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Visión Del Fin Ð Los Tiempos - Ardila Anzúres, Iván

Visión Del Fin Ð Los Tiempos - Ardila Anzúres, Iván

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03/19/2013

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V
ISIÓN
 
DEL
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LOS
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Iván Ardila
 
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L
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CREACIÓN
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CON
 
LOS
 
CREYENTES
.
I
NTRODUCCIÓN
.
"Dios propone como parábola una ciudad, segura y tranquila, que recibía abundantesustento de todas partes. Y no agradeció las gracias de Dios. Dios, en castigo por su conducta, le dio agustar la vestidura del hambre y del temor." (S.C. 16:112). Si un investigador se encuentra con lacivilización náhuatl de Tenochtítlan, el asombro será su constante. Descubrirá que superó casi encualquier campo a las otras comunidades humanas que fueron sus contemporáneas, no sólo en lasciencias, también en sus tecnologías derivadas como la ingeniería, y a tal grado, que es la hora en la queésta Ciudad de México, erigida sobre su antecesora, no consigue imitar sus éxitos hidráulicos por dondese le mire, sin entrar en vergonzosos detalles. En la medicina inclusive, tanto preventiva (medicinasuperior), como en las terapias de diversa índole para curar todos los padecimientos de este continente enesa Era (medicina inferior), lo cual necesita subrayarse y meditarlo. En la organización social y en laética aventajábamos a los colonialistas hasta resultarles inalcanzables e incomprensibles. En fin, enprácticamente cualquier área en donde los humanos podemos desarrollar los dones que nos legó nuestroformador, nosotros descollábamos por varias cabezas al que se comparara con nuestros logros. Lareligión no podía quedarse atrás, y de ella se preserva una heredad cuya trascendencia va más allá de lasfronteras y tiempos de ese imperio destinado a esperar centurias para volver a florecer.Todas las culturas indias son y han sido culturas proféticas, y uso el término "indianidad" conabsoluta propiedad, pues si bien comenzó como equívoco y continuó como insulto, ahora es asumidocomo designativo por los consejos indios. En la nación que se investigue se encontrará el rastro claro dela guía. ¿De cuál guía? es menester preguntar. ¿De aquella que un libro de la extinta materia de civismoexplaya?, ¿la que un filósofo occidental, o intelectual, o maestro del mismo cuño dictan en sus charlas?No, de esta guía no hay traza alguna en la herencia ineludible de los indios americanos. Ni siquierapodemos encontrarle el sello del ego a las artes de variados medios que hallaron su más alta expresión enlos lares amerindios, pues esas firmas de derecho autoral, invariablemente guían hacia el tallador, elpintor, el escribano, no a aquello que nuestras inmortales obras orientan.En los innumerables restos físicos o intangibles de nuestra religión están las señales de la guía deDios dada en custodia a sus mensajeros. Su lengua común habla un abecedario ajeno al que escribo enestos momentos, pero expresa un discurso que trasciende los idiomas, pues a cada uno puede trasladarsus contenidos sin pérdidas cuando se traducen sus símbolos, o mejor dicho, cuando sus mensajes yprofecías son interpretados.En este texto quiero abordar principalmente los monolitos proféticos, pues en ellos se observanfácilmente las intenciones y principales mensajerías de sus hacedores. De hecho, en ese evidente deseo deconservación que se induce por la calidad perdurable del medio elegido para entregar los discursos, eneste caso piedras, se ve destacada la suprema importancia para sus redactores de esas cartas que hastaahora los destinatarios recibimos y comenzamos a comprender. Es más sencillo prender fuego a uncódice, que excavar aleatoriamente tratando de encontrar el código pétreo oculto para destruirlo, eincluso encontrándolo, sigue siendo todo un reto convertirlo en polvo.¿Por qué razones los talladores crearon obras que mayoritariamente terminaron ocultas bajo capas y capas protectoras de diversos materiales, e incluso quedando también escondidas bajo nuevasconstrucciones superpuestas al edificio original que las cobijaba? Un motivo se ha comentado recién, yes el de otorgar protección a esas tallas a través del tiempo y las gentes. Sin embargo, no ha quedado
 
