• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
 
Barcelona, 6 de diciembre del XXXº Año Constitucional
Acatarás las sentencias
Francesc de Carreras
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónomade Barcelona
Ante la probabilidad de que el Tribunal Constitucionalse pronuncie en las próximas semanas sobre el Estatutde Catalunya, otra vez vuelven a ejercerse presionespara que la sentencia declare su plena constitucionalidad.Efectivamente, en estas últimas semanas diversospoticos han amenazado con desacatos o conreferendums ilegales en el caso de que el Tribunalaprecie la inconstitucionalidad de ciertos preceptos que,por lo visto, se consideran intocables.El lunes pasado, en una solemne conferencia, elpresidente Montilla, con su habitual tono mesurado perocon un fondo muy duro y con voluntad decidida deintimidar al Tribunal, ha insistido en todo ello con estaspalabras: “Si se produjesen decisiones que supusieranuna limitación o una minoración de nuestro autogobierno,sabremos reaccionar adecuadamente, con firmezainstitucional y realismo político. (…) Como president de laGeneralitat tomaré la iniciativa de propiciar, si llegase elmomento, una respuesta unitaria, serena y constructiva,basada en la confianza en nuestras fuerzas y en nuestrasposibilidades. En este sentido, si la sentencia del TribunalConstitucional sobre el Estatut fuese lesiva para nuestroautogobierno, he decidido convocar a los líderes de lasfuerzas parlamentarias para sondear su disposición aprocurar que la respuesta de las instituciones y de lasociedad catalana sea lo s lida, mayoritaria einequívoca posible”.Ante palabras tan rotundas, se me plantean dospreguntas: primera, qué es, según Montilla, una sentencia“lesiva para nuestro autogobierno”; y, segunda, cuálespueden ser las respuestas que anuncia sin desvelarlas.Ambas preguntas son inquietantes.En cuanto a la primera, supongo que Montilla serefiere a aspectos fundamentales del texto estatutario, noa meras cuestiones de detalle. Es decir, se trata deimpedir que sean declarados inconstitucionales, ointerpretados en un sentido que los vacíe de contenido,preceptos que afecten a las competencias, los derechos,las relaciones con el Estado, la financiación o la lengua.En cuanto a las respuestas con las que amenaza,lo se me ocurre una que pueda ser lida: elacatamiento de la sentencia aun estando en desacuerdocon la misma. Supongo que Montilla conoce el art. 38.1de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional según elcual las sentencias recaídas en recursos deinconstitucionalidad (…) vincularán a todos los poderespúblicos”. Y también el art. 87 de la misma Ley, que diceasí: “Todos los poderes públicos están obligados alcumplimiento de lo que el Tribunal Constitucionalresuelva”. Montilla debe saber también que el presidentde la Generalitat es un poder público y, por tanto, estásujeto a la ley y, en consecuencia, a éstos y a otrospreceptos. Los límites de su respuesta son, por tanto,muy claros y rebasarlos podría conllevar consecuenciasgraves, incluso de tipo penal. Espero que Montilla no secomporte como Atutxa o Ibarretxe.Por tanto, la única finalidad que pueden tener laspalabras de Montilla es intentar coaccionar al Tribunal,algo muy grave y nada democrático. Un cargo públicotiene, además, la obligación de hacer pedagogía con susactuaciones. Un mal ejemplo para los ciudadanos esponer continuamente en duda la independencia eimparcialidad de un tribunal de justicia. Ciertamente,Montilla no ha dicho que cometería desacato perotampoco ha dicho lo que debea: que respetaría lasentencia fuera cual fuese su contenido y que, posupuesto, obedecería aquello que dispusiera el Tribunal.Con sus ambiguas palabras ha mostrado una graninseguridad respecto a sus propios actos y se hacomprometido a tomar unas actitudes que, según lo quedisponga la sentencia, le serán exigidas por sus propiossocios de gobierno y tendrá dificultades para cumplirlas.En buen lío se ha metido.Porque, en el fondo, ¿qué es lo que están diciendoMontilla y todos los políticos catalanes que se expresande manera semejante? Lo ha explicado muy agudamentemi colega y amigo el profesor Juan JoSolobal(“Nacionalismo y Constitución”, en Elimparcial.es). Elproblema constitucional y democrático, sea cual fuere elcontenido de la sentencia, lo constituiría que el Tribunal,debido a las coacciones que está recibiendo, renunciasea sus funciones constitucionales o no dispusiera de plenalibertad para ejercerlas. Y ello, a fin de cuentas, es lo quese pretende con las amenazas de que hablamos: que aúnen el caso de que el Tribunal encontrara preceptosinconstitucionales, no los declarara como tales por lareacción que ello pudiera provocar en Catalunya. Cuando Montilla dice que la sentencia puede ser “lesiva”para el autogobierno de Catalunya está incurriendo seguramente sin enterarse – en una contradicción ya queel autogobierno de Catalunya no es otra cosa que laautonomía de la que dispone la Generalitat en el marcode la Constitución y del Estatut. Y, precisamente quiengarantiza este marco es, en último término, el TribunalConstitucional. Por tanto, el autogobierno de Catalunyaes lo que este Tribunal determina. Guste o no – a unos ya otros – la sentencia declarará cual es el ámbito del
 
autogobierno y, en ningún caso, puede ser lesiva para elmismo.Si hubiera unos diez mandamientos para laactuación de un político en un Estado de derecho, uno deellos sea, sin duda, el siguiente: “respetas lasresoluciones de los jueces y acatarás sus sentencias”.
