Especial
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¡Viven!
ALBA
Del 23 al 29 de marzo de 2007
damental a la vida, fruto del amorde Dios”. Por tanto, “es necesariodefenderla, tutelarla y valorarla ensu carácter único e irrepetible”. Sieste compromiso compete en pri-mer lugar a los esposos, también “esprioritario deber de la Iglesia y detoda institución pública apoyar a lafamilia a través de iniciativas pasto-rales y políticas, que tengan encuenta las necesidades reales de loscónyuges, de los ancianos y de lasnuevas generaciones”. “La vida, quees obra de Dios, no debe negarse anadie, ni siquiera al más pequeño eindefenso nascituro, y mucho me-nos cuando presenta graves disca-pacidades”, ha afirmado el Papa.
Academia Pontificia para la Vida
Al recibir a los participantes en la Asamblea General de la Pontificia Academia para la Vida, BenedictoXVI ha recordado también que “elamor de Dios no hace distinción en-tre el recién concebido que está aúnen el seno de su madre y el niño, el joven, el hombre maduro o el ancia-no. No hace distinción porque en ca-da uno de ellos ve la impronta de supropia imagen y semejanza”.
Subrayando que el amor de Diosno hace distinción entre ningún es-tadio o condición de vida “porqueen todos percibe el reflejo del rostrode su Hijo Unigénito, ‘por cuantonos ha elegido en Él antes de la crea-ción del mundo... eligiéndonos deantemano para ser sus hijos adopti-vos... según el beneplácito de su vo-luntad’”, el Papa ha afirmado, unavez más, que el amor de Dios no tie-ne límites. “Este amor sin límites ycasi incomprensible de Dios paracon el hombre -ha dicho BenedictoXVI- revela hasta qué punto el serhumano es digno de ser amado en símismo, independientemente decualquier otra consideración: inteli-gencia, belleza, salud, juventud, in-tegridad...”.En definitiva, ha señalado tam-bién el Santo Padre, la vida humanaes siempre un bien, puesto que “es lamanifestación de Dios en el mundo,signo de su presencia, huella de sugloria”, pues “al hombre, en efecto,se le ha donado una altísima digni-dad, arraigada en los íntimos lazosque lo unen a su Creador. En el hom-bre, en todo hombre, en cualquier es-tadio o condición de vida, resplan-dece un reflejo de la misma realidadde Dios. Por ello, el Magisterio de laIglesia ha proclamado constante-mente el carácter sagrado e inviola-ble de toda vida humana, desde suconcepción hasta su ocaso natural.Este juicio moral vale ya desde losco-mienzos de la vida de un embrión,antes aún de que sea implantado enel seno materno, que lo custodiará ynutrirá durante nueve meses hasta elmomento de su nacimiento: la vidahumana es sagrada e inviolable en ca-da momento de su existencia, tam-bién en el inicial que precede al na-cimiento”.
Los investigadores
Lamentando que en los comienzosdel tercer milenio -a pesar de haberavanzado en nuestros conocimientos,identificando mejor también los lí-mites de nuestra ignorancia- “para lainteligencia humana se ha vuelto de-masiado arduo darse cuenta de que,mirando a la Creación, nos encon-tramos con la impronta del Creador”,Benedicto XVI ha animado a los in-vestigadores a examinar la realidadque es objeto de sus fatigas, “con-templándola de forma que, junto conlos descubrimientos, surjan las pre-guntas que llevan a descubrir en labelleza de las criaturas el reflejo delCreador”.
