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Maria Valtorta - Poema Del Hombre Dios - Preparacion a La Pasion

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06/21/2013

 
Preparación a la Pasión de Jesús541Judíos en Betania de visita
Un nutrido y pomposo grupo de judíos, que montan cabalgaduras de lujo, entra en Betania. Son escribas y fariseos,además de algún saduceo y herodiano ya vistos otra vez (si no me equivoco, en el banquete en casa de Cusa para tentar a Jesúsa que se proclamara rey). Los siguen criados a pie.El grupo a caballo cruza lentamente la pequeña ciudad. El sonido de los cascos contra el terreno duro, el tintineo de los jaeces, las voces de los hombres convocan a las puertas a los habitantes, que miran y -visiblemente cohibidos- se inclinanhaciendo profundas reverencias, para erguirse luego y reunirse y bisbisear en grupos.-¿Habéis visto?-Todos los miembros del Sanedrín de Jerusalén.-No. José el Anciano, Nicodemo y otros no estaban.-Y los fariseos más conocidos.-Y los escribas.-¿Y el que iba en ese caballo quién era?-Está claro que van donde Lázaro.-Debe estar a las puertas de la muerte.-No logro entender por qué el Rabí no está aquí.-¿Y cómo iba a estar, si lo buscan los de Jerusalén para matarlo?-Tienes razón. Es más, esas serpientes que han pasado vienen, sin duda, para ver si el Rabí está aquí.-¡Alabado sea Dios porque no está!-¿Sabes lo que le han dicho a mi marido en los mercados de Jerusalén? Que estén preparados, porque pronto seproclamará rey, y todos tendremos que ayudarle en... -¿Cómo han dicho?-¡Bueno! Una palabra que quería decir como si yo dijera que echo a todos de casa y me hago la dueña.-¿Un complot?... ¿Una conjura?... ¿Una sedición?... - preguntan y sugieren.Un hombre dice:-Sí. También me lo han dicho a mí. Pero no lo creo.-¡Pero si lo dicen discípulos del Rabí!...-¡Mmm! Yo no creo que el Rabí haga uso de la violencia y que destituya al Tetrarca y usurpe un trono que, con justicia osin ella, es de los herodeos. Haríais bien en decirle a Joaquín que no crea en todo lo que oye...-¿Pero sabes que el que le ayude será premiado en la Tierra y en e1 Cielo? Bien contenta estaría yo de que mi maridorecibiera este premio: estoy cargada de hijos y la vida es difícil. ¡Si pudiéramos tener un puesto entre los siervos del Rey deIsrael!-Mira, Raquel, creo que será mejor cuidar mi huerto y mis dátiles. Si me lo dijera Él... sí que dejaría todo y lo seguiría.Pero... dicho por otros...-¡Son discípulos suyos!-Nunca los he visto con Él. Y además... No. Fingen que son corderos, pero tienen unas caras de maleantes que no meconvencen.-Es verdad. Desde hace un tiempo, suceden hechos extraños, y siempre se dice que son los discípulos del Rabí los quelos hacen. El último día antes del sábado, algunos de ellos trataron con ultrajes a una mujer que llevaba huevos al mercado y ledijeron: "Los queremos en nombre del Rabí galileo".-¿Tú crees que Él puede querer que se hagan estas cosas, Él, que da y no toma, É1, que podría vivir entre los ricos yprefiere estar entre los pobres, y quitarse el manto, como decía a todos aquella leprosa curada que se encontró con Jacob?Otro hombre, que se ha acercado al grupo y ha estado escuchando, dice:-Tienes razón. ¿Y eso otro que se dice, entonces?: ¿que el Rabí nos va a acarrear grandes desventuras porque losromanos nos castigarán a todos nosotros por causa de sus instigaciones a la gente? ¿Vosotros lo creéis? Yo digo y no meequivoco, porque soy anciano y cuerdo-, digo que tanto los que nos dicen, a nosotros, gente sencilla, que el Rabí quiereapoderarse del trono con violencia, y también expulsar a los romanos -¡Ah, si así fuera!, ¡si fuera posible hacerlo!-, como los quecometen actos violentos en su nombre, como los que nos instigan a la rebelión con promesas de una futura ganancia, como losque quisieran que odiáramos al Rabí como individuo peligroso que nos ha de llevar a la desventura... todos éstos son enemigosdel Rabí, y tratan de destruirlo para triunfar ellos. ¡No los creáis! ¡No creáis en los falsos amigos de la gente sencilla! ¿Veis losoberbios que han pasado? A mí por poco si no me dan un palo, porque me era difícil hacer que las ovejas entraran, y lesobstaculizaba su camino... ¿Amigos nuestros ésos? Nunca. Son nuestros vampiros, y -¡Dios no lo quiera!- vampiros también deÉl.-Tú que estás cerca de los campos de Lázaro, ¿sabes si ha muerto?-No. No ha muerto. Está allí, entre la muerte y la vida... Le he preguntado por él a Sara, que estaba cogiendo floresaromáticas para los lavatorios.-¿Y entonces para qué han venido ésos?
 
