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Yo no sé repetir cómo entré en ella
CANTO II
Yo no soy Pablo ni tampoco Eneas:
Cuando vuelva a presencia de mi Dueño
CANTO III
POR MÍ SE VA HASTA LA CIUDAD DOLIENTE,
POR MÍ SE VA AL ETERNO SUFRIMIENTO,
POR MÍ SE VA A LA GENTE CONDENADA
LA JUSTICIA MOVIÓ A MI ALTO ARQUITECTO
EL SABER SUMO Y EL AMOR PRIMERO
ANTES DE MÍ NO FUE COSA CREADA
SINO LO ETERNO Y DURO ETERNAMENTE
Y él me repuso: «Esta mísera suerte
Respondió: «Brevemente he de decirlo
Y venía detrás tan larga fila
Y él repuso: «La cosa he de contarte
CANTO IV
Rompió el profundo sueño de mi mente
Y me dijo: «La angustia de las gentes
El buen Maestro a mí: «¿No me preguntas
No estábamos aún muy alejados
Y todavía aún más honor me hicieron
CANTO V
Así bajé del círculo primero
Y mi guta: «¿Por qué le gritas tanto?
Y él a mí: «Los verás cuando ya estén
La tierra en que nací está situada
Y repuso: «Ningún dolor más grande
CANTO VI
Cuando cobré el sentido que perdí
Y él a mí: «Tras de largas disensiones
Y aquél: « Están entre las negras almas;
Y el guía dijo: «Ya no se levanta
Y él contestó: «Recurre a lo que sabes:
CANTO VII
Así giraban por el foso tétrico
Y él a mí. «Fueron todos tan escasos
Y él repuso: «Es en vano lo que piensas:
Desde el limo exclamaban: «Triste hicimos
CANTO VIII
Y él respondió: «Por estas ondas sucias
Dijo: «Ya ves que soy uno que llora.»
Entonces tendió al leño las dos manos;
Y él me repuso: «Aún antes que la orilla
Y aquel señor que allí me condujera
No pude oír qué fue lo que les dijo:
CANTO IX
-comenzó él- si no... Es la promesa
Esta pregunta le hice y: «Raramente
Y él que bien conocía a las esclavas
Las Feroces Erinias -dijo- mira:
Tesfone está en medio.» Y más no dijo
Me destapó los ojos: «Lleva el nervio
CANTO X
Y él repuso: «Cerrados serán todos
Este son escapó súbitamente
Fijado en él había ya mi vista;
Súbitamente alzado gritó: «¿Cómo
Y yo dije: «El estrago y la matanza
Díjome: «Aquí con más de mil me encuentro;
CANTO XI
Y entonces él: «¿Por qué se aleja tanto
Un poco más atrás vuélvete ahora
CANTO XII
Mi sabio entonces le gritó: «Por suerte
Iba pensando y díjome: «Tú piensas
Y uno gritó de lejos: «¿A qué pena
Me volví hacia el poeta y él me dijo:
Al poco rato se fijó el Centauro
Volvióse luego y franqueó aquel vado
CANTO XIII
Yo creí que él creyó que yo creía
Y por ello me dijo: «Si tronchases
Y haciéndose después de sangre oscuro
Yo respondí: «Pregúntale tú entonces
Y así volvió a empezar: «Para que te haga
Aún pendientes estábamos del tronco
Y él a nosotros: «Oh almas que llegadas
CANTO XIV
Mi guía entonces contestó con fuerza
Hubo allí una montaña que alegraban
La excelsa Rea la escogió por cuna
Yo contesté: «Si el presente riachuelo
CANTO XV
Y yo le dije: «Os lo pido gustoso;
Lo dejé atrás ayer por la mañana;
Y él me repuso: «Si sigues tu estrella
Y él me dijo: «Saber de alguno es bueno;
CANTO XVI
Así grité levantando la cara;
Un amén no podría haberse dicho
CANTO XVII
Así mi guía comenzó a decirme;
El guía dijo: «Es preciso torcer
Aquí el maestro: «Porque toda entera
Allí sé breve en tus razonamientos:
Aquí torció la boca y se sacaba
CANTO XVIII
Y así paré mi paso para verlo:
Venedico eres tú Caccianemico;
Y repuso: «Lo digo de mal grado;
Hablando así le golpeó un demonio
Con él están los que en tal modo engañan:
Y sea aquí saciada nuestra vista.»
