• Embed Doc
  • Readcast
  • Collections
  • CommentGo Back
 
El viaje a la ficción
El mundo de Juan Carlos Onetti
 
El viaje a la ficción
Retrocedamos a un mundo tan antiguo que laciencia no llega a él y la que dice que llega no nos con-vence, pues sus tesis y conjeturas nos parecen tan alea-toriasy evanescentes como la fantasía y la ficción.Se diría que el tiempo no existe todavía. Todaslas referencias que puntúan su trayectoria aún no hanaparecido y quienes viven inmersos en él carecen de laconciencia del transcurrir, del pasado y del futuro, e in-cluso de la muerte, a tal extremo se hallan prisionerosde un continuo presente que les impide ver el antes y eldespués. El presente los absorbe de tal manera en suafán de sobrevivir en esa inmensidad que los circundaque sólo el ahora, el instante mismo en que se está, con-sume su existencia. El hombre ya no esun animal peroresultaría exagerado llamarlo humano todavía. Estáerecto sobre sus extremidades traseras y ha comenzadoaemitir sonidos, gruñidos, silbidos, aullidos, acompa-ñados de una gesticulación y unas muecas que son lasbases elementales de una comunicación con la horda dela que forma parte y que ha surgido gracias a ese instin-to animal que, por el momento, le enseña lo más impor-tante que necesita saber: qué es imprescindible para po-der sobrevivir a la miríada de amenazas y peligros quelo rodean en ese mundo donde todo —la fiera, el rayo,el agua, la sequía, la serpiente, el insecto, la noche, elhambre, la enfermedad y otros bípedos como él— pa-rece conjurado para exterminarlo.
 
El instinto de supervivencia lo ha hecho inte-grarse a la horda con la que puede defenderse mejorque librado a su propia suerte. Pero esa horda no esuna sociedad, está más cerca de la manada, la jauría, elenjambre o la piara que de lo que, al cabo de los si-glos, llamaremos una comunidad humana.Desnudos o, si la inclemencia del tiempo loexige, envueltos en pellejos, esos raleados protohom-bres están en perpetuo movimiento, entregados a lacaza y la recolección, que los llevan a desplazarse con-tinuamente en busca de parajes no hollados donde seaposible encontrar el sustento que arrebatan al mundonatural sin reemplazarlo, como hacen los animales,vasta colectividad de la que aún forman parte, de laque apenas están comenzando a desgajarse.Coexistir no es todavía convivir. Este últimoverbo presupone un elaborado sistema de comunica-ción, un designio colectivo, compartido y cimentadoen denominadores comunes, como lenguaje, creen-cias, ritos, adornos y costumbres. Nada de eso existetodavía: sólo ese quién vive, esa pulsación prelógica,ese sobresalto de la sangre que ha llevado a esos se-mianimales sin cola que empuñan pedruscos o garro-tes debido a su falta de garras, colmillos, veneno, cuer-nos y demás recursos defensivos y ofensivos de quedisponen los otros seres vivientes, a andar, cazar y dormir juntos para así protegerse mejor y sentir me-nos miedo.Porque, sin duda, la experiencia cotidiana hahecho que de todos los sentimientos, deseos, instin-tos, pasiones aún dormidos en su ser, el que primerose desarrollara en él en ese su despertar a la existenciahaya sido el miedo.
12
of 00

Leave a Comment

You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...
You must be to leave a comment.
Submit
Characters: ...