Günther Grass El tambor de hojalata
tierra y del barro humano. Desde allí abajo, donde está confinado, descubre —como aquella noche,cuando, agazapado bajo la mesa familiar, sorprendió los nerviosos movimientos adúlteros de las piernas y los pies de sus parientes— que en sus formas más directas y simples, las más terrestres y plebeyas, la vida contiene posibilidades formidables y está cuajada de poesía. En esta novelametafórica, esto se halla maravillosamente representado en una imagen recurrente en la memoriade Óscar: el cálido y acampanado recinto que conforman las cuatro faldas que usa su abuela, AnaKoljaiczek, cuando ésta se agacha, y que ofrece a quienes buscan allí hospitalidad un sentimientocasi mágico de salvaguarda y de contento. El más simple y rudimentario de los actos, al pasar por lavoz rabelesiana de Óscar, puede transubstanciarse en un placer.¿Voz rabelesiana? Sí. Por su jocundia y su vulgaridad, su desparpajo y su ilimitada libertad.También, por el desorden y la exageración de su fantasía y por el intelectualismo que subyace alcarácter populachero de que se reviste. Aunque leída en una traducción, por buena que ésta sea (esel caso de la que presento) siempre se pierde algo de la textura y los sabores del original, en
El tambor de hojalata
la fuerza poco menos que convulsiva del habla, del vozarrón torrencial delnarrador, rompe la barrera del idioma y llega hasta nosotros con fuerza demoledora. Tiene elvitalismo de lo popular pero, como en el
Buscón
, hay en ella casi tantas ideas como imágenes y unacompleja estructura organiza ese monólogo aparentemente tan caótico. Aunque el punto de vista estercamente individual, lo colectivo está siempre presente, lo cotidiano y lo histórico, menudosepisodios intrascendentes del trabajo o la vida hogareña o los acontecimientos capitales —la guerra,las invasiones, los pillajes, la reconstrucción de Alemania—, si bien metabolizada por el prismadeformante del narrador. Todos los valores en mayúscula, como el patriotismo, el heroísmo, laabnegación ante un sentimiento o una causa, al pasar por Óscar, se quiebran y astillan como loscristales al impacto de su voz, y aparecen, entonces, como insensatas veleidades de una sociedadabocada a su destrucción. Pero, curiosamente, el catastrofismo que el lector de
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percibe inscrito en la evolución de la sociedad, no impide que ésta, mientras se deslizahacia su ruina, sea siempre vivible, humana, con seres y cosas —paisajes, sobre todo— capaces dedespertar la solidaridad y la emoción. Ésta es, sin duda, la mayor hazaña del libro: hacernos sentir,desde la perspectiva de las gentes humildes entre las que casi siempre se mueve, que la vida, aun enmedio del horror y la enajenación, merece ser vivida.A diferencia de su gran versatilidad estilística, llena de brío inventivo, la estructura de lanovela es muy sencilla. Óscar, recluido en un sanatorio, narra episodios que se remontan a un pasado mediato o inmediato, con algunas fugas hacia lo remoto (como la risueña síntesis de lasdiversas invasiones y asentamientos dinásticos en la historia de Danzig). El relato mudacontinuamente del presente al pasado y viceversa, según Óscar recuerda y fantasea, y ese esquemaresulta a veces un tanto mecánico. Pero hay otra mudanza, también, de naturaleza menos obvia: elnarrador habla a veces en primera persona y otras en tercera, como si el enanito del tambor fueraotro. ¿Cuál es la razón de este desdoblamiento esquizofrénico del narrador a quien vemos, a veces,en el curso de una sola frase, acercarse a nosotros con la intimidad abierta del que habla desde unyo y alejarse en la silueta de alguien que es dicho o narrado por otro? En la casa de las alegorías ylas metáforas que es esta novela haríamos mal en ver en esta identidad cambiante del narrador unmero alarde estilístico. Se trata, sin duda, de otro símbolo más, que representa aquella doblez oduplicación inevitable que padece Óscar (¿que padece todo novelista?), al ser, simultáneamente, elnarrador y lo narrado, quien escribe o inventa y el sujeto de su propia invención. La condición deÓscar, desdoblándose así, siendo y no siendo el que es en lo que cuenta, resulta una perfectarepresentación de la novela: género que es y no es la vida, que expresa el mundo realtransfigurándolo en algo distinto, que dice la verdad mintiendo.Barroca, expresionista, comprometida, ambiciosa,
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es, también, lanovela de una ciudad. Danzig rivaliza con Óscar Matzerath como protagonista del libro. Esteescenario se corporiza con rasgos a la vez nítidos y escurridizos, pues, como un ser vivo, estácontinuamente cambiando, haciéndose y rehaciéndose en el espacio y en el tiempo. La presencia3
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