CANTO XIX
Y él me dijo: «Si quieres que te lleve
En pocos años me mintió lo escrito
Dijo entonces Virgilio: «Dile pronto:
Allí habré yo de hundirme también cuando
Nuestro Señor antes de que a San Pedro
Os habéis hecho un Dios de oro y de plata:
CANTO XX
Entonces dijo: «Aquel que desde el rostro
CANTO XXI
Y el buen Maestro: «Para que no sepan
Después pasó del puente a la otra parte;
Y el guía a mí: «Oh tú que allí te encuentras
Por lo que yo avancé hasta él deprisa;
Inclinaban los garfios: «¿Que le pinche
Luego nos dijo: « Más andar por este
Hacia allá mando a alguno de los míos
Y él me dijo: «No quiero que te asustes;
CANTO XXII
Y junto a él se aproximó mi guía;
Después fui de la corte de Teobaldo:
Cayó el ratón entre malvados gatos;
También quiso agarrarle Ponzoñoso
Trata con él maese Miguel Zanque
Aprovechó su tiempo el de Navarra;
CANTO XXIII
Vuelto había a la fábula de Esopo
Yo así pensaba: «Si estos por nosotros
De súbito mi guía me cogió
Por lo que dije al guía: «Ve si encuentras
Tal vez tendrás de mí lo que buscabas.»
Después dirigió al fraile estas palabras:
El guía inclinó un poco la cabeza:
Y el fraile: « Ya en Bolonia oí contar
CANTO XXIV
Tan ordeñado del pulmón estaba
Hay que subir una escala aún más larga;
Más no se ufane Libia con su arena;
Entre el montón tristísimo corrían
El guía preguntó luego quién era:
De Val de Magra Marte manda un rayo
CANTO XXV
Aquel huyó sin decir más palabra;
Calle Ovidio de Cadmo y de Aretusa;
Así yo vi la séptima zahúrda
CANTO XXVI
Y viéndome mi guía tan atento
Me respondió: «Allí dentro se tortura
Y él me repuso: «Es digno lo que pides
CANTO XXVII
Si tú también en este mundo ciego
Rávena está como está ha muchos años:
Las villas del Santerno y del Camone
Después que el fuego crepitó un momento
Luego volvió a decir: «Tu alma no tema;
CANTO XXVIII
Y yo le dije: «Y muerte de tu raza.»
Aquitael no hizo más de Absalón
Y en mí se cumple la contrapartida.»
CANTO XXIX
Tú no lo hiciste así en las otras bolsas;
Dijo el maestro entonces: «No entretengas
Tan distraído tú estabas entonces
-se dirigió mi guía a uno de aquéllos-
Y el guía dijo: «Soy uno que baja
Entonces se rompió el común apoyo;
Y yo dije al maestro: «tHa habido nunca
CANTO XXX
Cuando Juno por causa de Semele
Y él me repuso: «El alma antigua es ésa
El pecar con aquél consiguió ésta
Vi a uno que un laúd parecería
Pero si viese aquí el ánima triste
Y yo dije: «¿Quién son los dos mezquinos
Una es la falsa que acusó a José;
Y aquél le respondió: « Al encaminarte
Y el hidrópico dijo: «Eso es bien cierto;
Y el monedero dilo: «Así se abra
CANTO XXXI
Y él a mí: «Como cruzas las tinieblas
Cuando dejó de hacer Naturaleza
Después me dijo: «A sí mismo se acusa
Y él me repuso: «A Anteo ya verás
A Ticio y a Tifeo no nos mandes;
Así dijo el maestro; y él deprisa
CANTO XXXII
-les dije- ¿Quiénes sois?» Y el cuello irguieron;
Leño con leño grapa nunca une
De igual cuerpo salieron; y en Caína
Llorando me gritó: «¿Por qué me pisas?
