Solitario y torturado, de no haber sido un filósofo brillante, su vidahabría merecido ser atendida por la tensión con que fue vivida. Enfermizo,irritable y polémico, no estuvo exento de furibundas y frustradas historiasde amor. Pero Nietzsche fue, fundamentalmente, un pensador.Uno de sus tantos pecados fue creer en él en demasía. “¿Por qué soy tansagaz?”, decía de sí mismo. Su otro gran pecado fue ir en contra de lacorriente.En el siglo XIX, según sus hombres más lúcidos, había resuelto losgrandes problemas del hombre. La evolución de la imprenta, el telégrafo,el ferrocarril, los grandes barcos, el industrialismo, anunciaban al mundoque se estaba entrando en el paraíso; paraíso que se vería materializado enel nuevo siglo, el XX.A ese paraíso, suponían algunos, se arribaría masivamente. Lasreivindicaciones sociales estaban a la orden del día y la revoluciónconstituía un horizonte posible. Nietzsche vino a aguar la fiesta. Desnudó la hipocresía del mundo, dijoa los gritos aquello que muchos no se atrevían a decir ni en voz baja ylanzó su gran idea del Superhombre. Es decir, el individuo y no la masa,según él, sería el salvador del mundo.Durante décadas se ha querido personificar en Nietzsche al filósofo pesimista, al “nihilista”. Pero se debe reconocer que el impulso original desu filosofía es el “decir sí” a la vida, de cualquier manera y en cualquier circunstancia. La felicidad, afirma, no está en creer sino en saber. Saber todo es casi imposible, por eso el hombre es infeliz. Sin embargo, bien valeel intento, parece decirnos.Muchas de sus teorías fueron criticadas por sus contemporáneos.Algunas de ellas, ni siquiera discutidas. Entre estas últimas, pasóinadvertida su propuesta de que el pensador del futuro debía unir elactivismo europeo-americano con la contemplatividad “asiática”. Estamezcla conduciría hacia la solución de los enigmas del mundo, preconizó.Un siglo después de su muerte, gran parte del mundo se afana por unir la racionalidad occidental con la espiritualidad oriental, en un intento por alcanzar la perdida armonía.
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