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PRIMER PREMI “OVELLES ELÈCTRIQUES” DE RELATS DE CIÈNCIA-FICCIÓ, FANTASIA I TERROR 
PRIMER PREMIO “OVELLES ELÈCTRIQUES” DE RELATOS DE CIENCIA FICCIÓN, FANTASÍA Y TERROR 
 
1
 
 
SEGONA POSICIÓ
SEGUNDA POSICIÓN 
“Humedades”
De Felipe Martínez de Anguita d’Huart 
 Madrid 
Luis lleva una semana viendo llover. Su mujer dijo que le abandonaba y fue cerrar la puerta, llegar las nubes, cubrirse el cielo y diluviar. Parecía que latormenta pasaría pronto, pero de eso hace ya siete días. Siete días en los queLuis no ha salido de su casa, en los que lo único que ha hecho ha sido mirarpor la ventana. Desde el amanecer hasta el atardecer ha fijado la vista en uninfinito inexistente y se ha imaginado dejándolo todo, largándose a vivir unaaventura a algún país lejano y exótico; empezando de nuevo, conociendo otrasculturas, otras personas y viviendo despreocupadamente. Siente cómo todo sele cae encima: sabe que pronto le llamarán del trabajo para preguntarle porqué lleva tantos días sin ir a la oficina, que el teléfono sonará y será algúnabogado matrimonialista con una demanda de divorcio y que pronto su casadejará de ser suya. Por eso le da igual la gotera que ha salido en el salón dearriba. Apareció al segundo día de lluvia, una pequeña mancha húmeda con un
 
PRIMER PREMI “OVELLES ELÈCTRIQUES” DE RELATS DE CIÈNCIA-FICCIÓ, FANTASIA I TERROR 
PRIMER PREMIO “OVELLES ELÈCTRIQUES” DE RELATOS DE CIENCIA FICCIÓN, FANTASÍA Y TERROR 
 
2
fino cerco grisáceo en los bordes y un abombamiento de la pintura en su partecentral. Al principio, cuando parecía que algún día dejaría de llover, Luispensó en llamar al seguro para que lo arreglasen, pero en seguida llegó a laconclusión de que no era su problema. Lo único que hizo fue cerrar la puertay subir la calefacción para ver si conseguía secar la mancha y que no fuera apeor. Pero esa noche, el ruido de las primeras gotas cayendo desde el techosobre la mesa de cristal, en la que de recién casados solían jugar a las cartas, ledespertó. El incesante goteo retumbaba en el silencio de la casa pero Luis seacostumbró pronto y se dejó mecer por su cadencia como si el temporal lecantase una nana. No fue hasta dos días después cuando Luis entró en lahabitación a ver si la gotera se había secado. Al abrir la puerta, una bocanadade calor y de humedad le sacudió, la mancha se había extendido por todo eltecho, y las paredes empezaban a cubrirse de moho y a teñirse de un verdeazulado, como si tuvieran una hemorragia interna.Luis casi sonrió pensando la sorpresa que se iba a llevar su mujercuando se encontrase con ese desastre, así que cerró la puerta y volvió a suhabitación a seguir viendo llover. Aún tardó dos días más en volver a entrar en la habitación para ver laevolución de su pequeña venganza no planeada, pero esta vez se asustó al verel panorama. El moho se había convertido en una especie de musgo suave quelo recubría todo como si fuera terciopelo y, de ese mismo musgo por el que elagua chorreaba ahora como por las piedras de las que mana un río, habían
 
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3
empezado a nacer plantas y helechos con una rapidez sorprendente. Luis bajócorriendo al garaje en busca de unas tijeras de podar para poner fin a aquellalocura y se pasó una tarde entera podando su salón hasta devolverlo a unestado algo menos silvestre, pero a la mañana siguiente, allí donde habíacortado una rama, habían brotado dos y con más fuerza y vigor.Entre la vegetación cada vez más abundante, la humedad de las paredesy el calor de los radiadores, se creó un microclima tropical y, en cuestión dedías, el salón ya era inaccesible, parecía un invernadero de plantas exóticas quecrecían desordenadas y frondosas, y lo malo es que empezaban a extendersepor el resto de la casa.En el tiempo que Luis bajaba al sótano a por más bolsas de basura enlas que meter los restos de su poda indiscriminada, los helechos y el musgo yaavanzaban por el pasillo hacia su dormitorio. Tras un día entero de lucha, loúnico que había conseguido era que las lianas que colgaban del techo no leimpidieran el acceso a su propio dormitorio, pero cuando se despertó al díasiguiente, después de haber caído rendido en la cama, las lianas arrastraban yapor el suelo y, para su desesperación, arraigaban convirtiendo sus tallos enrobustos troncos.Luis tuvo que emplearse a fondo esa mañana, usando un cuchillo decocina a modo de machete, para abrirse paso entre la densa maleza hasta elcuarto de baño. Ese mediodía decidió dar por perdido el primer piso de sucasa y concentrarse en salvar la planta baja. Cogió la ropa que pudo del
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