Y él a mí: «Lo contrario desearía;
Gianni de Soldanier creo que está
No de otra forma Tideo roía
CANTO XXXIII
Luego empezó: «Tú quieres que renueve
Ignoro yo quién seas y en qué forma
Un pequeño agujero de «la Muda»
Dos días les llamé aunque estaban muertos:
Y él me repuso: «En breve será cuando
Me respondió: «Yo soy fray Alberigo;
Y él repuso: «De cómo esté mi cuerpo
Porque con la peor alma de Romaña
CANTO XXXIV
Y él me repuso: « Piensas todavía
Un lugar hay de Belcebú alejado
Después le respondió: «Por mí no vengo
Me ciñó como el otro había dicho:
Jerusalén en su más alto punto;
Apareció después a cada lado
Después al acercarse más y más
Y respondió Virgilio: « Estáis pensando
Y yo: «Si no te quitan nuevas leyes
Le creí descontento de sí mismo:
Y uno de aquéllos empezó: «Quien quiera
Volví la vista a él muy fijamente
Luego sonriendo dijo: «Soy Manfredo:
Cuando algún sufrimiento o alegría
Y él me dijo: «No tuerzas ningún paso;
Allí fuimos; y había allí personas
Después: «Belacqua -dije- no me duelo
Y mi maestro: «Bien podéis marcharos
Y yo: «Por más que mire vuestros rostros
Y uno repuso: «Todos nos fiamos
Y le dije: «¿qué fuerza o qué aventura
Te diré la verdad y tú a los vivos:
Y él me dijo: «Es sencilla mi escritura;
Nos acercamos: ¡oh ánima lombarda
Menor fuera sin ése la vergüenza
Sordello se apartó y dijo: «¿Quién sois?»
Allí estoy con los niños inocentes
Respondió: «Un lugar fijo no me han puesto;
Y el buen Sordello en tierra pasó el dedo
Con tanta devoción Te lucis ante
Yo aquel gentil ejército veía
Sólo tres pasos creo que había dado
Sordello y él se echaron hacia atrás
Y vuelto a mí: « Por esa rara gracia
Y yo le dije: «Aquellas tres antorchas
Y él respondió: « Las cuatro estrellas claras
Mientras hablaba cogióle Sordello
Me llamaba Corrado Malaspina;
Del anciano Titón la concubina
Allí me pareció que ambos ardíamos;
-él comenzó a decir- ¿y vuestra escolta?
No os vaya a ser dañosa la venida.»
Allí subimos; y el primer peldaño
Encima de éste colocaba el ángel
Me las dio Pedro; y díjome que errase
Nuestros pies no se habían aún movido
Jurado habria que él decía: «¡Ave!»
Allí en el mismo mármol esculpido
Había en torno a él gran muchedumbre
Y él que le contestaba: «Aguarda ahora
Por lo cual él: «Consuélate; es preciso
Y aquel: «La condición abrumadora
Soy Omberto; y no sólo la soberbia
Y yo le dije: «Tu verdad me empuja
Y yo: «Si aquel espíritu que deja
Más no diré y oscuro sé que hablo;
Esta acción le sacó de esos confines.»
Mas cuando dijo: «Déjale y avanza;
Veía a aquél que noble fue creado
Veía a Troya en ruinas y en cenizas;
Por los santos peldaños ya subíarnos
Por lo que yo: «Maestro ¿qué pesada
No había sombras ni señales de ellas:
Yo dije: «Oh padre ¿qué voces son éstas?»
Y el buen maestro «Azota esta cornisa
Abrí entonces los ojos más que antes;
Y ella me dijo: «¿Quién te ha conducido
Y yo: «Este que está aquí sin decir nada
Pero más perderán los almirantes
Y dijo uno: «Oh alma que ligada
Y yo: «Se extiende en medio de Toscana
Y el otro le repuso: «¿Por qué esconde
No callaré por más que éste me oiga;
Pier Traversaro y Guido de Carpigna?
Y él contestó: «De su mayor defecto
Y aquel me contestó: «Como no pones
Allí me pareció en una visión
Y él dijo: «Si cien máscaras tuvieses
Entonces comencé: «Con este rostro
Me respondió y dijo luego: «Te pido
Un gran suspiro que acabó en un ¡ay!
Cualquier causa achacáis los que estáis vivos
Destruido sería así en vosotros
Uno a otro apagó; y está la espada
(allí está el ángel) antes que me vea.»
Luego llovió en mi fantasía uno
Ya donde más no subía llegamos
Ahora comprenderás cuánto está oculta
Como el Ismeno y el Asopo vieron
Estas palabras díjolas mi guía;
Yo fui abad de San Zeno de Verona
Detrás todos decían: «Antes muerto
Yo aparté a Ulises de su incierta ruta
Y yo: «Me hace marchar con tantas dudas
Y él me dijo: «El porqué nuestras espaldas
Entre Siestri y Chiavani va corriendo
Eché a andar y mi guía echó a andar por los
De un carnicero de París fui hijo:
Lo que decía de la única esposa
Polinestor que mató a Polidoro;
Y mi doctor: «Si miras las señales
Y aquel dijo: «No hay cosa que sin orden
Y el sabio guía: «Ya comprendo ahora
Por Estacio aún la gente me conoce:
Se volvió a mí Virgilio a estas palabras
Así que sonreí como al secreto;
Por lo que yo: «Quizás te maravilles
Y él alzando: «Ahora puedes comprender
Y aquél a éste: «Tú me dirigiste
Y pensando decíame: «¡Aquí viene
Parecían sus órbitas anillos
Y él a mí- «Del querer eterno baja
Si antes se terminó el que tú pudieras
Y él respondió: «Tan pronto me ha logrado
Tanto más cara a Dios y más dilecta
Dulce hermano ¿qué quieres que te diga?