Además, en su reciente exhorta-ción apostólica sobre la Eucaristía, elPapa se ha referido a lo que ha de-nominado “coherencia eucarística”,a la cual está llamada objetivamentenuestra vida. En efecto, el culto agra-dable a Dios “nunca es un acto me-ramente privado, sin consecuenciasen nuestras relaciones sociales: alcontrario, exige el testimonio públi-co de la propia fe”, ha recordado elSanto Padre. Obviamente, esto valepara todos los bautizados, pero “tie-ne una importancia particular paraquienes, por la posición social o po-lítica que ocupan, han de tomar de-cisiones sobre valores fundamenta-les, como el respeto y la defensa dela vida humana, desde su concep-ción hasta su fin natural, la familiafundada en el matrimonio entrehombre y mujer, la libertad de edu-cación de los hijos y la promocióndel bien común en todas sus for-mas”. “Estos valores no son negocia-bles”, ha reconocido Benedicto XVI. Así pues, “los políticos y los legisla-dores católicos, conscientes de sugrave responsabilidad social, debensentirse particularmente interpela-dos por su conciencia, rectamenteformada, para presentar y apoyar le-yes inspiradas en los valores funda-dos en la naturaleza humana”, haconcluido el Pontífice.
Juan Pablo II,por la vida
“Si
se concede derecho de ciudadanía al asesinato del hombre cuando todavíaestá en el seno materno de la madre, entonces, por esto mismo, se nos poneen el resbaladero de incalculables consecuencias de naturaleza moral. Si es líci- to quitar la vida a un ser humano, cuando es el más débil, totalmente depen-diente de la madre, de los padres, del ámbito de las conciencias humanas, en- tonces se asesina no sólo a un hombre inocente, sino también a las concienciasmismas. Y no se sabe lo amplia y velozmente que se propaga el radio de esadestrucción de las conciencias, sobre las que se basa, ante todo, el sentidomás humano de la cultura y del progreso del hombre.Los que afirman y piensan que éste es un problema privado y que, en talcaso, es necesario defender el derecho estrictamente personal a la decisión, nopiensan y no dicen toda la verdad. El problema de la responsabilidad por la vidaconcebida en el seno de cada madre es problema eminentemente social. Y, almismo tiempo, es problema de cada uno y de todos. Se halla en la base de lacultura moral de toda sociedad. Si aceptásemos el derecho de quitar el don dela vida al hombre aún no nacido, ¿lograremos defender después el derecho delhombre a la vida en todas las demás situaciones?; ¿lograremos evitar el proce-so de destrucción de las conciencias humanas?”
Roma, Ángelus del 5 de abril de 1981
“Por lo tanto, reaccionaremos cada vez que la vida humana esté amenazada.Cuando el carácter sagrado de la vida antes del nacimiento sea atacado, noso- tros reaccionaremos para proclamar que nadie tiene jamás el derecho de des- truir la vida antes del nacimiento. Cuando se habla de un niño como de una car-ga, o se le considere como medio para satisfacer una necesidad emocional,nosotros intervendremos para insistir en que cada niño es don único e irrepeti-ble de Dios, que tiene derecho a una familia unida en el amor”.
Homilía en el Capital May, Washington, 7 de octubre de 1979
“Jóvenes peregrinos, Cristo os necesita para iluminar el mundo y mostrarle el‘sendero de la vida’ (Sal 16,11). El desafío consiste en hacer que el ‘sí’ de la Igle-sia a la vida sea concreto y efectivo. La batalla será larga, y necesita de cadauno de vosotros. Poned vuestra inteligencia, vuestros talentos, vuestro entu-siasmo, vuestra compasión y vuestra fortaleza al servicio de la vida.¡No tengáis miedo! El resultado de la batalla por la vida ya está decidido, aun-que prosigue la lucha en circunstancias adversas y con muchos sufrimientos”.
VIII JMJ, Denver, 15 de agosto de 1993
Juan Pablo II con un bebé.
“El amor de Diosno hace distinciónentre el reciénconcebido y el niño,el joven, el hombremaduro o el anciano”Benedicto XVI ha recordado re-cientemente que “el Magisterio dela Iglesia ha proclamado constante-mente el carácter sagrado e inviola-ble de toda vida humana, desde suconcepción hasta su ocaso natural”
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