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Epicuro Carta Herodoto

Epicuro Carta Herodoto

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06/10/2014

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E
PICURO
,
Obras 
. Estudio preliminar, traducción y notas de Montserrat Jufresa. Madrid: Tecnos,1994 (2ª ed.)1
CARTA A HERÓDOTO
 Epicuro a Heródoto, salud 
[35] Para aquellos que no pueden, Heródoto, estudiar con detenimiento cada una de lasobras que he escrito sobre la naturaleza, ni tan sólo examinar las más importantes delas que he compuesto, para éstos precisamente he preparado un compendio de toda midoctrina a fin de que puedan recordar sus principios fundamentales, y en losmomentos precisos, con ayuda de las reglas más importantes, atenderse a sí mismos enla medida en que posean la ciencia de la naturaleza.Pero es necesario también que aquellos que se encuentran ya suficientementeavanzados en el estudio de toda mi doctrina recuerden el esquema de su contenido,reducido a sus principios esenciales. Pues a menudo necesitamos una comprensión delconjunto, pero no tenemos igual necesidad de la de sus partes.[39-46] En primer lugar, nada nace de lo que no existe, porque, si todo naciera de todo,no habría necesidad de simientes. Y, si aquello que desaparece se diluyera en el no ser,todo estaría ya muerto, puesto que no existiría aquello en lo que se habría diluido. Demodo semejante, el universo ha sido siempre tal como ahora es, y siempre será igual,puesto que nada hay en que pueda transformarse, ya que más allá del universo noexiste nada que, penetrando en él, sea capaz de producir un cambio.Es asimismo verdad que el universo está compuesto de cuerpos y de vacío. De laexistencia de los cuerpos nos da testimonio la sensación, en la que es necesario que seapoye el razonamiento al conjeturar acerca de lo desconocido, como ya he dicho antes.Si no existiera eso que nosotros llamamos vacío, y espacio, y sustancia intangible, loscuerpos no tendrían ni por donde moverse, del modo como vemos que efectivamentese mueven. Ahora bien, a excepción de los cuerpos y el vacío, no hay cosa alguna quepodamos imaginar –ni a través de los sentidos, ni por analogía con ellos- como unanaturaleza existente por sí misma y no como aquello que llamamos síntomas ocontingencias.Así, de los cuerpos, unos son compuestos, y los otros, los elementos a partir de loscuales los compuestos se han formado. Estos elementos son indivisibles e inmutables –si es verdad que no todo tiene que destruirse en el no ser, sino que estos elementos hande permanecer indestructibles al producirse la disolución de los compuestos-, ya quesu naturaleza es compacta y no poseen ni lugar ni medio para disolverse. Por tanto, esnecesario que los elementos primeros sean las sustancias indivisibles de los cuerpos.Insisto, el universo es infinito. Pues todo lo que tiene un límite, tiene un extremo, y esteextremo lo es también respecto de otra cosa. De modo que lo que no tiene extremos,tampoco tiene límites, por fuerza tiene que ser infinito y no limitado. Y aún más: eltodo es infinito tanto por el número de cuerpos como por la extensión del vacío.Porque, si el vacío fuera infinito y los cuerpos limitados, éstos no podrían mantenerseen ningún lugar, sino que irían rodando de un lado para otro a través del vacío infinito,sin nada que los sostuviera ni volviera a darles el impulso después de una colisión. Y,si el vacío fuera limitado, no tendrían donde sostenerse los infinitos cuerpos.
 
E
PICURO
,
Obras 
. Estudio preliminar, traducción y notas de Montserrat Jufresa. Madrid: Tecnos,1994 (2ª ed.)2
Además, las partes indivisibles y compactas de los cuerpos, que constituyen loscompuestos y son el resultado de la descomposición de éstos, tienen una cantidadinconcebible de formas distintas. Pues no es posible que diferencias tan acusadasprovengan de unas mismas formas limitadas. De cada una de estas formas existe unacantidad de átomos absolutamente infinita, pero en cuanto a sus diferencias los átomosno son absolutamente infinitos, sino sólo innumerables, si no queremos extender susdimensiones hasta el infinito.Los átomos tienen un movimiento continuo siempre; unos se distancian grandementeentre sí, otros conservan este mismo impulso como vibración cuando son desviadospor otros átomos que se entrelazan con ellos o quedan recubiertos por otros yapreviamente entrelazados. La naturaleza del vacío que aísla a cada átomo es la causade que se comporten así, puesto que no tiene la capacidad de obstaculizar su caída. Porotra parte, la dureza constitucional de los átomos hace que éstos reboten al chocar unoscon otros, hasta que su recíproco entrelazamiento no los hace retroceder después de lacolisión.No existe un comienzo de este movimiento: los átomos y el vacío son eternos.Lo que hemos dicho, si recordamos bien todo el análisis, nos da una imagen suficientepara conocer la naturaleza de las cosas existentes.Y aún más: los mundos existentes son infinitos, tanto los que se parecen al nuestro,como los que son por completo distintos, puesto que los átomos infinitos en número,tal como hemos demostrado- se extienden hasta los espacios más alejados. Y losátomos aptos para formar o constituir un mundo no se agotan ni en un solo mundo, nien un número de mundos limitado, ni en todos los que se parecen al nuestro, ni en losque son distintos de él. De modo que nada se opone al hecho de que el número demundos sea infinito.[80] Así, si nosotros creemos que un fenómeno puede producirse poco más o menos deuna determinada forma, aunque sepamos que otras muchas pueden ser posibles,estaremos tan tranquilos como si tuviéramos la seguridad de que todo sucede de estamanera. Además de esto, hay que creer lo siguiente: en primer lugar, que la mayorturbación se produce en el alma de los hombres al considerar que unas mismasnaturalezas pueden gozar de beatitud y de inmortalidad, y experimentar al mismotiempo deseos, acciones y motivaciones contrarias a estos atributos; en segundo lugar,cuando se espera algún mal eterno por las creencias en las leyendas de la mitología, ytambién por miedo de aquella falta de sensibilidad que nos provoca la muerte, como siesto fuera un mal; y, por último, porque todos estos sufrimientos no se basan ennuestras propias convicciones, sino en un estado de espíritu irracional, de modo quelos hombres, sin saber cuáles son los límites de estos terribles males, están sujetos aturbaciones iguales o mayores que si compartieran las creencias más vulgares.La tranquilidad de espíritu nace del liberarse de todos estos temores y del rememorarde forma continuada los principios generales y los preceptos fundamentales. Por tanto,hemos de atenernos a lo que está presente tanto en las sensaciones –en las sensacionescomunes según lo común, y en las particulares según lo particular-, como en laevidencia inmediata de cada uno de los criterios. Si respetamos estos principios,conoceremos sin duda el motivo de nuestra turbacn y nuestro miedo, y podremosliberarnos de ellos investigando las causas verdaderas de los fenómenos celestes y de

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