• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
 
EL
PAÍS, sábado
6 de
enero
de
2007
CULTURA
Los problemas de un sector básico de las letras
39
Traducciones crecientes, dinero menguante
La situación de los traductores empeora por las subastas y el nuevo sistema para valorar su trabajo
VIRGINIA COLLERA,
Madrid
Traduttore, traditore
es quizás lamás famosa de las sentencias sobre los traductores. La traición deltraductor es metafórica: traicionaa las lenguas porque es imposibletrazar una equivalencia perfectaentre ellas, y también traiciona alautor del texto que traduce y alque debe ser fiel (y, estrictamente,casi nunca lo es). Y, tal como estánlas cosas, habría que acuñar unanueva máxima:
Editore, traditore
—ésta sin metáforas— para describir la situación de la traducciónliteraria en España.Desde 1987 la Ley de Propiedad Intelectual protege los derechos de los profesionales de la traducción literaria: tras una arduanegociación la ley reconoció la autoría de los traductores y estableció unos contratos marco pensados para regular las relaciones entre traductores y editores. “Todavía hoy, casi 20 años después, parece que hay editores que desconocen la LPI, los contratos se incumplen sistemáticamente, o al menos,se intentan incumplir”, explica Manuel Serrat Crespo, veterano traductor y partícipe de las negociaciones con el gremio de editores.El incumplimiento de contratos y el impago de los derechos deautor son traiciones de siempre.“Yo no cobro los derechos de autor de ninguno de los libros que hetraducido”, asegura EncarnaCastejón, que ha traducido a Geor-ge Steiner, Émile Zola o MichelHouellebecq. Las razones de este
“Algunas empresasofrecen entre cuatroy seis euros brutos porpágina”, dice Gallego
impago pueden ser diversas: los libros que ha traducido podrían nohaber generado derechos de autor—normalmente deben superar los20.000 ejemplares para que el traductor pueda empezar a cobrar—y, si lo hubieran hecho, ni la editorial ha dicho esta boca es mía ni latraductora ha luchado por lo quelegítimamente le corresponde.Y con el tiempo, las editorialeshan pergeñado nuevas traiciones:la mayoría de las editoriales nohan revisado sus tarifas desde hacemás de 10 años. En realidad, esono es del todo cierto, algunas sí,pero sólo para menguarlas. “Algunas editoriales llegan a ofrecer entre cuatro y seis euros brutos porpágina”, denuncia María TeresaGallego, presidenta de la SecciónAutónoma de Traductores de Libros de la Asociación Colegial deEscritores de España (Acett). Lostraductores con cierta experienciano aceptan esas tarifas irrisorias,pero quienes se toman la traducción como una mera afición o quienes están empezando no suelen pelear demasiado por unas tarifasdignas. “Por eso cada vez hacemosmás cursillos y mesas redondas,porque sabemos que les van a putear”, asegura Gallego.En este afán editorial por encoger las tarifas ha aparecido unanueva modalidad: las subastas a labaja. “Ofrecen un libro a variostraductores y el que acepte la tarifa más baja, se queda con el traba jo”, explica Carmen Francí, secretaria general de Acett. En la listaTraducir en España es morir porque en las cuentas de muchaseditoriales la traducción formaparte del coste industrial, comoel papel o la tinta. Tal es la consideración que el difícil arte de latraducción merece a muchos demis colegas editores. Yo colguélos bártulos de traductor hace18 años, y como editor que hesido desde entonces jamás mehe arrepentido de haber defendido los derechos de los traductores en mi último año de aquellaprofesión.En el 87, a Manuel Serrat y amí, miembros de la Colegial deEscritores y Traductores, nosdio la vena sindicalista, y, aprovechando que la recién aprobada LPI hablaba del traductor como autor de su traducción, nospusimos a negociar con los editores. Acordamos que habría contrato para cada traducción. Y sepactó una mejora del tanto alza-ENRIQUE MURILLOdo que el traductor cobraba porholandesa. Pero, sobre todo, logramos establecer que esa cantidad fuese considerada en el contrato como anticipo a cuenta delos derechos de autor generadospor la traducción. Cuando el libro traducido alcanzara cifrasde venta elevadas, el canon (quepactamos en torno al uno o unoy medio por ciento) terminaríagenerando en alguna ocasiónunos devengos que compensarían la insuficiente tarifa por página.La primera jugarreta de loseditores fue rebajar el canon acifras vejatorias, y eso alcanzacosas como el 0,05%, que constituye un verdadero fraude de ley.La segunda, negarse a considerar la posible retroactividad dela aplicación de la ley. Antes del87, el traductor no firmaba nunca contrato por sus traducciones, y así, además de cobrar co-mo ahora un tanto alzado irrisorio, perdía todo derecho sobresu trabajo. Hoy en día los editores siguen mayoritariamente vendiendo esas traducciones paracolecciones de bolsillo, edicionesclub o de quiosco, etcétera, obteniendo un beneficio limpio sobre inversiones amortizadas hace 20 y más años, de las que eltraductor no tiene no ya participación económica sino ni siquiera notificación.La última mala pasada quelos editores les han hecho a lostraductores ha sido la aplicaciónde sistemas digitales para contarpalabras. Al parecer, los editoresignoran que la unidad de traducción literaria es la frase, que hayfrases que lleva un día entero traducir, sobre todo si son deCoetzee o Nabokov.
