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C PACHECO - Pedro Infante No Ha Muerto

C PACHECO - Pedro Infante No Ha Muerto

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09/11/2013

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original

 
Cristina Pacheco,
Los dueños de la noche 
. México:Planeta, 1990.p.217-226
 
¡Pedro Infante noha muerto!
Abril
25
de 1984Amorcitocorazón.
Atrásdel aeropuerto, enla coloniaPantitlán, existe desde 1958
el
Club
deAdmiradoresde PedroInfante:«Hayinfinidad de gruposquetienen como tem.a en
común
-?uañüración por Pedrito, pero ninguno deellos
es
realmente unclubcomo
el
nuestro, que
es
realmente
el
primero que
se
fundóa raízde la muerte deInfante.
Para
pertenecer a este club lo único quesenecesita
es
dar cincuenta pesos
al
mes
y
sentir
una
admiraciónprofunda,
ele
corazón,por ese hombreincom parable,
por
eseactorúnico,
por
ese
cantantealque nopuedo calificar porquenoencuentropalabras
para
hacerloy que, como ustedsabe,
se
llamó
PedroInf
ante»
-me
dicedonFroylánFlores,presidente
del
Cluby ahora ocupado
en
laorganizaciónde
una
misaen memoria
de
su
ídolo:«Lavamosa
mandar
decirenCatedral dejando, naturalmente, undonativopequeñoperosignificativodemilpesitos .
..
Se
dicenfácilperoen este momentodisponer de esa cantidad
es
duro,
a~,1que
por
Pe
drovale lapena cualquiersacrificio».
Al
cuartito deazotea dondeestá
el
Club
ele
Admirador
es
de PedroInfante
van
llegandosus afiliados. Lasmujer
es
entran con un propósito definido:
una
de ellas limpia ungran cuadrode Infante vestidode charro;
otra
aco
moda
lossombrerosde fieltro«que no, nopertenecie ron aPedritoperosí son de suestiloy aquíalgunos señores los usan».
La
más activa
trajina
entornoaun tocadiscos ma
nu
al.
Junto
a
él
se
encuentraun bustodeInfanteyun altero degrabaciones.La mujer, congranrespeto,desenfunda un disco, lo pone
en
el
plato y
en
cuanto
se
escucha la música
se
vuelve
para
explicarme:«Nadie,nadie cantaco mo
él
Amorcito
corazón.
Vamosoyéndolo
..
.».
Sin ti, sin él
Entreloscongregados
se
haceel
si
lencio.
En
ese
«rincóncercadelcie lo» saturado de tanques de gas, botes
de
basura,desperdicios ytende-
2
17
 