-¡Pues si ya lo he dicho yo! ¡Han venido para ver si estaba el Rabí! Para hacerle algún daño. ¿Sabes lo que sería paraellos el poder causarle algún mal? ¡Y precisamente en casa de Lázaro! Dilo tú, Natán, ¿ese herodiano no era el que hace tiempoera el amante de María de Teófilo?-Era él. Quizás quería vengarse así de María...Llega corriendo un muchachito. Grita:-¡Cuánta gente en casa de Lázaro! Yo volvía del arroyo con Leví, Marcos e Isaías, y hemos visto eso. Los criados hanabierto la cancilla y han tomado las caballerías. Y Maximino ha salido al encuentro de los judíos, y otros han acudido y hansaludado con grandes reverencias. Han salido de la casa Marta y María con sus criadas, para saludar. Y hubiéramos querido vermás, pero han cerrado la cancilla y se han metido todos en la casa.El jovencito está todo emocionado por las noticias que trae, por lo que ha visto...Los adultos hacen comentarios entre sí.
542Los judíos en casa de Lázaro.
Aunque esté deshecha de dolor y cansancio, Marta sigue siendo la señora que sabe recibir y ofrecer la casa, y honrar alas personas con ese porte señorial perfecto propio de la verdadera señora. Así, ahora, habiendo antes conducido al grupo a unade las salas, da las indicaciones para que se traigan los refrescos habituales y para que los huéspedes tengan todo aquello quepueda serles reconfortante.Los criados van de acá para allá sirviendo bebidas calientes o vinos de calidad, ofreciendo fruta espléndida, dátilesdorados como topacios, uva seca, parecida a nuestra uva moscatel, de racimos de una perfección fantástica, y miel virgen; todoen ánforas, copas, bandejas, platos preciosos. Y Marta vigila atentamente, para que ninguno quede desatendido; es más, segúnla edad, y quizás también según las personas (cuyos caracteres le resultan bien conocidos), da la pauta para el servicio a loscriados. Así, para a un criado que se dirige a Elquías con un ánfora llena de vino y con una copa y le dice:-Tobías, no vino, sino agua de miel y jugo de dátiles.Y a otro:-Sin duda, Juan prefiere el vino. Ofrécele el blanco de uva pasa.Y, personalmente, al viejo escriba Cananías le ofrece leche caliente, abundantemente dulcificado por ella con la doradamiel mientras dice:-Te vendrá bien para tu tos. Te has sacrificado para venir, estando enfermo y en un día crudo. Me conmueve el verostan solícitos.-Es nuestro deber, Marta. Euqueria era de nuestra estirpe. Una verdadera judía que nos honró a todos.-El honor a la venerada memoria de mi madre toca mi corazón. Transmitiré a Lázaro estas palabras.-Pero nosotros queremos saludarlo. ¡Un hombre tan amigo! - dice, falso como siempre, Elquías, que se ha acercado.-¿Saludarlo? No es posible. Está demasiado agotado.-¡No le vamos a molestar! ¿No es verdad, vosotros? Nos contentamos con un adiós desde la puerta de su habitación -dice Félix.-No puedo, no puedo de ninguna manera. Nicomedes se opone a cualquier tipo de fatiga o de emoción.-Una mirada al amigo moribundo no puede matarlo, Marta
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dice Calasebona. ¡Demasiado nos dolería el no haberlesaludado!Marta está nerviosa, vacilante. Mira hacia la puerta, quizás para ver si María viene en su ayuda. Pero María estáausente.Los judíos observan este nerviosismo suyo, y Sadoq, el escriba, se lo dice a Marta:-Se diría que viniendo te hemos puesto nerviosa, mujer.-No. Nada de eso. Comprended mi dolor. Hace meses que vivo al lado de uno que agoniza y... ya no sé... ya no sémoverme como antes en las fiestas...-¡Esto no es una fiesta! ¡No queríamos tampoco que nos dieras estos honores! Pero... quizás... quizás nos escondes algoy por eso no nos dejas ver a Lázaro ni permites que pasemos a su habitación. ¡Je! ¡Je! ¡Esto se sabe! Pero, no temas, que lahabitación de un enfermo es lugar sagrado de asilo para cualquiera. Créelo... - dice Elquías.-No hay nada que esconder en la habitación de nuestro hermano. Nada hay escondido en ella. Esa habitaciónúnicamente acoge a un moribundo para el que sería un acto de piedad evitarle todo recuerdo penoso. Y tú, Elquías, y todosvosotros, sois recuerdos penosos para Lázaro - dice María con su espléndida voz de órgano, apareciendo en la puerta ymanteniendo apartada la cortina purpúrea con la mano.-¡María! - gime Marta, suplicante para frenarla.-Nada, hermana. Déjame hablar...Se dirige a los otros:-Y para quitaros todas las dudas, que uno de vosotros -sólo un recuerdo del pasado volverá a causar dolor- vengaconmigo, si ver a un moribundo no le molesta y el hedor de la carne que muere no le produce náuseas.-¿Y tú no eres un recuerdo que causa dolor? - dice, irónico, el herodiano, que ya he visto aunque no sé dónde, saliendodel rincón en que se hallaba y poniéndose frente a María.
 
