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Schaller_Ya No Cantan Las Ranas_enero 2013

Schaller_Ya No Cantan Las Ranas_enero 2013

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04/29/2014

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Ya no Cantan las Ranas
Anoche una mano misteriosa abrió los candados en las nubes, dejando caer sobre la tierraenormes gotas de lluvia, las primeras en muchos meses. Y el suelo, tan sediento después de loslargos y polvosos meses del verano, absorbió las deliciosas corrientes, como un niño chupandouna limonada después de un día de juego. Me acosté temprano con un libro, escuchando elritmo ecléctico de las gotas en el techo. A menudo, ese ritmo agarraba más fuerza y velocidad,subiendo a una celebración furiosa de la unión de cielo y tierra. Luego, bajó el tempo yvolumen, apenas perceptible, como pies de ratoncitos, bailando en el techo. El olor a la tierramojada, ese olor que todos conocemos, pasaba por mi nariz, llenaba mi boca y finalmentecirculaba por los tejidos de mis pulmones. Por primera vez en muchas semanas, me dormí sinesforzarme, sin tener que silenciar los canales renegados de mi cerebro.La calle frente a mi casa aún es de tierra, pero hace un par de años, llegaron unas obras deprogreso y construyeron cunetas y andenes. Eran obras realmente necesarias porqueanteriormente, se hacía un charco, poco menos del tamaño del Lago Xolotlán en nuestracuadra. La gente tenía que pasar brincando de piedrita en piedrita, como un juego de niños,para no mojarse los zapatos. Pero, en ese charco, y en los otros charcos que se formabanalrededor de la cuadra, sucedían cosas fenomenales. Con las primeras lluvias de cada año, de lanada, aparecían unas poblaciones de ranas. Nunca sabía de dónde habían salido, dónde habíanescondido sus huevos durante los ardientes meses del verano. Era una pregunta que preferíadejar como pregunta, un misterio más de la Pachamama. El color de las ranas eracompletamente innovador, como si alguien hubiera batido hojas de espinaca dentro de un vasode mostaza. Pero, lo más asombroso era su canción.Una vez que caía la noche, cuando circulaba menos gente por las calles, las ranas comenzaroncon su coro nocturno. Supongo que era una canción de las más antiguas, las más esenciales-una canción del amor. Bueno, quizá no tanto del amor, pero por lo menos una canción del sexo.Me imaginaba que las ranas cantaban con toda su fuerza y creatividad para atraer a la parejaperfecta. Supongo que los creadores de los juegos de video vivían cerca de estos charcos algunavez y copiaron la canción de las ranas para encantar a los chavalos. Era un sonido entreorgánico y electrónico, un tono un poco monótono pero seductor y demasiado parecido a losdisparos de misiles de aquellos juegos que roban la inteligencia de la juventud.
Beeeuuuu…beeeuuuu…beeeuuu….beeeuuuuuuuu
….”, toda la noche. Una vez, un amigo se
quedó en mi casa, cuando todavía cantaban las ranas y amaneció con los ojos rojos y unamirada de desesperación en la cara. Quería saber quién jodido había pasado toda la noche jugando juegos de video!Llevaba a mis hijos, cuando estaban pequeños, a visitar los charcos en esas noches lluviosas. Erauna aventura, una exploración del ecosistema instantáneo que había nacido con unas cuantasgotas de lluvia. El truco era caminar de puntillas, lentamente, para acercarnos lo más posible alcharco antes que dejaran de cantar. Siempre, siempre, las ranas pudieron más que nosotros.Tres o cuatro pasos antes de llegar al charco, todas las canciones pararon en seco,simultáneamente. De allí, nos tocaba la tarea más difícil, escanear las turbias aguas del charcoen búsqueda de cualquier señal de vida. Normalmente, se mantenían a las orillas, cerca de

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