5
aclarar numerosos equívocos. Skinner insiste en que el «conductismo» noes la ciencia del comportamiento, sino la filosofía sobre la cual se basa dichaciencia. Disipa muchas dudas y equívocos relacionados con la forma derecoger datos en psicología científica, con el lugar de los hechos internos enuna ciencia objetiva, y con la dignidad humana. Una ciencia delcomportamiento, de la misma rigurosidad de la física moderna, es tan«humanista» como pueda serlo cualquier otra disciplina; ciencia yhumanismo no tienen por qué oponerse, pero hay pautas culturales queconsideran que estudiar científicamente al hombre implica destruir losvalores humanos más preciados. Existe en la cultura un deseo, una«esperanza» de probar que el hombre no puede estudiarse científicamenteporque esto implicaría destruir las tradiciones más preciadas; hoy sabemosque formamos parte de la naturaleza, y que los valores humanos puedenseguir existiendo dentro de un contexto científico.Con el título de la presente obra, Skinner, que sin duda es el psicólogomás conocido de nuestros días, revive una antigua polémica relacionadacon las «escuelas» psicológicas. Como es bien sabido, las «escuelas»representaron una especie de crisis adolescente de la psicología, yaparecieron entre 1912 y 1937; luego se integraron a la ciencia psicológica,dejando, sin embargo, un énfasis central en ciertas áreas de trabajo y enciertos métodos. Hoy no existe una «escuela» gestaltista, ni una «escuela»estructuralista a la manera de Wertheimer en el primer caso, o de Wundten el segundo. Hay énfasis diferenciales en ciertas áreas y en ciertosmétodos. El conductismo de Watson fue una «escuela» que se integró alcuerpo del conocimiento de la psicología contemporánea después de ampliarsus fronteras y de eliminar numerosas exageraciones. En muchaspublicaciones hemos defendido esta tesis, que las escuelas psicológicasdesaparecieron hace varias décadas; fueron una etapa de desarrollo de lapsicología, que ya, por fortuna, se superó. Sin embargo algunas personascreen que es posible clasificar a los psicólogos según la «escuela» a la cualpertenece; Skinner, claro está, sería un conductista; muchos se extrañaránal observar la forma como estudia los hechos internos y sus relacionesfuncionales. Es bueno anotar que, para Skinner, el conductismo es unafilosofía, no es la ciencia del comportamiento. Esta filosofía puede discutirsey el presente libro se dedica a la tarea de hacerlo.En el verano de 1973 tuvimos la oportunidad de cambiar ideaspersonalmente con B. F. Skinner en Harvard sobre este libro, que estabasolamente en borrador en esa época. Skinner insistía mucho en losequívocos que existían en torno al análisis experimental delcomportamiento, y se mostró deseoso de ayudar a disiparlos. La ciencia delcomportamiento se mira con mucho recelo; parece que, por primera vez en
6
la historia, se ha logrado tener una ciencia que estudie los actos humanoscon el mismo nivel de rigurosidad de las disciplinas más avanzadas; pero lacultura no quiere realmente entender al hombre en términos científicos y seha tratado en muchas formas de impedir el avance de esta disciplina. Detodos modos, Skinner es optimista sobre el futuro, y lo alientaespecialmente ver la forma como se ha «internacionalizado» el análisisexperimental del comportamiento.La literatura psicológica en castellano se enriquece con este importantelibro, que dará mucho que pensar a los psicólogos, y también a los filósofosy a los políticos. Tanto los amigos como los enemigos del análisisexperimental del comportamiento tienen mucho que aprender en esta obra.Representa un trabajo maduro y elaborado, fruto de profundas reflexionesllevadas a cabo por uno de los hombres más creadores y originales del siglo
XX
.
R
UBÉN
A
RDILA
Bogotá, Colombia Noviembre 1974