Estado y el respeto a una diversi-dad que no restrinja la capacidad de acciónconjunta de diversos sectores sociales estánpresentes en la discusión cotidiana de los co-lectivos de la protesta. Un incipiente y pro-metedor debate sobre las nuevas formas deemancipación social y política asoma –liga-do a la experiencia directa de los movimien-tos– en la escena latinoamericana.En tercer lugar, los triunfos electoralesdel pasado año de partidos y/o coalicionespolíticas nacidas y desarrolladas en confron-tación con el modelo neoliberal constituyenun dato político sin precedentes en la historiareciente de la región. Estas victorias ponende manifiesto no sólo el creciente desconten-to social frente al modelo, sino también lapreexistencia de intensos procesos de lucha yconstitución de movimientos y organizacio-nes sociales que –de distintas maneras– se ar-ticulan con estas expresiones político-electo-rales. Un escenario que plantea nuevos yenormes desafíos para el futuro del continen-te. El triunfo del Partido de los Trabajadores(PT) en Brasil es, en este sentido, el ejemplomás relevante política, social y regionalmen-te. La llegada de Lula al gobierno es el resul-tado de un sostenido proceso de confluencia,articulación y lucha común de vastos secto-res sociales, durante las dos últimas décadas.A éste se suma la victoria de la coalición po-lítica encabezada por Lucio Gutiérrez enEcuador, donde la participación del Movi-miento Pachakutik expresa las luchas socia-les y políticas encabezadas en los últimosaños por el movimiento indígena ecuatoriano(ver artículo de Pablo Dávalos en la secciónAnálisis de casos). El excelente y tambiénsorpresivo desempeño electoral del Movi-miento al Socialismo y su candidato EvoMorales en Bolivia, no puede ser comprendi-do al margen de la legitimidad política de lalucha del movimiento cocalero boliviano ydel reconocimiento social de la lucha cocha-bambina contra la privatización del agua.Aún la reciente derrota electoral del presi-dente Toledo en las elecciones regionales enPerú, que puso de manifiesto la debilidad deun gobierno que frustró rápidamente las ex-pectativas populares de cambio, aparece vin-culada a las intensas y recientes protestas re-gionales –encabezadas por los llamadosFrentes Cívicos– particularmente en el surdel país, contra las privatizaciones.Frente a la crisis de legitimidad reseña-da, y en contraposición a estos cambios polí-ticos, la continuidad del rumbo neoliberalaparece asociada a los intentos de afirmaciónde regímenes crecientemente autoritarios yrepresivos, que podemos señalar como unacuarta tendencia del período. Legitimado porla cruzada antiterrorista desatada por el go-bierno de Bush luego del 11 de septiembre eíntimamente asociado a las estrategias nor-teamericanas de subordinación económica ymilitar, el “neoliberalismo armado” ha servi-do como soporte jurídico e ideológico al au-mento de la represión y la persecución de di-rigentes sociales, a lo largo de todo el año. Lamilitarización de la vida política colombianapromovida por el gobierno neoliberal de Uri-be es, en ese sentido, el ejemplo más trágicoy destacado en la región (ver artículo de Jai-me Zuluaga en el presente
OSAL
).Hasta mediados de los ‘90, la hegemoníaregional del neoliberalismo parecía homoge-neizar la marcha de las sociedades latinoa-mericanas en similar dirección. Hoy la crisisde dicha hegemonía permite recuperar el fu-turo, con sus riesgos y oportunidades, comoposibilidad y desafío para la construcción co-lectiva. Sobre este se inscriben, ya como es-cenarios posibles, las tendencias reseñadasanteriormente, cristalizadas de manera desi-gual en los distintos espacios nacionales queconforman la región.
 
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M ovimientos sociales,conflicto y cambios políticos...
