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Soziologie als Beruf en Argentina. ¿La ilusión del todo, la realidad de la nada? 
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Existe consolidación de una práctica disciplinaria y profesional cuando los sujetosque afirman cultivar el saber de una disciplina comparten una visión clara y más o menosdefinida del ideal intelectual que persiguen, del lugar institucional que ocupan y del papelde la disciplina dentro de una tradición intelectual en relación con otras disciplinas. En estesentido, con respecto a la sociología, su campo disciplinario y profesional tiene unaexistencia propia en la medida que los sociólogos poseen ideales teóricos compartidos, unatradición disciplinaria afín y un conjunto definido de roles y prácticas institucionalesdestinado a interrogarse sobre problemas comunes. Según este esquema, se intentará en las próximas páginas repasar el modo que en las periódicas rupturas institucionales hanmarcado los rumbos vocacionales y profesionales de los sociólogos argentinos.Si bien la primera cátedra de sociología en el país fue creada en la Facultad deFilosofía, la sociología argentina tiene un origen jurídico. Se originó en los cursosuniversitarios de derecho natural como una síntesis entre el positivismo penal de la escuelaantropológica y la preocupación social del derecho público. Dentro del contexto cultural positivista, la sociología en Argentina apareció a fines del siglo diecinueve como unaherramienta teórica legitima y eficaz para explicar la modernización argentina en el marcodel proceso de construcción del estado y la nación, la conciliación de un pasado hispánico yun proyecto capitalista y la integración de los inmigrantes.Una de sus más importantes influencias resultó ser el pensamiento social de lageneración de 1837, cuyos exponentes utilizaron las contribuciones del pensamiento socialy filosófico de su época para trazar un plan dirigido a modificar de manera sustancial lasociedad argentina; y, con un enfoque realista, se propusieron construir un estado nacional.Su ambición de "poblar, educar y legislar" resume la intención de contribuir a lamodernización de la estructura social argentina. Sin embargo, estos trabajos no reflejaronuna aprensión central por pensar a la sociología como ciencia de la sociedad, a pesar de que
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Este artículo es una revisión resumida de la exposición del mismo nombre realizada en las IV Jornadas deSociología, Universidad de Buenos Aires, noviembre del 2000. Estas ideas son resultado de mi reflexiónsobre la historia de la sociología en Argentina y el fructífero intercambio de opiniones con varios colegas,entre los cuales deseo mencionar a Hernán González Bollo y Miguel Angel Forte. Debo agradecer lainspiración del subtítulo a una expresión usada por Carlos Ameghino para describir el panorama de la paleontología argentina de fines del siglo XIX, y que fue citada en una ponencia de Irina Podgorny, quiengentilmente sugirió su uso.1
 
Echeverría, Alberdi, que según dicen fue el primer intelectual argentino en utilizar la palabra sociología, y Sarmiento conocieron respectivamente las ideas de Saint- Simón,Comte y Spencer. Las obras de estos pensadores argentinos expresaron la necesidad de unenfoque objetivo de la realidad social y de una observación sistemática de los datos sociales pero ellas no aspiraron a la construcción de un discurso sociológico. Estos autores no seamparaban en ninguna tradicn sociológica ni pretendían convertir al saber de lasociología en una disciplina autónoma. Su rol cómo intelectuales puede corresponderse elimaginario de los sociólogos como revolucionarios sociales. En este sentido, los pensadoresdel siglo XIX fueron filósofos sociales capaces de utilizar ideas sociológicas como un saber complementario a una tarea política que tenía un objetivo preciso: El cambio social; perono fueron sociólogos.Más tarde, con la fundación en 1898 de la primera cátedra de sociología en laUniversidad de Buenos Aires, comenzó un movimiento intelectual que buscó superar aestos pensadores. Bajo la premisa positivista compartida, se afirmaba que ciencia proveía elúnico modelo para llegar al conocimiento, un grupo de intelectuales argentinos se acercó ala sociología para buscar una interpretación científica y objetiva de la sociedad. Su producción se orientó a definir claramente un objeto y un método de investigación y presentación de los datos que permitiera diferenciar al conocimiento sociológico de otrossaberes y discursos. Buscaron de esta manera presentar a la sociología como una cienciaautónoma, objetiva y legítima capaz de diferenciarse de la biología, la psicología, la política, la historia y la filosofía. De esta forma, este grupo pensaba que la sociología debía producir una ruptura con el pensamiento social argentino del siglo diecinueve al queacusaban de una ausencia de vocación por el método científico, ya que sus exponentes noeran más que meros periodistas y pensadores en voz alta de divagaciones sugerentes peroinsuficientes para explicar la realidad social. Esta primera ruptura se debía a que los nuevossociólogos creían que los intelectuales del siglo anterior tenían un pensamiento demasiadoabarcativo de la sociedad. Por ejemplo, Juan Agustín García, parafraseando a Azorín,acusaba a la sociología de Sarmiento “de ser nada y representarlo todo”.Las clases de Juan A. García, Leopoldo Maupas y Ernesto Quesada y los debatessurgidos en las aulas durante las dos primeras décadas del siglo XX contribuyeron aconformar a la sociología como una disciplina científica, ya que estos docentes buscaron
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 precisar los limites conceptuales y metodológicos de la sociología como ciencia. De estaforma, el discurso sociológico esbozado aproximadamente entre 1895 y 1915 aspiraba aconstruir un espacio institucional e intelectual autónomo. Para ello, los intelectualesvinculados a la sociología universitaria se ubicaron dentro de una tradición de conocimientosociológico, colocaron sus ideas en un modelo explicativo y se esforzaron por diferenciar lasociología de las otras ciencias sociales. De esta forma, varios docentes de sociologíacolocaron los procedimientos y las técnicas de esta disciplina bajo el amparo de unatradición que aglutinaba a un conjunto de intelectuales y saberes; tradición que inspirada enel legado de Comte, en ese momento histórico, estaba teniendo un acelerado crecimientoinstitucional en los países más avanzados del planeta.Por otro lado, los sociólogos argentinos de comienzos del siglo XX tambiénlograron imponer a la sociología como un ideal explicativo, y creyeron firmemente que losconceptos de la sociología podían explicar la sociedad. Al mismo tiempo, la definición delos objetivos básicos de la disciplina les permitió situar a la sociología como una cienciacon cierta independencia de las demás disciplinas sociales. Por último, buscaron pensar unlugar del sociólogo, es decir, imaginar el lugar y las circunstancias donde los intelectuales pueden aplicar los procedimientos y las técnicas de la sociología, estudiar la sociedad y ser reconocidos por ello. En este caso, para ellos, el sociólogo ideal no era más que uninvestigador social pagado por la universidad o un asesor técnico del estado. Sin embargo, puede verse que la ruptura principal planteada en este período fue la separación de lasociología y la política, por lo cual el rol percibido para los sociólogos semejaba alimaginario del “consejero del príncipe”, pues sus conocimientos permitirían a los líderes políticos predecir y manipular los movimientos de la sociedad.Pero este proyecto de consolidación disciplinaria fracasó en la segunda década delsiglo pasado por una serie compleja de factores que no es posible analizar aquí, pero se puede notar que el elemento más importante fue la imposibilidad en Argentina de surcar enforma completa y definitiva el trayecto que va de un idealismo filosófico al objetivismosociológico. De esta manera, ello obstaculizó la posibilidad de reflexionar la especificidadde la sociología como ciencia. Sin embargo, entre 1900 y 1920 existió sin duda una preocupación por definir a la sociología como un campo autónomo del conocimiento social,un espacio legítimo de producción y reproducción del conocimiento sobre la sociedad
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