la misma de cuando la raza humana era joven. Son como niños, alegres, ingenuos y sin piedad.En la época de los tanques de guerra, empuñan todavía arcos de cuerno y huesos de ballena, yflechas con punta de piedra; se reparten el producto de la caza y no saben mentir. Hasta tal punto son de toscos...Ernenek era un esquimal polar.Sobre la lámpara de esteatita, el té se estaba enfriando. Siksik llenó un tazón y, bamboleándose, con los pies separados a causa de las calzas de piel de foca que le llegabanhasta la ingle, se lo llevó a Ernenek con una sonrisa. El hombre y la mujer, vestidos del mismomodo, ambos rechonchos y musculosos, pero con pies y manos pequeños, y con el mismo rostrochato, grueso y campechano, se distinguían en su aspecto sólo por los cabellos, que el hombrellevaba largos y sueltos, mientras que la mujer se los había levantado cuidadosamente, con un peinado muy alto, en forma de torre, sostenido con espinas de pescado. —¿Dónde está Anarvik? —preguntó Ernenek tomando el tazón. —No es imposible que haya ido a cazar a la bahía de la Morsa Ciega —dijo Siksik—.Ocurre que hace un sueño ustedes dos se devoraron una foca entera —agregó riendo, y Ernenek le hizo eco, con esa risa fácil y siempre pronta de su raza.El té estaba caliente como vientre de mujer, es decir, demasiado caliente para Ernenek, queno soportaba el calor. Lo sopló largamente antes de beberlo, mientras escrutaba a Siksik por encima del tazón. Luego se lo bebió todo de un trago, juntó las hojitas que habían quedado en elfondo, se las comió y salió del saco. Llevaba puesto un ligero vestido hecho de piel de garzasmarinas, con el plumón hacia adentro. Sobre éste se puso un pesado sayo de piel de oso, con el pelo hacia afuera, y metió el extremo de las calzas en un par de botines de cuero de foca.Encorvado, porque la bóveda de hielo era demasiado baja para él, cortó con el cuchillo circular gruesas tajadas del montón de carne sobada y pasada de sazón y con la palma de la mano sellenó la boca.Se deslizó gateando por el estrecho túnel de nieve, apoyándose en los codos y las rodillas, yarrastrando detrás de sí, tomado de las orejas, al perro cabeza de trineo, salió del
iglú.
El restodel tiro los siguió, sacudiéndose la escarcha del espeso pelo, ladrando por el hambre ydescubriendo los dientes, aplanados a golpes de piedra para que no devorasen los arreos deltrineo; con más de lobos que de perros, mostraban agudos hocicos y ojos amarillos yrelucientes.Ernenek se aseguró de que todos llevaban las abarcas que debían protegerles las patas de lamordedura de los hielos y de la sal marina. Luego los enganchó al trineo, subió a éste, retiró elancla sepultada en un montón de hielo y agitó el látigo. Los perros avanzaron sobre el mar congelado, mientras se abrían en abanico y hacían crujir las correas con que cada uno estabaatado separadamente al trineo.Hacía calor, apenas unos quince grados bajo cero, de manera que Ernenek no se veíaobligado a trotar junto al trineo para calentarse, sino que podía gozar del paseo, sentadocómodamente en el pescante. Al sur, el firmamento se había teñido de azul, reverberación de unsol ausente, azul que se iba esfumando poco a poco, convirtiéndose en violeta, hacia el norte.Bajo aquel pálido cielo, la tierra se mostraba anémica y descolorida, sin matices ni sombras,como a los ojos de los perros, que no distinguen los colores.El Océano Glacial, congelado en un espesor de un par de metros, estaba recubierto de unadelgada capa de nieve en la que se marcaban las huellas del trineo de Anarvik. A la derecha seveían cadenas de montes abruptos y colinas cónicas, blancas y desnudas. A la izquierda, sólo la bruma primaveral limitaba el océano.Ernenek no se volvió ni siquiera una vez para echar una mirada al minúsculo
iglú,
solitaria bolita de hielo puesta sobre el techo de la tierra. Su cerebro, que a causa de su modestacapacidad sólo podía albergar un pensamiento por vez, se tendía enteramente hacia la gran bahíadonde debía encontrarse Anarvik. Estaba tan absorto en su propósito que se había olvidado dellevar consigo la indispensable grasa de foca que da luz y calor. Lo preocupaba demasiado el pensamiento de la petición que iba a hacer a Anarvik, para pensar en otras cosas.A toda petición podía responderse de dos maneras: Ernenek sabía por lo menos esto, aunqueignorase muchas cosas. Si Anarvik aceptaba, Ernenek se sentiría humillado por haber recibidoun favor más. Anarvik era orgulloso, un verdadero hombre, y sería muy capaz de mortificarlo
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Yo tampoco entienoo, porqué no podemos descargarlo...es un libro precioso, que quería compartírselo a mi hija, ya que a su bisabuela, le encantaba.....por favor permitan bajarlo...gracias
no entiendo por que esta bloqueado el documento, no se puede descargar, libéralo no puede ser que este asi, gracias