Por lo que yo le dije: «Si recuerdas
--señalé el sol. Y aquél por la profunda
Dice que habrá de hacerme compañía
-y se lo señalé-; y aquél la sombra
Dijo primero; y luego: «Aquí podemos
--él comenzó- que hará que mi ciudad
Tú marcharás con esta profecía:
Y yo le dije: «Soy uno que cuando
Entre las frondas no sé quién hablaba;
Decía: «Recordad a los malditos
Alcé mi rostro para ver quién era;
Sentí decir: «Dichosos los que alumbra
Dilación no admitía la subida;
Summae Deus Clamentiae en el seno
Y al terminar gritaban: «En el bosque
Diana se quedó y arrojó a Elice
No sólo a mí aproveche tu respuesta;
Después como las grullas que hacia el Rif
César oyó que "reina" lo llamaban:
-y señaló un espíritu delante-
Y comenzó a decirrne cortésmente:
Hacia mí se volvió mi buena escolta;
Corno al nombre de Tisbe abrió los ojos
Tú me recuerdas dónde y cómo estaba
Y ella: «Te explicaré cómo deriva
Aquí Leteo; igual del otro lado
Fue aquí inocente la humana raíz;
Me dirigí yo entonces hacia atrás
Yo me volví de admiración colmado
La mujer me gritó: «¿Por qué contemplas
Los pendones de atrás eran más grandes
Subían tanto que no se veían;
No sólo Roma en carro tan hermoso
Uno se parecía a los discípulos
Nada más que en mi vista golpeó
Mas Virgilio privado nos había
Ella calló; y los ángeles cantaron
Llorando dije: «Lo que yo veía
Y dijo: «Si callaras o negases
Me dijeron: «No ahorres tus miradas;
Yo escuché murmurar: «Adán» a todos;
Así en tomo al robusto árbol gritaron
Mira la compañía que la cerca;
Así Beatríz; y yo que a pie juntillas
Y dijo: «De temor y de vergüenza
Por lo que yo le dije: «No recuerdo
Fulgiendo más y con más lentos pasos
Delante de él al Éufrates y al Tigris
A tal pregunta me dijeron: «Pide
Pero allí va fluyendo el Eunoé:
De aquel agua santísima volví
Allí mañana y noche aquí había hecho
Allí están permitidas muchas cosas
Mas decidme: ¿qué son las manchas negras
Y ella: «En verdad verás que lo que piensas
Dirás que se aparece más oscuro
Aunque el tamaño de las más distantes
Así van estos órganos del mundo
Mas háblales y créete lo que escuches;
Y a la que parecía más dispuesta
Y dije: «En vuestros rostros admirables
Mas dime: los que estáis aquí gozosos
Mi vista que siguió detrás de ella
Hizo Beatriz lo mismo que Daniel
Y dijo: «Bien conozco que te atraen
Fluyó así el santo río que salía
Así Beatriz principio dio a este canto;
Así me habló Beatriz tal como escribo;
Y así como venían a nosotros
CANTOVI
Y lo que obró llevado contra Breno
Luego humilló el orgullo de los árabes
Escipión y Pompeyo; y a ese monte
César por gusto de Roma lo obtuvo
Lo que obró luego al marcharse de Rávena
De allí fue como un rayo contra Juba;
Dudoso estaba y me decía: «¡Dile!
Mas el respeto que de mí se adueña
No podría en sus límites el hombre
Esto le dije; y él a mi «Si puedo
Y yo: «No; pues ya sé que es imposible
Esaú de Jacob; y de un vil padre
Llorará también Feltre la traición
Aquí dejó de hablar; y me hizo un gesto
Por esto el Evangelio y los Doctores
Mira cómo de allí se aparta el círculo
Y comenzó Beatriz: «Dale las gracias
Este que a mi derecha está más cerca
En la luz pequeñita está riendo
Después que cada uno volvió al punto
Todo en fuego seráfico uno ardía;
No le inclinó la frente la vergüenza
Aún hay algunos que temen el daño
Fue llamado Domingo; y hablo de él
Bien se mostró de Cristo mensajero;
De él se hicieron después diversos ríos
Rompió el silencio de concordes númenes
De aquí desciende a la última potencia
"¿pues cómo aquél no tuvo par alguno?"
