EL HOMRE DE CINCUENTA AÑOS Y OTROS
Johann Wolfgang Goethe
EL HOMBRE DE CINCUENTA AÑOSA fin de complacer la costumbre del respetable público que desde hace ya cierto tiempogusta de ser entretenido por entregas, en un principio se nos ocurrió ofrecerle el siguienterelato dividido en varios apartados. Sin embargo, su cohesión interna, considerada enfunción de los sentimientos, propósitos y acontecimientos que la constituyen, reclamabauna presentación ininterrumpida. Ojalá que ésta alcance su objetivo y al mismo tiemposepa hacer patente al final de qué modo los personajes de este suceso independiente estáníntimamente imbricados con aquellos otros a los que ya conocemos y apreciamos.
El comandante estaba entrando en la heredad a lomos de su caballo cuando vio queHilarie, su sobrina, ya se había apostado a recibirlo en las escalinatas que conducen al palacio. A duras penas pudo reconocerla, pues, una vez más, la halló más alta y máshermosa. Ella salió volando a su encuentro, él la apretó paternalmente contra su pecho ylos dos subieron a toda prisa para ver a la madre de la joven.A su hermana, la baronesa, la llegada del comandante le resultó igualmente bienveniday, cuando poco después Hilarie se fue a preparar el desayuno, el comandante le dijoanimadamente:-Por esta vez puedo ser breve y decir que nuestro asunto está resuelto. Nuestro hermano,el mariscal mayor, ya se ha dado cuenta de que no consigue apañárselas ni con arren-datarios ni con administradores. Así pues, está dispuesto a legarnos en vida sus propiedades a nosotros y a nuestros hijos. Es verdad que los honorarios anuales que nos pide a cambio son elevados, pero siempre podremos pagárselos: al fin y al cabo, con estatransacción ya estamos ganando mucho para el presente y todo para el futuro. Quiero quelas nuevas instalaciones queden como es debido lo antes posible. Ahora que espero poder retirarme pronto vuelve a abrirse ante mí la perspectiva de una vida activa que puedasernos claramente beneficiosa tanto a nosotros como a los nuestros. Así podremos asistir tranquilamente al crecimiento de nuestros hijos y ya sólo dependerá de nosotros y deellos que se acelere su enlace.-Todo eso estaría muy bien si no fuera porque tengo que revelarte un secreto que yomisma acabo de averiguar -repuso la baronesa-. El corazón de Hilarte ya no está libre.Poca o ninguna esperanza le queda a tu hijo por esta parte.-¿Qué dices? -exclamó el barón-. ¿Es posible? ¡Mientras nosotros hacíamos toda clasede esfuerzos para asegurarnos un futuro, ahora resulta que los afectos nos juegan unamala pasada semejante! Dime, querida, dímelo enseguida: ¿quién es el que ha logradoatrapar el corazón de Hilarie? Por otra parte, ¿seguro que ya es algo tan serio? ¿No serámás bien una impresión pasajera que todavía estamos a tiempo de sofocar?-Antes tienes que reflexionar un poco y adivinar -objetó la baronesa, incrementando asísu impaciencia.
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El presente relato aparece integrado en la novela
Los años de peregrinaje de Wilhelm Meister,
cuyaversión definitiva data de 1829.
En esta novela que bien cabe llamar experimental, los avatares de losdistintos personajes que el lector ya conocía por el primer
Wilhelm Meister (Los años de aprendizaje)
aparecen mezclados en aparente desorden con toda clase de relatos e inclusiones aparentementeindependientes y que, sin embargo, mantienen una cohesión simbólica, no siempre evidente, con lahistoria principal.
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