Marta gime. María mira con mirada de águila inquieta, sus ojos centellean; se yergue altiva, olvidándose del cansancio yel dolor, que verdaderamente encorvan su cuerpo, y, con una expresión de reina ofendida, dice:-Sí, yo también soy un recuerdo, pero no de dolor como tú dices; soy el recuerdo de la Misericordia de Dios. Y,viéndome a mí, Lázaro muere en paz, porque sabe que encomienda su espíritu en las manos de la infinita Misericordia.-¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡No eran éstas las palabras de otros tiempos! ¡Tu virtud! A quien no te conoce podrías mostrársela...-Pero a ti no, ¿no es así? Pues precisamente a ti te la pongo delante de los ojos
 ,
para decirte que uno se hace comoaquellos con quienes va. Yo, en aquellos tiempos
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por desgracia, estaba contigo, y era como tú; ahora estoy con el Santo, y mehago honesta.-Una cosa destruida no se reconstruye, María.-Efectivamente, tú, todos, vosotros, no podéis reconstruir el pasado; no podéis reconstruir lo que habéis destruido: nopuedes tú que me causas horror; ni vosotros, que ofendisteis en el tiempo del dolor a mi hermano y que ahora, por torcidafinalidad, queréis aparecer como amigos suyos.-¡Oh, eres audaz, mujer! El Rabí habrá expulsado de ti muchos demonios, pero mansa no te ha hecho - dice uno deaproximadamente cuarenta años.-No, Jonatán ben Anás, no me ha hecho débil; al contrario, me ha hecho más fuerte, con esa audacia que es propia de lapersona honesta, de la persona que ha querido volver a ser honesta y ha roto todo vínculo con el pasado para hacerse una vidanueva. "¡Vamos! ¿Quién viene donde Lázaro?!Se muestra imperiosa como una reina. Los domina a todos con su franqueza, despiadada incluso contra sí misma.Marta, por el contrario, está angustiada, con lágrimas en esos ojos suyos
 
que miran fijamente a María suplicándole que calle.-¡Voy yo! - dice, acompañando sus palabras de un suspiro de víctima, Elquías, falso como una serpiente. Salen juntos.Los otros se vuelven hacia Marta:-¡Tu hermana!... Siempre ese carácter. No debería. Tiene que ganarse mucho perdón - dice Uriel, el rabí visto en Yiscala,el que allí lanzó piedras a Jesús y lo hirió. Marta, azuzada por estas palabras, encuentra de nuevo su fuerza y dice:-La ha perdonado Dios. Cualquier otro perdón no tiene valor después de ése. Y su vida actual es ejemplar para elmundo.Pero la audacia de Marta pronto decae y se muda en llanto. Gime, entre lágrimas:-¡Sois crueles! Con ella... conmigo... No tenéis compasión ni del dolor pasado ni del dolor actual. ¿A qué habéis venido?¿A ofender y dar dolor?-No, mujer, no. Sólo para saludar a este judío grande que agoniza. ¡Para ninguna otra cosa! ¡Para ninguna otra cosa! Nodebes tomar a mal nuestras rectas intenciones. Hemos sabido por José y Nicodemo que había habido un agravamiento, y hemosvenido... de la misma forma que ellos, los dos grandes amigos
 