deros, la música
se
arrastra y paraliza a una adolescente, casi niña, quelucha para que
el
viento no
le
arrebate las ropas secas. En cuanto
me
le
acerco explica: «Yo no formo parte del Club pero mis papás sí y ellosme han inculcado admiración y respeto porPedro Infante. Desde chica
he
oído sus canciones y he visto los retratos que
mis
padres tienen
de
Pedrito».Pregunto a la joven
si
no
se
siente más identificada con los nuevosídolos juveniles: Parchís, Menudo, Chamos, Okidoki, Timbiriche, LosBukis: «Los cantantes de ahora son muy diferentes. René,
el
ex-Menudo,
es
muy guapo y todo, pero no
me
gusta mucho que
se
ponga aretesy cosas de mujer. Pedro
es
otra
cosa: como más señor, más hombre,¡ay! más guapote
...
»
-La
muchacha interrumpe
su
confesión sacudidapor una risa a la que secunda
el
aplauso de otras mujeres que acudierona oírla y también con objeto de opinar: «N'hombre, qué comparación.Pedrito era sencillo, guapísimo y luego con aquel cuerpazo. . . Cambien
el
disco que
se
está rallando
...
»
Luego de un minuto de confusión
e.
indecisiones la voz de Pedro Infante vuelve a dominarlo todo: «Es
Sin
ti»
-me
dice una mujer bajita y enlutada. Noto que sus ojos
es-
tán húmedos. Como para explicar su llanto silencioso dice: «Sin ti
...
sin él. ¿Cómo hemos podido vivir sin él? Desde aquel domingo en queoí la noticia de
su
muerte
...
»Un vecino
se
apresura a intervenir: «No,
me
perdona,
no
era domingo sino lunes cuando anunciaron por radio la noticia de
su
muerte.
Me
acuerdo que estaba
yo
trabajando en
el
molino cuando lo supe. Enseguida bajé la cortina del negocio y me
fui
al Panteón Jardín para acompañar a Pedro hasta su última morada
...
»
Nosotros,
el
puebloEn
el
deseo de acercarse al ídolo, de apropiarse de
su
imagen, surgenlas voces nuevamente: «Conocí a Pedrito cuando era niña y tuve
el
privilegio de que
me
cargara en brazos». «Yo estuve cerquita, cerquita de
él
en un festival que organizó
el
Departamento. Vino a cantarnos conmucho gusto porque, como
él
decía, ante nadie cantaba mejor que antenosotros,
el
pueblo.» «Yo lo vi en
el
aeropuerto, de pasadita
...
»La
voz de un hombre
se
impone: «Nunca
me
perdí
ni
una sola de sus películas y aunque
en
vida no tuve oportunidad de conocerlo, pues lo acompañé
el
día en que lo enterraron. Estuve muy cerquita de
la
caja, queera de color gris. Sí, lo
vi
todo
...
»Ante la gravedad de esas palabras todos guardan silencio. Hombresy mujeres toman
su
sitio
en
las sillas que están pegadas a la pared. Unamujer vuelve a poner
el
disco y mientras
se
oyen los versos de Pepe Guízar
-Sin
ti,
no podré
vivir
jamás/
y pensar
que
nunca
s
estarás
jun-
to a
..
-
don Justino González Ruiz cuenta lo que
vio
la mañanaen que enterraron a Pedro Infante.
218
Flor
y
canto«Era lunes. Tempranito estaba yo trabajando en el molino de nixtamal.Tenía prendido
mi
radio
y
por· eso oí bien cuando a las 7:55 de
la
nltañana un locutor de la XEW dijo: 'Señoras y señores: me
es
muy pen?sodarles la noticia de que Pedro Infante, nuestro incomparable
Pednto,
ha muerto'. La noticia
me
impresionó tanto que no supe
ni
qué locutorestaba hablando. Lloré,
p:na
qué voy a negarlo, y pensé: Cómo va aser que
yo
no acompañe a Pedrito en
el
panteón
si él
me ha hecho tanfeliz con sus películas y sus canciones. Y me fui a acompañar'.
ya
noal actor sino
al
hombre que fue tan sencillo, tan generoso, tan Jaladorcon todos los mexicanos
...
«Yo estaba triste, igual que
si
se
me hubiera
mue~tou~
pariente
.
Me
apuré para llegar pronto al Panteón Jardín. No
~e
Imagn~a
l~
cantidad
de
personas que estaban allí: hombres, mujeres,
mfio~,
anc1amtos
~todo
el
mundo lloraba lamentándose por la muerte
de
Pednto. No tuve tiempopara comprarle flores, pero noté que bastantes personas traían
en
la
m~o
una ramita, una flor: eso sí, todas rezaban y lloraban. Otros
se
pusieron a cantar junto con los mariachis, que no
quién llevó
...
«Yo tenía un nudo en la garganta.
Por
eso no tuve fuerzas para cantar
ni
nada, pero en cambio logré ir pegadito a la
~aja
metálica ,cuandola bajaron de la carroza.
Pude
ver, como de aqm a donde esta usted,a
su
hermano Pepe y también a María Luisa León, a
lrma
Dorantes
Y
a Lupita Torrentera, sus viudas
...
Sí, tuvo muchas
espo~as
pero nosotros
no
podemos juzgar a Pedrito por lo que hizo o no
h1zo
..
Con todoy que
lo
hayamos querido y admirado tanto no podemos olndarnos deuna cosa: Infante era después de todo un hombre corr0
nosotr.o~
Y
poreso, por sus cosas humanas, digamos,
es
por lo que nos identificamostanto con
él
...
«Allá
en
el
Panteón Jardín estuve un buen rato: tres o cuatro horas.Todo era puro dolor. La gente lloraba, rezaba. Se hizo casi un motíncuando empezaron a bajar la caja a la fosa. Entonces
to?o
el
m.undoquiso acercarse para echar sobre la caja de Pedro un puñito de tierra,una flor, aunque fuera no más una lágrima.
De,
ver
to~a
esa gente
com~
que
me
espanté
y
me hice a un lado. Me
sub1
a un arbol y desde alhlo
vi
todo: harto sol y mucha, mucha tristeza
...
»
Negrete comía
pan
La emoción corta
el
relato de don Justino que inclina la cabeza paraocultar sus lágrimas. Su vecina extiende la mano y toca
suavemen~e
subrazo en señal de solidaridad. Mientras recobra la calma, las mujeresvan
d~rramando
frases como aquella mañana de
1957
hace
27
años, enque arrojaron puñitos de tierra sobre el ataúd de Pedro Infante:
219

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