La Vanguardia
, 27 de noviembre de 2008.
Los retos de los hijos de la Constitución
Francisco Rubio Llorente
Presidente del Consejo de Estado
A diferencia de lo que sucede, por ejemplo, con losgusanos de seda, las sociedades humanas no estánformadas por individuos que hayan llegado al mundosimultáneamente y sólo tras la extinción de los que lesprecedieron. Desde el punto de vista de la edad de susmiembros, forman un continuo que sólo artificiosamentecabe considerar dividido en generaciones. Es sinembargo un artificio frecuente, y útil cuando la divisiónentre generaciones se hace por referencia a una fechasignificativa para el análisis que se pretende llevar acabo.El propósito de este artículo es el de hacer algunasreflexiones sobre nuestra Constitución al cumplir los 30años y, en consecuencia, parece que la fecha significativapara la división de nuestra sociedad en generaciones esla de su promulgación, diciembre de 1978. Los españolesque tenían entonces derecho de voto han de tener ahoraal menos 48 años, aunque muchos tengamosdesgraciadamente bastantes más. Con independencia deque hicieran o no uso de ese derecho y del sentido de suvoto, tuvieron la posibilidad de manifestar su opiniónsobre la Constitución y por tanto han de considerarseobligados por ella, como expresión de la voluntad de lamayoría. La abrumadora mayoría de ellos no tuvieronparte alguna en la elaboración del texto constitucional,pero por la razón dicha, parece adecuado denominar lageneración formada por ellos como la de los padres de laConstitución, aunque esta denominacn se utilicehabitualmente en un sentido s estrecho; inclusodemasiado estrecho, puesto que deja fuera a hombresque, como Adolfo Suárez o Felipe González, FernandoAbril o Alfonso Guerra, alguna parte tuvieron en esa obra.La generación siguiente estaría integrada por quieneshan adquirido el derecho de sufragio, la ciudadanía plena,ya dentro de la Constitución, los españoles que estánentre los 18 y los 48 años. Una generación que cabedenominar la de los hijos de la Constitución.Estas dos generaciones no abarcan la totalidad delos españoles vivos, puesto que muchos de ellos no hanllegado todavía a la ciudadanía plena. Forman otrageneración que podría denominarse la de los nietos, peroesta concesión a la simetría no es necesaria y puederesultar perturbadora. Aplicada a la Constitución, laafirmación de que, según el principio democrático, latierra pertenece a las generaciones vivas, sólo tienesentido si se la entiende referida a las integradas por quienes pueden disponer de ella, manteniéndola sincambio alguno, introduciendo en ellas las reformas que juzguen necesaria, o en último término, violándola odestruyéndola, aunque en este último caso, como esevidente, democrático o no, el poder empleado serápuramente fáctico, no jurídico. Las únicas generacionesvivas a tener en cuenta desde el punto político son la delos padres y la de los hijos.La mayor parte de los españoles vivos forman partede una u otra de estas generaciones, cuyas dimensionesson muy desiguales. Según los datos que el InstitutoNacional de Estadística ofrece en la red, la generación delos padres de la Constitución estaría integrada por algomás de 15 millones, y la de los hijos tendría ya más de21. Estas cifras son producto de mi propio cálculo pero,pese a sus inexactitudes, creo que la relación entre lasdimensiones de una y de otra permite afirmar que nuestraConstitución está hoy en manos de sus hijos. Que es aellos a quienes incumbe mantener en buen estadonuestra vida constitucional, pues son ellos quienespueden defender la Constitución contra sus enemigos ysobre ellos pesa el deber de corregir los defectos que lapráctica ha puesto de manifiesto.Nuestra vida constitucional es buena, pero podría ser mejor; nuestra Constitución es excelente, pero tienedefectos. Si aqlla no es mejor y estos defectospersisten es porque nada se hace para lograrlo, unapasividad que quizás puede explicarse porque los hijosde la Constitución tienen una idea inadecuada de ella yun exceso de veneración por el texto constitucional.La idea es inadecuada por ser en parte parcial y enparte falsa. Esta generación parece ver la