Y escuché dentro de la luz más santa
Bien está que sin término se duela
Tú crees que a mí llegó tu pensamiento
Luego me dijo: «Aquel de quien se toma
Aún no le daba miedo si nacía
Aún no estaba vencido Montemalo
Vi andar ceñido a Belincione Berti
Luego seguí al emperador Conrado;
Marché tras él contra la iniquidad
Yo le dije: «Vos sois el padre mío;
Si piensas cómo Luni y Orbisaglia
Los de la Pressa sabía ya cómo
Ya hasta el mercado había el Caponsacco
Diré una cosa cierta e increíble:
Ya estaban Gualterotti e Importuni;
Por lo cual mi señora «Expulsa el fuego
Como se marchó Hipólito de Atenas
Tú dejarás cualquier cosa que quieras
Probarás cuán amargamente sabe
En él nadie repara todavía
Dijo después: «La explicación es esto
Así con Carlo Magno y con Oriando
Después vi a Rinoardo y a Guillermo
Al compás de su canto se movían;
Puedes decir: «Tan fijo está mi amor
Apareció ante mí la bella imagen
Y entonces respondí. «Oh perpetuas flores
Dijo después: «El que volvió el compás
La pena podrá verse que en el Sena
Veráse al cojo de Jerusalén
Enseñará las obras indecentes
El que está en Portugal y el de Noruega
No se reía; mas «Si me riese
Vi también que bajaba los peldaños
Mas aquella en que espero el cómo y cuándo
Vino Cefas y vino el Santo Vaso
Dentro de ella escuché luego: «Si vieses
El monte en cuya falda está Cassino
Y yo a él: «El afecto que al hablarme
Hasta allá arriba contempló el patriarca
Y Beatriz dijo: «¡Mira las legiones
Ella me dijo: «Aquello que te vence
Allí están el poder y la sapiencia
Cualquier canción que tenga más dulzura
Así la melodía circular
Así Beatriz; y las gozosas almas
De aquella que noté más apreciada
Y ella: «Oh luz sempiterna del gran hombre
Y luego: «Cual la pluma verdadera
Y respondí: «Las cosas tan profundas
Escuché entonces: «Si cuanto se adquiere
Y después escuché: «¿La antigua y nueva
Y yo: «Me lo confirman esas obras
Así continuó la luz segunda
Y con su inspiración tú me inspiraste
Luego dijo: «El amor en que me inflamo
Dice Isaías que todos vestidos
Se ajustó allí a su canto y a su rueda;
Dijo así mi señora; mas por esto
Y yo: «Por filosóficas razones
Lo demostró la voz del Creador
Y escuché: «Por la humana inteligencia
Por eso repliqué: «Cuantos mordiscos
Y mi señora: «Dentro de ese rayo
Quieres oír cuánto hace que me puso
Sixto y Urbano y Pío y Calixto
Y hubiera descubierto aún más lugares
La inocencia y la fe sólo en los niños
El séptimo seguía tan extenso
Ve el círculo que está de él más cercano;
Dijo así mi señora; y luego: «Atiende
Las esferas corpóreas son más amplias
Así pues este círculo que arrastra
De aquí se puede ver cómo se funda
Principados y Arcángeles dan vueltas;
Pero de él se apartó luego Gregorio;
Jerónimo escribió que muchos siglos
Ya sabes dónde y cuándo estos amores
Y aún esto es admitido aquí en lo alto
No meditáis en cuánta sangre cuesta
No hay en Florencia tantos Lapi y Bindi
Aquí verás a una y otra milicia
Y después: «Son el río y los topacios
No que de suyo estén aún inmaduros;
Mas Dios lo aguantará por poco tiempo
La forma general del Paraíso
Y él: «Para que se acabe tu deseo
De la región aquella en que más truena
Y el santo anciano: «A fin de que concluyas
Alcé los ojos; y cual de mañana
Y como allí donde el timón se espera
Y como allí el escaño glorioso
A la enseñanza recurrí de nuevo
Y aquél: «Cuanta confianza y gallardía
El círculo que había aparecido
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P. 1
La Divina Comedia

La Divina Comedia

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