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02/20/2013

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- 2 - Ernest Hemingway
EL VIEJO Y EL MARErnest Hemingway
 
Título original:
The Old Man and the Sea
1ª Edición: Colección "Dante Quincenal": 1989© Producción Editorial Dante, S. A. de C. V. Calle 59
548–7, C. P. 97000 Mérida, Yucatán,MéxicoQueda hecho el depósito que marca la ley.I. S. B. N. 968–7232–05–6Diseño de portada: Carlos Cámara Ruz, basado en fotografía de San HaskinsIMPRESO EN MEXICO PRINTED IN MÉXICO
Este libro fue digitalizado para su distribución gratuita y sin fines de lucro.
 
 
El viejo y el mar - 3 -
Era un viejo que pescaba solo en un bote en el Gulf Stream y hacía ochenta ycuatro días que no cogía un pez. En los primeros cuarenta días había tenidoconsigo a un muchacho. Pero después de cuarenta días sin haber pescado lospadres del muchacho le habían dicho que el viejo estaba definitiva yrematadamente salao, lo cual era la peor forma de la mala suerte, y por orden desus padres el muchacho había salido en otro bote que cogió tres buenos peces laprimera semana. Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todos los días consu bote vacío, y siempre bajaba a ayudarle a cargar los rollos de sedal o el bicheroy el arpón y la vela arrollada al mástil. La vela estaba remendada con sacos deharina y, arrollada, parecía una bandera en permanente derrota.El viejo era flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior delcuello. Las pardas manchas del benigno cáncer de la piel que el sol produce consus reflejos en el mar tropical estaban en sus mejillas. Esas pecas corrían por loslados de su cara hasta bastante abajo y sus manos tenían las hondas cicatricesque causa la manipulación de las cuerdas cuando sujetan los grandes peces. Peroninguna de estas cicatrices era reciente. Eran tan viejas como las erosiones de unárido desierto.Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y estos tenían el color mismo del mar yeran alegres e invictos. –Santiago –le dijo el muchacho trepando por la orilla desde donde quedabavarado el bote–. Yo podría volver con usted. Hemos hecho algún dinero.El viejo había enseñado al muchacho a pescar y el muchacho le tenía cariño. –No –dijo el viejo–. Tu sales en un bote que tiene buena suerte. Sigue con ellos. –Pero recuerde que una vez llevaba ochenta y siete días sin pescar nada yluego cogimos peces grandes todos los días durante tres semanas. –Lo recuerdo –dijo el viejo–. Y yo que no me dejaste porque hubiesesperdido la esperanza. –Fue papá quien me obligó. Soy al fin chiquillo y tengo que obedecerle. –Lo sé –dijo el viejo–. Es completamente normal. –Papá no tiene mucha fe. –No. Pero nosotros, sí, ¿verdad?

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