Constituciónexclusivamente desde la perspectiva de los Derechos.Como un texto que reconoce y garantiza los que cadauno de los españoles tenemos o deberíamos en razón denuestra dignidad humana y los que las ComunidadesAutónomas tienen o deberían tener como emanación desu derecho, también preconstitucional a la autonomía.Una perspectiva que no es falsa, pero que no permite ver la realidad constitucional, mucho s amplia. LaConstitución sirve para limitar y dividir el poder, perotambién para dotarlo de una organización que asegure sulegitimidad democrática y le permita actuar con eficacia, yno puede llevarse a cabo aquella tarea sin hacer primeroésta. No hay Estado de derecho si no hay Estado.Esta perspectiva parcial, que induce a desinteresarsepor todas aquellas partes del texto constitucional que noestén en relación directa con los Derechos, no es la únicacausa de la inadecuación de la idea que hoy se tiene deél. La idea es también inadecuada porque está apoyadaen la falsa creencia de que el texto de nuestraConstitución es hoy el mismo que fue promulgado hace30 os, con la única excepcn de la lesimamodificación establecida en 1992 en relación con losciudadanos europeos. Y no es así. Nuestra Constitución,como todas, no cambia sólo cuando es reformada, sinotambién por otras vías que alteran el sentido de suspreceptos o los privan de fuerza. Valga un ejemploreciente, el de la preocupación por la entrada de capitalruso en una empresa nacional.Como esa preocupación viene del temor a que elcapital que controla la empresa anteponga sus propiosintereses al interés general, el remedio más simple seríael de ponerla bajo el control del Estado, haciendo uso delos poderes que le otorga el arculo 128 de laConstitución. Pero éste es un remedio al que no cabeacudir porque, aunque ese artículo no ha cambiado, elEstado no puede utilizarlo sin la autorización de laComisión Europea, vigilante celosa de la libertad demercado.Pero la pasividad de los hijos de la Constitución nose explica sólo, ni principalmente, por la idea inadecuadaque de ella tienen. Viene más directamente de un excesode veneración por ella. Su actitud respecto del textoconstitucional se asemeja en alguna medida a la delpueblo judío respecto de las Tablas de la Ley. Parecenver en ella un texto sagrado recibido de arriba, en el que
 
los hombres no pueden poner sus manos.Es esta visión que la generación de los hijos de laConstitución tienen de ella, una visión que alienta lageneración de los padres, la que les impide acometer latarea de reformar la Constitución para corregir losdefectos hoy perceptibles en ella. Eliminar preceptos que,como los que dan preferencia al hombre sobre la mujer en la sucesión a la Corona, o exigen la condición dereciprocidad para conceder voto a los extranjeros ennuestras elecciones municipales, han perdido su razón deser si alguna vez la tuvieron. Modificar la regulación dealgunas instituciones como el Consejo General del Poder Judicial o el Tribunal Constitucional, que sólo por esta víapueden ser protegidas de la dimica propia de lademocracia representativa. Y sobre todo concluir laorganización territorial, o cuando menos racionalizar elproceso que lleva hacia ella.Se dirá que sea o no verdad, lo que digo no esoportuno. Que en tiempos de tribulación no se ha dehacer mudanza, o que no está el horno para bollos,etcétera. Tal vez tengan razón quienes así piensan,aunque no es seguro. Hace 30 años no se ataban losperros con longaniza, y por mucho que sea el trabajo dereformar ciertos artículos de la Constitución, tal vez nosea mayor que el de negociar sin ese apoyo el sistema definanciación de las Comunidades Autónomas y determinar cuál es el grado de diferencia en el goce de los derechosque la Constitución tolera. Pero aunque las razonespragmáticas fueran incontestables, no cabe oponerlas ala conveniencia de abrir debate sobre la reformaconstitucional, para hacerla "luego que las circunstanciaspolíticas de la Nación lo permitan", que es la fórmula quelas Cortes de diz utilizaron para endosar a lassiguientes la difícil tarea de hacer una división sadecuada del territorio nacional.
El País
, 2 de noviembre de 2008.
