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Fitzgerald, F. Scott - A Este Lado Del Paraiso

Fitzgerald, F. Scott - A Este Lado Del Paraiso

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FRANCIS SCOTT FITZGERALD A este lado del paraíso
FRANCIS SCOTT KEY FITZGERALD (1896-1940)por Hernán Poblete VarasI¡Todos ustedes son una generación perdida! —dijo eldueño del garaje al joven mecánico que tratabainútilmente de arreglar el Ford T de Gertrude Stein. Laescritora, que estaba presente, hizo suya la frase, quetambién Ernest Hemingway usó como epígrafe en suprimera novela. Con el tiempo, la expresión fueperdiendo su significado inicial según la aplicaba elhombre del garaje a la muchedumbre de ex combatientesde la Primera Guerra Mundial, en que abundaban losbohemios, los alcohólicos, los drogadictos, losabandonados a la suerte.Para Gertrude Stein aquello de la "generación perdida"pasó a ser símbolo de la progenie de jóvenes ytalentosos intelectuales norteamericanos queabandonaban la patria para instalarse en Europa yespecialmente en París. Se vivían los "locos añosveinte'', la ''era del jazz" y "París era una fiesta'',
 
un lugar en que la pobreza y la gloria andaban de lamano y en el que la alegría de vivir era la justarevancha después del conflicto.La juventud de casi todo el mundo había tenido quesoportar —ya fuera de cerca, de lejos o en el propiofrente de batalla— cuatro años de ratas y piojos, deepidemias y de heridas purulentas en las trincheras debarro de la Primera Guerra, peleando a menudo con unenemigo invisible. Hemmgway había combatido en Italia;Ford Madox Ford, junto a las tropas inglesas en elnorte de Francia; J.R.R. Tolkien se había salvadogracias a la ''fiebre de las trincheras" que obligó aevacuarlo hacia su patria galesa; Charles Péguy murióen una de las escaramuzas iniciales: "agáchese,teniente Péguy" gritó uno de los soldados, pero Péguyno escuchó y una bala acabó con uno de los grandescerebros de su tiempo; Guillaume Apollinaire recibió enla cabeza la herida que desde entonces hasta su muerteluciría como una corona de macabros laureles. FrancisScott Fitzgerald se enroló en el ejércitonorteamericano, pero no consiguió que lo enviaran alcombate. Fue una de sus grandes frustraciones.Descendiente de irlandeses, F. Scott Fitzgerald nacióen St. Paul, Minnesota, el 24 de septiembre de 1896. Ensu época de estudiante frecuentó algunos de los másprestigiosos establecimientos de educación media ysuperior: la Academia de St. Paul en su ciudad natal,el Colegio Newman y, finalmente, Princeton, centro deestudios envidiado por muchos. Fueron hermosos añosentre la adolescencia y la juventud, años de encuentrocon una generación en que brillaban los oropelessociales y económicos.Inteligente, entusiasta, creador, simpático,Fitzgerald se destacó muy pronto entre suscondiscípulos de Princeton y allí comenzó a hacer susprimeros
aprontes
literarios entre el entusiasmo de suscamaradas. ¿Fue un buen estudiante? No lo sabemos, perosí que abandonó Princeton sin terminar los estudios y
 
con una gran desilusión: nunca lo incorporaron alequipo oficial de fútbol.Princeton inacabado, fútbol inalcanzable y —poco mástarde— una incorporación al ejército sin conseguir eldestino al frente de batalla. Tres posibles fracasos,pero más que eso —como anota un crítico— unaconfirmación de un sentimiento hondo en Fitzgerald:siempre andaba cerca de sus objetivos, los palpaba, sinatraparlos. También los futuros éxitos fueron huidizos.No siempre fracasos, pese a todo, pues en Princetonlogró el escritor primerizo su primer contacto con loque sería una de las claves de sus obras: la existenciafrivola y despreocupada de una casta socialtodopoderosa por aquellos días. Las experiencias dePrinceton cuajaron en una novela ejemplar:
A este ladodel paraíso
, libro esencialmente autobiográfico ytestimonial que le dio inmediata fama entre el públicoy la crítica. De ahí en adelante, vertiginosamente, sele abrió un camino triunfal. La gloria acudía hacia éla una edad en que otros buscan con más afanes queresultados.Con todo, el destino de Francis Scott Fitzgerald fuesiempre una paradoja: por años había admirado y amado auna muchacha, Zelda, que lo rechazaba sistemáticamente.Con el éxito vino la definitiva conquista. Elmatrimonio de Scott Fitzgerald y Zelda Sayre apareciócomo el más radiante ejemplo de la felicidad a lamanera de los "años locos". Bellos, alegres, cultos,sociables, eran el centro de la vida mundana y a la vezintelectual. Lo que Fitzgerald desconocía era que Zeldaestaba herida por una esquizofrenia que acabaría porenloquecerla.Después del éxito literario y pecuniario de
A estelado del paraíso
se abrieron para el escritor laspuertas de la sociedad dorada y las páginas de lasprincipales revistas. Sus cuentos eran solicitados,publicados, aplaudidos y reunidos por último erívolúmenes que los lectores se arrebataban. Así nacieron
Coquetas y filósofos
(Flappers and Philosophers, 1920),

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