claro para algunos que se enterraran esas ingentes esculturas casi recién se terminaban de hacer. Unartista estaría escandalizado si le compraran sus mármoles para enterrarlos al poco tiempo, valga esteejemplo.Otra razón explicando el velamiento que poco se ha considerado es la visión que un profetanáhuatl proclamó recién inaugurábamos en nuestra amada ciudad lacustre. El mensajero le dijo a losfestejantes que esa ciudad que sus pies pisaban encontraría su ruina un día no lejano. El festín trocó enllantos y ayes.1 Es decir, los abuelos dieron crédito a una profea expresada oralmente (yafortunadamente conservada como tal) que contravenía sus deseos naturales de pervivencia. A este gradose le otorga verosimilitud al verbo visionario en las naciones originarias. Estando el destino decretado,era natural petrificar nuestras visiones y construirle en nuestros edificios sus receptáculos, pues sabíamoscon antelación que sólo ellas serían capaces de arribar a estos días para entregar fielmente su mensaje yguía, no sólo a los nietos, sino al mundo pleno del fin de los tiempos.La seguridad que permitió a esos cinceles trabajar verdaderamente sin descanso en el correr deltiempo tenochca se funda en la fe de sus mentes y corazones, sin la cual esos afanes carecerían de unsentido integral. Nuestros tatas (abuelos, en cariñoso náhuatl) se empolvaron los mandiles día y nochepara obsequiarnos sus joyas del alma sabedores por la revelación divina que debían hacerlo y que lesrecibiríamos los malacates (piedras) en tiempo y forma. ¿Cómo estaban apercibidos de que conprecisión cronométrica germinarían las tallas de sus nichos?, a través de la confianza que otorgan lasinspiraciones e intuiciones provenientes de Dios, alabado sea.En cada elemento iconográfico de los libros náhuas, ya sean de papel amate o de canteras, yacenlas expresiones que Dios inscribió en la creación para comunicar ciertas realidades comunes a lahumanidad.Un sencillo observador del mundo natural puede entender que la serpiente detenta y simbolizatanto al poder de dañar como al de curar , pues de sus colmillos se extrae una sustancia que es, a la parde veneno, medicina, y que ambas potestades, tanto la simbolizante como la práctica, se las ha dadoaquel que la formó y la ha encaminado, lo cual le acercará indefectiblemente a también entender ambascaras inherentes a la realidad crotálica inscritas en las imágenes de los códices pétreos.Aún más. Una persona versada en los símbolos coránicos, por ejemplo, poddescifrarprestamente las alegorías serpentinas de Quetzalcóatl o Coatlicue con base en la afinidad semántica delas mismas con las menciones que el Sagrado Corán realiza de sendos tipos de serpientes en, porejemplo, la escena vivida por el Profeta Moisés y los magos del faraón egipcio, ocasión en la que loshechiceros embaucan a los espectadores con sogas, que emulan sierpes en movimiento, para acontinuación ser engullidas por el báculo del Profeta de Dios, que aventado por su diestra se haconvertido en un imponente dragón que anula en su realidad innegable a cualquier truco fraudulento delos siervos de Egipto, que a partir de ello se convirtieron en seguidores del Dios único.En síntesis, aquel que nos dió vida y lenguaje, en su infinito poder, ha dotado de significadostodos y cada uno de los elementos constituyentes del cosmos, y los náhuas no fueron una excepción a lahora de expresarse usando alguno de los variados diccionarios disponibles para nosotros por la gracia deDios en este plano.La diferencia que existe entre las páginas que esas benditas manos escribieron en las rocas y unapelícula en la que la ficción delirante de un artista nos lleve a ver la representación actoral y virtual de labatalla entre un caballero y un dragón de cartón o pixeles, es la misma que existe entre una profecía decomprobada veracidad de la Biblia, como las del libro de Daniel y el de Apocalipsis, y la alucinaciónfebril de un escritor que redacta qué vió y sintió cuando ingirió el ácido lisérgico que le regaló un

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