La comida no le preocupa a Hor. La substancia de la que están hechas paredes ycolumnas es comestible -al menos para él-. Es una masa amarillenta, ligeramentetransparente, que sacia muy de prisa el hambre y la sed. Además las necesidades deHor son escasas en este sentido.El paso del tiempo no significa nada para él. No tiene posibilidad de medirlo,excepto con el latido de su corazón. Pero éste es muy desigual. Hor no conoce losdías ni las noches, siempre le rodea la misma penumbra.Cuando no duerme, vaga de un lado a otro, pero no persigue ninguna meta. Essencillamente un impulso, una necesidad que le divierte satisfacer. Sólo de vez encuando llega a una pieza que cree reconocer, que le parece conocida, como si yahubiese estado en ella en tiempos inmemoriales. Por otro lado, señalesinconfundibles le permiten a menudo inferir que pasa por un lugar en el que yaestuvo una vez -una esquina mordisqueada, por ejemplo, o un montón deexcrementos resecos-. Sin embargo, la pieza en sí le resulta a Hor tan extrañacomo las demás. Quizás las habitaciones se transforman durante la ausencia deHor, crecen, se extienden o encogen. Quizás es el paso de Hor el que provoca estastransformaciones, pero a él no le gusta esa idea.Que aparte de Hor alguien habite la casa, me parece imposible. Claro que no hay pruebas de ello debido a la inimaginable amplitud de la construcción. Es tan pocoimposible como probable.Muchas habitaciones tienen ventanas, pero éstas sólo se abren a otras piezas,generalmente más amplias. Aunque la experiencia no le ha enseñado hasta ahoranada diferente, a veces Hor imagina que llega a una última pared extrema cuyasventanas ofrecen una vista de algo completamente distinto. Hor no puede decir loque podría ser, pero a veces se entrega a largas reflexiones sobre ello. Sería falsoafirmar que anhela esa vista -es sólo una especie de juego, un inventar intencionado de diversas posibilidades-. En sus sueños, sin embargo, Hor hadisfrutado a veces de tales vistas, aunque al despertar no recordara nada digno demención. Sólo sabe que era así y que solía despertarse anegado en lágrimas. PeroHor le da poca importancia, lo menciona porque es extraño...Me he expresado mal. Hor no sueña nada, y no tiene recuerdos propios. Y sinembargo, toda su existencia está llena de los horrores y goces de experiencias queasaltan su espíritu a la manera del recuerdo súbito.Claro que no siempre. A veces su espíritu permanece mucho tiempo como unasuperficie de agua inmóvil, pero en otros momentos estas experiencias le asaltan por todos los lados, le acosan, le golpean como rayos y entonces corre por los pasillos vacíos, se tambalea, hasta que cae agotado al suelo y se queda tumbado yvomita. Pues ante esto Hor se halla indefenso.A la manera del recuerdo súbito. ¿Lo dije así?Me llamo Hor.
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