La conflictividad social duranteel último cuatrimestre de 2002
Entre septiembre y diciembre de 2002, elnúmero de acciones de lucha protagonizadaspor los diferentes colectivos sociales relevadas por el
OS A L
resultan relativamente menores alas del cuatrimestre anterior (-6,5%), períodoque ya había mostrado una disminución res-pecto del primero del año. A diferencia de loseñalado en ese caso, el descenso del númerode conflictos en la comparación entre el se-gundo y tercer cuatrimestre del año –conside-rando siempre los 19 países de la región sobrelos que trabaja el relevamiento– resulta máshomogéneo, registrándose en diez países unadisminución de los hechos de protesta social ysólo en cinco casos, un incremento. Entre es-tos se destaca la situación político-social enVenezuela, donde las permanentes moviliza- ciones impulsadas por la oposición y por losdefensores del gobierno constitucional se in-tensifican, desde principios de diciembre, con el inicio del llamado “paro cívico” convocado por un conjunto de organizaciones empresa-riales, sindicales, sociales y políticas, con laexigencia de la convocatoria a elecciones pri-mero, y la renuncia del presidente Chávez des-pués (ver artículo Margarita López Maya eneste número de la revista). Por otra parte, severifica también un crecimiento de la conflic- tividad en Bolivia, donde se despliega una se-rie de diversas protestas encarnadas por traba- jadores del sector público, mineros, campesi-nos y multisectoriales, contra la política eco-nómica adoptada por el nuevo gobierno, y enparticular, alrededor de los proyectos guberna- mentales de explotación y exportación de gas.Sin embargo, es necesario señalar que apesar de esta disminución relativa de la con-flictividad social, los registros de protestaconsignados para este cuatrimestre son aúnsuperiores a los correspondientes al año2001, siendo además que, por ejemplo, en loscasos de Brasil y Ecuador, coincide con pro-cesos electorales que señalan una mayorita-ria voluntad social de cambio.Aún en la diversidad que plantean los di-ferentes escenarios nacionales y en el contex-to de profundización regional de la crisis eco-nómica, este último cuatrimestre está atrave-sado por la persistente presión del FMI y delBM para acentuar las políticas de ajuste fis-cal, desregulación y privatización. Estas me-didas, que constituyeron uno de los puntoscentrales de la regresiva transformación es- tructural de la década de los ‘90, se orientan agarantizar –en el marco de un proceso dereestructuración del abultado endeudamientoexterno acumulado durante dicha década queasegure su pago– la profundización de las lí-neas directrices del régimen neoliberal.En consonancia con esta orientación, enestos últimos cuatro meses del año, numero-sos gobiernos de la región confeccionan lospresupuestos fiscales para el próximo perío-do, así como impulsan diferentes proye ctos l egis la t ivos destinados a sancionar el ajuste de las cuentas públicas. En este sentido, va-le señalar, por ejemplo, las leyes de transi-ción económica en Par agu ay, las de reactiva- ción económica y de rendición de cuentas enU r ugu ay, la de reforma del sector salud en Chile, la de agua potable y alcantarillado enHonduras, y la reforma laboral e impositivaen Colombia.Frente a estas políticas, se explica el rela-tivo crecimiento que muestran los conflictosprotagonizados por los asalariados del sectorpúblico, pero también la afirmación y confor-mación de movimientos territoriales, de pro-cesos de convergencia y multisectoriales a ni-vel local o nacional. Hemos señalado ya paralos primeros ocho meses del año, cómo diver-sas experiencias de este tipo jugaron un papelprotagónico en la lucha contra las privatiza- ciones en Perú, Paraguay y Uruguay (AA.VV.,2002; Olesker, 2002). En la misma dirección,en este cuatrimestre aparecen también las ac-ciones impulsadas por el Frente Nacionalcontra la privatización de la industria eléctri-ca en México y la Coordinadora por la defen-sa del Gas en Bolivia, por citar sólo dos casos.Así, las contrarreformas neoliberales se con-frontan con la creciente consolidación de ex-periencias que adoptan una configuración so-cio-territorial y que, además del rechazo a es-tas políticas, en muchos casos plantean yavanzan en el debate sobre propuestas alter-nativas de gestión de lo público.

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