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Obras Completas de Sandor Ferenczi
CXLVI. THALASSA, ENSAYO SOBRE LA TEORÍA DE LAGENITALIDAD
INTRODUCCIÓN
En el otoño de 1914, el servicio militar obligó al autor de este artículo a abandonar suactividad psicoanalítica y exiliarse en una pequeña ciudad donde su tarea de médico jefe deun escuadrón de húsares apenas satisfacía su sed de trabajo, que se había convertido ya enuna costumbre. Durante este tiempo consagró sus horas libres a traducir al húngaro los
Tresensayos sobre la teoría de la sexualidad,
lo que le llevó casi inevitablemente a elaborar mástarde algunas ideas surgidas durante este trabajo, y luego a plasmarlas sobre el papel. Todasestas ideas giraban alrededor de una explicación más avanzada de la función del coito que, enlos
Tres ensayos,
era presentada por Freud como la fase terminal de toda evolución sexual, pero sin estudiar al detalle este mismo proceso evolutivo. Estas ideas cristalizaron poco a poco en una teoría onto y filogenética que tuve ocasión de exponer al profesor Freud en 1915,con ocasión de una visita que hizo a mi cuartel militar (en Pàpa). Más tarde, en 1919, repetíesta exposición ante él y otros amigos, y en ambas ocasiones fui animado a publicar el traba- jo. Si he tardado mucho tiempo en decidirme, se debe, además de la resistencia interior susci-tada por la naturaleza del tema, a un cierto número de razones objetivas. Mis conocimientosen ciencias naturales apenas superaban los de un médico que, aunque había estudiado antes la biología con predilección y entusiasmo. no había vuelto a ocuparse de ella seriamente desdehacia veinte años. Sin embargo, mi teoría cuestionaba hechos biológicos esenciales muy con-trovertidos. Sólo disponía de la excelente obra de zoología de Hesse y Dolflein, así como delos libros de Lamarck, Darwin, Haeckel, Bölsche, Lloyd Morgan, Godlewsky, H. Hertwig,Piéron y Trömner, sólo una obra de cada autor; mientras que la mayoría de las investigacio-nes biológicas modernas, en particular las que tratan sobre los mecanismos de la evolución,no estaban a mi alcance
.En el transcurso de mis especulaciones relativas a la teoría de la genitalidad, tomé ladecisión de aplicar a los animales, órganos, partes orgánicas y elementos tisulares, algunos procesos que conocía a través del psicoanálisis. Esta transposición me permitió ver las cosasdesde un nuevo ángulo, pero me sentí culpable del crimen de
psicomorfisrno,
abuso metodo-lógico que turbaba mi conciencia científica. Por otra parte, este camino me llevó a utilizar ob-servaciones hechas sobre animales y datos embriológicos, etc., para conseguir explicar deter-minados estados psíquicos como los que acompañan al coito, el sueño, etc. Según mis con-vicciones de entonces, este procedimiento era también inadmisible; había aprendido desde laescuela a considerar como un principio fundamental de todo trabajo científico la separaciónrigurosa entre los puntos de vista propios de las ciencias naturales y los correspondientes a las
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Por razones análogas debo limitar mi estudio de las funciones sexuales a los vertebrados, descartando el exa-men apasionante de la cópula entre los insectos. También me ha sido imposible incluir en este trabajo la sexuali-dad de las plantas.
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