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De Croix a Peña Nieto

De Croix a Peña Nieto

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12/04/2013

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De Croix a Peña NietoJesús Gómez Fregoso
2013-02-
08 • Acentos
 
Ayer me comentaba una alumna que Peña Nieto, hablando de la
explosión en el edificio de Pemex, “prohíbe especular” sobre las
causas del accidente y pretende que esperemos el dictamen oficial,
es decir la voz de “la autoridad”: la verdad oficial.
Mi alumna
desconcertada decía: “por lo visto no
puede uno hablar opensar por sí 
mismo; la verdad la tiene el gobierno”.
Mi preocupada alumna merece un cero en Historia de México: norecuerda que esa ha sido la norma a la que, según los gobernantes,tenemos que obedecer los mexicanos.Muy larga, larga en demasía, sería la lista de circunstancias uocasiones en que nuestros mandamases han tratado de someternos alsilencio, pretendiendo que ellos, los que detentan el poder, tienen elmonopolio de la verdad y que nadie, fuera de ellos, puede expresarsu opinión.Recuerdo algunos ejemplos de ocasiones muy dispares. No olvidomi extrañeza cuando Luis Echeverría visitaba el poblado deIxcateopan, en el estado de Guerrero, pocos días después de que lainefable Eulalia Guzmán, excavando en la sacristía del temploparroquial encontró unos huesos que, según su sabia y autorizadaopinión, eran los de Cuauhtémoc.El presidente en turno dijo entonces, palabras más o palabras menos:
“como mexicano y como presidente tengo la con
vicción de que estoshuesos son los de Cuauhtémoc, pero a fin de que mi opinión tengavalor científico nombraré una comisión técnica para que estudie el
asunto”.
 
En efecto se nombró una comisión de arqueólogos, historiadores ymédicos forenses que, después de sesudos y prolongados estudios,dictaminaron que eran huesos de mujer, y de mujer mestiza noindígena. Pero la verdad oficial ya se había dicho.Díaz Ordaz, además de heredar el derecho a sentarse en la sillapresidencial, heredó también el monopolio de la verdad y laautoridad en ciencias históricas y, después de debates entre loslegisladores, dictaminó también, en documento oficial, que elconsumador de la independencia nacional fue Vicente Guerrero.El infeliz de Agustín de Iturbide para nada fue mencionado en losdebates, y esa decisión de Díaz Ordaz, autoridad reconocida enCiencias Históricas, continúa vigente en la historia oficial, mientrasel decreto siga vigente.En Guadalajara tenemos la flamante Rotonda de los JalisciensesIlustres con personajes de mérito indiscutible junto con otros decualidades nada ejemplares.Tenemos ahí estatuas de jaliscienses de muy conocida historiavergonzosa y vergonzante.Menos mal que no han colocado ahí la estatua de Fray AntonioAlcalde o de Don Roberto Cuéllar. Yo creo que el buen fraile, y elqueridísimo Don Rober, desde la otra vida, hubieran agenciadoalgún milagrito para salir de compañías nada recomendables.Pero la orden de Peña Nieto de no especular, de no opinar, de nopensar, tiene un antecedente más importante que los de Echeverría,Díaz Ordaz o los gobernantes tapatíos que deciden quiénes van a laRotonda.El gran antecesor de Peña Nieto es el Marqués de Croix, cuando en1767 decretó la expulsión de la Nueva España de un grupo de gentepensante como Francisco Xavier Clavigero y su grupo a quienes enel pasado Septiembre el Instituto de Investigaciones Históricas de la

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