Constitución actual le dedica más de 80 artículos a los derechos humanos y civiles de loscolombianos). Por tanto, una prohibición de este estilo seguramente redundará en unaumento del mercado negro de armas. La segunda razón se refiere a algo más profundo: loscomportamientos sociales son muy difíciles de cambiar. Modificar un comportamiento (eneste caso, el hábito de arreglar las cuentas a la manera del lejano oeste) exige tiempo ysupone trabajar las conciencias de las personas. En el caso colombiano, es prioritariodeslegimitar el uso de la violencia.Pienso que una campaña de desarme ciudadano debería estar enfocada en este sentido. Algosimilar a lo que hizo Mockus con la entrega de pistolas. Al hombre lo criticaron porquecomparaba changones caros; es posible que así haya sucedido en ocasiones (en unaeconomía pobre la gente vende los cuchillos de la casa si es necesario). Pero este me pareceun costo marginal dentro de un programa de cultura ciudadana.
¿Acaso alguien haevaluado cuánto cuesta cambiar un hábito? Les aseguro que cuesta mucho más quedinero.
Por eso, siempre y cuando incluyan una reflexión en este sentido, apoyo lasiniciativasdestinadas a prohibir el porte de armas.Pero el problema de la violencia en Bogotá es aun más complejo. Porque además de lasprácticas violentas comunes y de las balas perdidas, hay en Bogotá -como en todas lasgrandes ciudades de Colombia- balas muy bien orientadas. Comoestas, que estánprotegidas por camionetas y vidrios polarizados:
La gente los reconoce. Todos saben que los encargados de la “limpieza social” atraviesanla localidad en tres camionetas con vidrios polarizados: una blanca, una negra y otra roja. Los jóvenes los llaman “Los rayas” o “Los tiras”. Saben que liquidan a los violadores, alos raponeros, a los marihuaneros. “Si estos jóvenes que tienen problemas estánidentificados, ¿por qué no los inscriben en un proceso de resocialización? La respuesta essimple. “Es más barato matarlos”, dice un anónimo líder de la zona.
La “limpieza social” sigue vigente en muchos barrios de Bogotá. Porque hay una distanciaentre el colombiano que saca su pistola en un momento de viva pasión (“Colombia espasión”) y el colombiano que organiza, planea y ejecuta su plan. En Bogotá existe
también
un mundillo de profesionales de la bala, con sus escuelas, sus profesores, su sede propia:
El Tiempo, junio 18 de 2008 Encuentran escuela de sicarios en los Mártires, en el centro de Bogotá
La Sijín de Bogotá buscaba un expendio de droga y se encontró con un centro deentrenamiento. En el lugar había huellas de impactos de proyectiles de armas de fuego yun maniquí. Investigadores de la Sijín de Bogotá encontraron una escuela subterránea paraentrenamiento de sicarios mientras buscaban una olla (expendio de droga) en la llamadacalle del Bronx, en el centro de Bogotá. La ubicaron en una vieja casona de la calle 9a. con carrera 15. Bajo la construcción, enlas paredes de un pasadizo secreto, al que se llega a través de un falso piso, hay huellas deimpactos de proyectiles de armas de fuego de diferente calibre y un maniquí que era elblanco en el que se entrenaban asesinos a sueldo.