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Guillermo Aníbal Gärtner TobónProfesor Asociado – Universidad Tecnológica de PereiraGrupo de Investigación sobre conflicto social y prevención de la violencia yla criminalidad Observatorio de la convivencia, seguridad ciudadana yderechos humanos.
DOCUMENTO DE TRABAJO.
Tema: expansión territorial de la actividad criminal. Diferencias o conexidades entrePereira y Bogotá.
 Dos hombres, conocidos en las calles de Bogotá como ‘Gancho’ o ‘Rigo’ y ‘Peligroso’,controlaban todos los movimientos de la zona. Las autoridades mantienen en reserva susverdaderas identidades, pero revelaron que son del Eje Cafetero y tienen nexos con bandasde sicarios de la zona conocida como Cuba, en Pereira, donde opera La Cordillera, ungrupo de asesinos a sueldo del narcotráfico.”
 http://socioenlinea.blog.lemonde.fr/category/america-latina/ 
05/09/08
 
“Apuntes sobre la violencia en Bogotá 
Comparto el punto de vista deleditorsobre la parcialización de
 El Tiempo
en sutratamiento informativo sobre Bogotá. Parece como si las directivas del diario no sehubieran aún repuesto de la pérdida de la alcaldía del candidato de la casa editorial de haceunos años,
Juan Lozano
.El caso de bala perdida que referí en lanota anteriorno es algo que se le pueda imputarexclusivamente a la actual alcadía. Por desgracia, un hecho como este es el síntoma de unasituación mucho más compleja y más antigua. En la nota quise señalar que ese esa balarefleja el funcionamiento habitual de una parte de la sociedad, la que ajusta sus problemas abala (o a machete, o a botellazos, o a trompadas). La bala perdida que mató al profesorEcheverrimató también a un bebéla semana pasada.Sería iluso suponer que la simple prohibición del porte de armas eliminaría tajantementeeste tipo de hechos. Claro que no lo haría, al menos por dos factores de peso: el primero esque muchas de las leyes que existen se cumplen poco en Colombia (piénsese que la
 
Constitución actual le dedica más de 80 artículos a los derechos humanos y civiles de loscolombianos). Por tanto, una prohibición de este estilo seguramente redundará en unaumento del mercado negro de armas. La segunda razón se refiere a algo más profundo: loscomportamientos sociales son muy difíciles de cambiar. Modificar un comportamiento (eneste caso, el hábito de arreglar las cuentas a la manera del lejano oeste) exige tiempo ysupone trabajar las conciencias de las personas. En el caso colombiano, es prioritariodeslegimitar el uso de la violencia.Pienso que una campaña de desarme ciudadano debería estar enfocada en este sentido. Algosimilar a lo que hizo Mockus con la entrega de pistolas. Al hombre lo criticaron porquecomparaba changones caros; es posible que así haya sucedido en ocasiones (en unaeconomía pobre la gente vende los cuchillos de la casa si es necesario). Pero este me pareceun costo marginal dentro de un programa de cultura ciudadana.
¿Acaso alguien haevaluado cuánto cuesta cambiar un hábito? Les aseguro que cuesta mucho más quedinero.
Por eso, siempre y cuando incluyan una reflexión en este sentido, apoyo lasiniciativasdestinadas a prohibir el porte de armas.Pero el problema de la violencia en Bogotá es aun más complejo. Porque además de lasprácticas violentas comunes y de las balas perdidas, hay en Bogotá -como en todas lasgrandes ciudades de Colombia- balas muy bien orientadas. Comoestas, que estánprotegidas por camionetas y vidrios polarizados:
 La gente los reconoce. Todos saben que los encargados de la “limpieza social” atraviesanla localidad en tres camionetas con vidrios polarizados: una blanca, una negra y otra roja. Los jóvenes los llaman “Los rayas” o “Los tiras”. Saben que liquidan a los violadores, alos raponeros, a los marihuaneros. “Si estos jóvenes que tienen problemas estánidentificados, ¿por qué no los inscriben en un proceso de resocialización? La respuesta essimple. “Es más barato matarlos”, dice un anónimo líder de la zona.
 La “limpieza social” sigue vigente en muchos barrios de Bogotá. Porque hay una distanciaentre el colombiano que saca su pistola en un momento de viva pasión (“Colombia espasión”) y el colombiano que organiza, planea y ejecuta su plan. En Bogotá existe
también
 un mundillo de profesionales de la bala, con sus escuelas, sus profesores, su sede propia:
 El Tiempo, junio 18 de 2008 Encuentran escuela de sicarios en los Mártires, en el centro de Bogotá
 
 La Sijín de Bogotá buscaba un expendio de droga y se encontró con un centro deentrenamiento. En el lugar había huellas de impactos de proyectiles de armas de fuego yun maniquí. Investigadores de la Sijín de Bogotá encontraron una escuela subterránea paraentrenamiento de sicarios mientras buscaban una olla (expendio de droga) en la llamadacalle del Bronx, en el centro de Bogotá. La ubicaron en una vieja casona de la calle 9a. con carrera 15. Bajo la construcción, enlas paredes de un pasadizo secreto, al que se llega a través de un falso piso, hay huellas deimpactos de proyectiles de armas de fuego de diferente calibre y un maniquí que era elblanco en el que se entrenaban asesinos a sueldo.
 
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