Proscenio catalán
Patxo Unzueta
El principal debate del momento entre los partidoscatalanistas consiste en decidir qué van a hacer si elTribunal Constitucional recorta el Estatuto. En Euskadihubo un debate similar en vísperas del pronunciamientode ese mismo tribunal sobre la convocatoria de laconsulta de Ibarretxe. El lehendakari anunció que si eradesfavorable presentaría una demanda contra Españaante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Ahora,Artur Mas ha propuesto (
El Ps
, 16-11-08) laconvocatoria de un referéndum sobre el anteproyectoprimitivo de Estatut: el aprobado por el Parlamento deCataluña en septiembre de 2005. El argumento es que loque ha refrendado el pueblo no puede ser modificado por un tribunal.La propuesta de Mas tiene en común con la dellehendakari el intento de desacreditar por adelantado unaresolución diferente a la deseada y de presionar a losmagistrados advirtiéndoles sobre las gravesconsecuencias de su decisión. También hay semejanzaen la rerica: Ibarretxe habló de "liquidación delautogobierno vasco", y Mas de "condena a muerte delautogobierno catan". Y como entonces en el PaísVasco, otros partidos catalanistas proponen medidas másradicales, sobre las que se discute con fingida seriedad:ERC, por ejemplo, propone ignorar la sentencia yconvocar un referéndum sobre el derecho a decidir.Montilla, de acuerdo con Duran Lleida, también espartidario de dar una respuesta firme, pero propugna quesea unitaria y viable, en el sentido de no ilegal niestrambótica. Pero no considera necesario precisar enqué consistirá porque, como en su momento a Ibarretxe,le parece inveromil que pueda haber recortesimportantes en un texto "plenamente legal".El argumento de que lo refrendado por el pueblo nodebería poder cambiarlo un tribunal tiene fuerza. Sinembargo, es la peripecia concreta del Estatut lo que lodebilita. Que el texto era plenamente legal también sedijo, y con gran énfasis, del proyecto salido delParlament, y luego se admitió que muchas partes delmismo no tenían encaje constitucional. El propio Maragallha reconocido (en el libro de E. Tusquets y M. Villanovasobre su vida, publicado este otoño) que el proyectopretendía cambiar la Constitución a través de la reformadel Estatut: lo mismo que intentó Ibarretxe con su plansoberanista, y que fue la razón principal de su rechazopor el Congreso en 2005.El proyecto del Parlament no era el resultado de unanecesidad acuciante de defender el autogobierno enpeligro, o de superar las insuficiencias de la Constitución,sino un "fruto del puro tacticismo: Maragall quisopresentarse s nacionalista que CiU, y CiU snacionalista que Esquerra", declaró Duran Lleida en ELPAÍS el 12 de febrero de 2006. Y añadió que quieneshabían dicho que no se podría "tocar ni un punto ni unacoma" estaban "engañando a la ciudadanía".El callejón al que condujo aquel proyecto inviablellevó a intentar reconducirlo mediante el pacto entreZapatero y Mas: éste aceptaba modificar los aspectosmás obviamente inconstitucionales, introduciendo dosisde ambigüedad e imprecisión en los planteamientos, acambio del compromiso socialista de refrendar el nuevotexto en Las Cortes y de ciertas concesiones políticas(como la retirada de Maragall).Lo que llegó al Parlamento español era, por tanto, unacuerdo político cuyas líneas esenciales no podían ser modificadas. Lo cual podía tener lógica política, pero sulegitimidad quedaba condicionada al ulterior control deconstitucionalidad: para evitar que necesidades políticascoyunturales llevaran a avalar algo que abriera paso aldesbordamiento. Una vez suprimido el recurso previo deinconstitucionalidad, en los ochenta, la posibilidad derecurso a posteriori de ciertas normas es una garantía, nouna amenaza. Especialmente cuando, como en estecaso, su buscada imprecisión permite aplicaciones quedesborden el marco que todos deben respetar.Aunque el respaldo al Estatut en el referéndumhubiera sido mayor (fue del 35% del censo) no habíamanera de evitar el pronunciamiento del tribunal. Los quepresionan para que no se pronuncie, oponiendo elprincipio democrático (votacn parlamentaria yreferéndum) al de legalidad, plantean, frente a unproblema político difícil, uno irresoluble. Porque, ¿cuálsería el paso siguiente a cualquiera de esos referendosen contra de la sentencia del Constitucional? ¿Ladeclaración unilateral de independencia?El historiador catalán Enric Ucelay-Da Cal ironizabano hace mucho, a propósito de acontecimientos históricosmucho s graves que los actuales, sobre lo queconsideraba una "combinación característica, y muycatalana, de gesto dramático en el proscenio y prudenciaentre bastidores". Afortunadamente, habría que añadir:esa prudencia de fondo que impide llevar a la realidad lasbravatas ha librado a los catalanes de meterse encallejones como los que tanto han agobiado a los vascos.Sería lamentable que ahora que una parte de los hijos de
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...