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“Quiebra” de nuestro mundo. Y, en rigor de justicia, así lo declaramos y elevamosal tribunal Superior, ese Laudo tremendo, para su aprobación y a la vez, lorepartimos en 10,000 ejemplares a nuestras 73 Cátedras catalogadas en el mismodocumento, Universidades y Bibliotecas públicas, para público testimonio deltremendo juicio, por si aun podía alguien apelar, lo que nadie ha podido hacer.Sabíamos bien cierto, por donde empezaría la confirmación de ladeclaración de quiebra. Más si hubiéramos dicho que empezaría en Norteamérica,habríamos sido tachados de locos, por todos los que no entienden del gobiernodel Creador y más que por nadie, por los mismos quebrados dueños del oro delmundo.Como si fuera aquel “Laudo” un cheque a treinta días, la Cobradorainexorable; la Ley de compensación, se presentó y cobró, porque en aquel “Laudo”,denunciamos el incalificable delito de un... sabio... Norteamericano, que sepropone “crear hombres autómatas, para evitar las pérdidas que el capitalismopierde por las huelgas y por el cansancio del hombre” y quiere hacer el máquina-hombre. Descabellada idea inhumana, que nuestra Escuela no podía pasar sindenunciarla al Padre Universal.Con el cobro que ha hecho la Ley, ese...sabio... (que no sabía lo que la leyde justicia tiene decretado) ya le faltará el capital para crear el “Máquina-hombre”,salvo ser, que también sea “un hecho natural” ese descalabro, como son “hechosque siempre han sucedido” todos los extraordinarios que la tierra ha sufrido desde1913 acá, aun cuando ya, muchos que un momento han pensado y comparadoesos cataclismos y encuentran que ni “en violencias, extensión ni continuidad, lahistoria sismológica, atmosférica, volcánica, ni ninguna de las catástrofesregistradas se iguala en los hechos de un siglo, a los de un mes de estos últimosaños. Ahora también, se confirma, que entre todas las catástrofes bursátiles, nosuman la igualdad de la de Wall Street.Podemos hacer un libro grande para probar que hoy se profetiza para elpresente: pero basta ese cataclismo bursátil que es el que más duele a loshombres; y porque es hora de decirle al Dios-oro: Sí. Has cumplido tu venganza:pero, ¿quién venció?... Y... además... a tu pesar, ¿has servido o no al hombre ysus causas?.. Todo lo has regateado. Hasta has podido detener unas migajas quealguien suscribió y hasta hoy no pudo disponer. Pero, no harás más que ponerleuna agravante en tu sentencia, que más te anulará. El mundo todo confirma ya,que “el dinero no alcanza”: y, LO QUE NO ALCANZA, NO SIRVE; NO REINA.¿Quién ha vencido?... Pero, no supliquen en su agonía los dioses y aun menosDios-Oro. Tú, hasta en la agonía has de servir a la causa contra la que entablastelucha de venganza, ordenada por los dioses religiosos que Isaías condenó y miEscuela vino a sepultarlos y los hace sufrir la sentencia de Moisés, viendo caersus castillos piedra por piedra y ladrillo por ladrillo. “Ojo por ojo y diente por diente”:pero sin venganza, en justicia verdad; porque, “con la vara que medisteis, soismedidos”.La vorágine comercial, sirviente del Dios-Oro, hizo en su obsequio, queeste libro estuviera 14 años preso en el archivo; pues queriendo llevarlo a lasmanos de los hombres en lo más álgido de la guerra Europea, una empresaeditora se lo quiso tragar todo, pagando al autor con unos pocos ejemplares,
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