Enrique Murillo
fue traductor desde1976 hasta 1988.
negra de esta asociación se encuentran editoriales como Planeta,Random House Mondadori, Gre-dos, Urano...Completa el par de traicionesnovedosas el nuevo sistema de facturación que han adoptado algunas editoriales. “Antes nos pagaban por página, porque escribíamos a máquina. Cada folio tiene30 líneas y 70 espacios y nos pagaban lo mismo independientementede que esas 30 líneas y 70 espaciosestuvieran llenos o no [no los llenarían, por ejemplo, los diálogos nilos versos]: Con ese sistema, editory traductor daban por supuestoun equilibrio. Sin embargo, hacetiempo, un genio editorial vio quesi contaba las páginas y luego suscaracteres y los dividía entre 2100[que son los caracteres que hay enuna plantilla de 30 líneas
X
70espacios], ya no tenía que pagar altraductor esos espacios en blanco.Seguía respetando los espacios entre palabras pero, a la hora de pagar, ya no existían puntos y aparte,y todo el texto iba corrido, como sifuera una especie de salchicha detexto”, explica Carlos Milla quien, junto a Marta Pino, ha elaboradoun estudio sobre este nuevo sistema de cómputo, que reduce,aproximadamente, un 20% los ingresos de los traductores.Lamentablemente, aseguranlos traductores consultados, la situación seguirá así, mejorando oempeorando lentamente, hastaque llegue el gran día. “Hasta queno podamos demostrar que las tra-
En España, dicen,ni existe ni sevislumbra una culturade la traducción
ducciones, las buenas y las malas,afectan a las ventas, a las editoriales les importará un comino”, asegura Serrat. En España, dicen, noexiste ni se vislumbra que vaya asurgir pronto una cultura de la traducción: “Que un señor o señoravaya a la librería y digan ‘¿Quiénha traducido este libro?”, añade.Carmen Francí está de acuerdocon el argumento pero, en su opinión, se queda corto. “Como actividad de aficionado la traducciónliteraria tiene cierto sentido, quizás también lo tendría en una industria pequeña de lenguas minoritarias, pero cuando la industria española es la cuarta en el mundo ennúmero de títulos y su cifra de mercado es importante, es demencial”.Serrat y Francí coinciden enque ahora existe una nueva generación de editores. “El problema estáen los tiburones editoriales que trabajan con criterios de rentabilidada costa del más débil: el traductor,el corrector, los colaboradores externos. Son fabricantes de libros yno editores”, dice Francí. “Los vie jos editores están desapareciendoy como te encuentres con un joven-cito recién salido de la escuela degestión empresarial no hay manera de hacerle entender que por Ver-laine, Apollinaire o Baudelaire nopueden pagar lo mismo que portraducir un libro de autoayuda”,señala Serrat. Y Francí recuerdaotra máxima —de Celia Filipetto,también traductora, y veterana—:“No se pueden comprar
armanis
aprecios de Zara”.
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...