del Rabí y de Lázaro. Por qué esa actitud de tratarnos de maneradistinta a nosotros que amamos al Rabí y a Lázaro como ellos? No sois justas. ¿Puedes, acaso, decir que ellos -con Juan, Eleazar,Felipe, Josué y Joaquín- no hayan venido a informarse de cómo estaba Lázaro?, ¿y que Manahén no ha venido?...-Yo no digo nada. Lo que me asombra es que sepáis todo también. No sabía que hasta por dentro las casas fueranvigiladas por vosotros. No sabía que existiera un nuevo precepto, además de los seiscientos trece que ya existen: el de indagar,espiar dentro de las familias... ¡Perdón! ¡Os estoy ofendiendo! El dolor me hace perder los cabales, y vosotros lo agudizáis.-¡Te comprendemos, mujer! Hemos venido a daros un consejo bueno porque pensamos que estáis fuera de vuestroscabales. Avisad al Maestro. Ayer incluso, siete leprosos vinieron a dar gloria al Señor porque el Rabí los había curado. Llamadlotambién para Lázaro.-¡Mi hermano no está leproso! - grita Marta muy agitada - ¿Éste es el motivo por el que queríais verlo? ¿Para estohabéis venido? ¡No! ¡No está leproso! Mirad mis manos. Lo curo desde hace años y yo no tengo lepra. Tengo la piel enrojecidapor los ungüentos aromáticos, pero no tengo lepra. No tengo...-¡Calma! Calma, mujer. ¿Quién ha dicho que Lázaro esté leproso? ¿Quién sospecha en vosotras un pecado
tan horrendo
como el de ocultar a un leproso? ¿Tú crees que, a pesar de vuestro poder, no habríamos descargado nuestra mano sobrevosotras si hubierais pecado? Nosotros somos capaces de pasar por encima incluso del cuerpo de nuestro padre y de nuestramadre, de nuestra esposa y de nuestros hijos, con tal de hacer obedecer los preceptos. Esto te lo digo yo, yo, Jonatán de Uziel.-¡Cierto! ¡Es así! Y ahora te decimos, por el amor que te profesamos, por el amor que profesábamos a tu madre, por elque profesamos a Lázaro: llamad al Maestro. ¿Meneas la cabeza? ¿Quieres decir que ya es tarde? ¿Cómo es eso? ¿No tienes feen Él, tú, Marta, discípula fiel? ¡Eso es grave! ¿Tú también empiezas a dudar? - dice Arquelao.-Blasfemas, escriba. Creo en el Maestro como en el Dios verdadero.-¿Y entonces por qué no quieres intentarlo? Él ha resucitado a muertos... A1 menos, eso se dice... ¿Es que no sabesdónde está? Si quieres, te lo buscamos nosotros, te ayudamos nosotros - insinúa Félix.-¡No, hombre, no! En casa de Lázaro ciertamente se
sabe
dónde está el Rabí. Dilo con franqueza, mujer, y nospondremos en marcha para buscártelo y te lo traeremos aquí, y estaremos presentes en el milagro para exultar contigo, contodos vosotros - dice, tentador, SadocMarta vacila, casi tentada a ceder. Los otros instan, mientras ella dice:-No sé dónde está... No tengo la menor idea... Se marchó hace unos días y nos saludó como quien se marcha para largo
tiempo… Para mí sería consolador saber dónde está... Al menos, saberlo... Pero no lo sé, de verdad.
..-¡Pobre mujer! Nosotros te ayudaremos... Te lo traeremos aquí-dice Cornelio.-¡No! No hace falta. El Maestro... ¿Os referís a Él, no es verdad? El Maestro dijo que debíamos esperar más de loesperable, y esperar únicamente en Dios. Y nosotras así lo haremos - dice María con voz de trueno mientras regresa con Elquías,quien inmediatamente la deja y habla, encorvado, con tres fariseos.-¡Pero se está muriendo, por lo que oigo! - dice uno de ellos, que es Doras.

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