autogobierno y, en ningún caso, puede ser lesiva para elmismo.Si hubiera unos diez mandamientos para laactuación de un político en un Estado de derecho, uno deellos sería, sin duda, el siguiente: “respetarás lasresoluciones de los jueces y acatarás sus sentencias”.
La Vanguardia
, 27 de noviembre de 2008.
Los retos de los hijos de la Constitución
Francisco Rubio Llorente
Presidente del Consejo de Estado
A diferencia de lo que sucede, por ejemplo, con losgusanos de seda, las sociedades humanas no estánformadas por individuos que hayan llegado al mundosimultáneamente y sólo tras la extinción de los que lesprecedieron. Desde el punto de vista de la edad de susmiembros, forman un continuo que sólo artificiosamentecabe considerar dividido en generaciones. Es sinembargo un artificio frecuente, y útil cuando la divisiónentre generaciones se hace por referencia a una fechasignificativa para el análisis que se pretende llevar acabo.El propósito de este artículo es el de hacer algunasreflexiones sobre nuestra Constitución al cumplir los 30años y, en consecuencia, parece que la fecha significativapara la división de nuestra sociedad en generaciones esla de su promulgación, diciembre de 1978. Los españolesque tenían entonces derecho de voto han de tener ahoraal menos 48 años, aunque muchos tengamosdesgraciadamente bastantes más. Con independencia deque hicieran o no uso de ese derecho y del sentido de suvoto, tuvieron la posibilidad de manifestar su opiniónsobre la Constitución y por tanto han de considerarseobligados por ella, como expresión de la voluntad de lamayoría. La abrumadora mayoría de ellos no tuvieronparte alguna en la elaboración del texto constitucional,pero por la razón dicha, parece adecuado denominar lageneración formada por ellos como la de los padres de laConstitución, aunque esta denominación se utilicehabitualmente en un sentido más estrecho; inclusodemasiado estrecho, puesto que deja fuera a hombresque, como Adolfo Suárez o Felipe González, FernandoAbril o Alfonso Guerra, alguna parte tuvieron en esa obra.La generación siguiente estaría integrada por quieneshan adquirido el derecho de sufragio, la ciudadanía plena,ya dentro de la Constitución, los españoles que estánentre los 18 y los 48 años. Una generación que cabedenominar la de los hijos de la Constitución.Estas dos generaciones no abarcan la totalidad delos españoles vivos, puesto que muchos de ellos no hanllegado todavía a la ciudadanía plena. Forman otrageneración que podría denominarse la de los nietos, peroesta concesión a la simetría no es necesaria y puederesultar perturbadora. Aplicada a la Constitución, laafirmación de que, según el principio democrático, latierra pertenece a las generaciones vivas, sólo tienesentido si se la entiende referida a las integradas por quienes pueden disponer de ella, manteniéndola sincambio alguno, introduciendo en ellas las reformas que juzguen necesaria, o en último término, violándola odestruyéndola, aunque en este último caso, como esevidente, democrático o no, el poder empleado serápuramente fáctico, no jurídico. Las únicas generacionesvivas a tener en cuenta desde el punto político son la delos padres y la de los hijos.La mayor parte de los españoles vivos forman partede una u otra de estas generaciones, cuyas dimensionesson muy desiguales. Según los datos que el InstitutoNacional de Estadística ofrece en la red, la generación delos padres de la Constitución estaría integrada por algomás de 15 millones, y la de los hijos tendría ya más de21. Estas cifras son producto de mi propio cálculo pero,pese a sus inexactitudes, creo que la relación entre lasdimensiones de una y de otra permite afirmar que nuestraConstitución está hoy en manos de sus hijos. Que es aellos a quienes incumbe mantener en buen estadonuestra vida constitucional, pues son ellos quienespueden defender la Constitución contra sus enemigos ysobre ellos pesa el deber de corregir los defectos que lapráctica ha puesto de manifiesto.Nuestra vida constitucional es buena, pero podría ser mejor; nuestra Constitución es excelente, pero tienedefectos. Si aquélla no es mejor y estos defectospersisten es porque nada se hace para lograrlo, unapasividad que quizás puede explicarse porque los hijosde la Constitución tienen una idea inadecuada de ella yun exceso de veneración por el texto constitucional.La idea es inadecuada por ser en parte parcial y enparte falsa. Esta generación parece ver la Constituciónexclusivamente desde la perspectiva de los Derechos.Como un texto que reconoce y garantiza los que cadauno de los españoles tenemos o deberíamos en razón denuestra dignidad humana y los que las ComunidadesAutónomas tienen o deberían tener como emanación desu derecho, también preconstitucional a la autonomía.Una perspectiva que no es falsa, pero que no permite ver la realidad constitucional, mucho más amplia. LaConstitución sirve para limitar y dividir el poder, perotambién para dotarlo de una organización que asegure sulegitimidad democrática y le permita actuar con eficacia, yno puede llevarse a cabo aquella tarea sin hacer primeroésta. No hay Estado de derecho si no hay Estado.Esta perspectiva parcial, que induce a desinteresarsepor todas aquellas partes del texto constitucional que noestén en relación directa con los Derechos, no es la únicacausa de la inadecuación de la idea que hoy se tiene deél. La idea es también inadecuada porque está apoyadaen la falsa creencia de que el texto de nuestraConstitución es hoy el mismo que fue promulgado hace30 años, con la única excepción de la levísimamodificación establecida en 1992 en relación con losciudadanos europeos. Y no es así. Nuestra Constitución,como todas, no cambia sólo cuando es reformada, sinotambién por otras vías que alteran el sentido de suspreceptos o los privan de fuerza. Valga un ejemploreciente, el de la preocupación por la entrada de capitalruso en una empresa nacional.Como esa preocupación viene del temor a que elcapital que controla la empresa anteponga sus propiosintereses al interés general, el remedio más simple seríael de ponerla bajo el control del Estado, haciendo uso delos poderes que le otorga el artículo 128 de laConstitución. Pero éste es un remedio al que no cabeacudir porque, aunque ese artículo no ha cambiado, elEstado no puede utilizarlo sin la autorización de laComisión Europea, vigilante celosa de la libertad demercado.Pero la pasividad de los hijos de la Constitución nose explica sólo, ni principalmente, por la idea inadecuadaque de ella tienen. Viene más directamente de un excesode veneración por ella. Su actitud respecto del textoconstitucional se asemeja en alguna medida a la delpueblo judío respecto de las Tablas de la Ley. Parecenver en ella un texto sagrado recibido de arriba, en el que
Leave a Comment