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Alain Badiou - La Figura Del Revolucionario de Estado

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Artículo aparecido en la Revista Acontecimiento. Nº29-30. Bs. As. 2005

Artículo aparecido en la Revista Acontecimiento. Nº29-30. Bs. As. 2005

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La figura del revolucionario de Estado. Igualdady Terror
por Alain Badiou
Una década después de la toma del poder por los comunistas chinos, en losaños 1958-59, comienzan a darse en el seno del Partido ásperas discusionesacerca del devenir del país, la economía socialista, el pasaje al comunismo. Sonlas que habrán de conducir algo más tarde a los tumultos de la RevoluciónCultural.Sorprende en especial el hecho que el trabajo de Mao- Tsé-Tung en esa épocaacuerde un lugar muy importante a la crítica dirigida a Stalin, como si paraencontrar una vía nueva fuera necesario revisar el balance de la colectivizacióna la que procediera la U.R.S.S. en los años treinta.Aún más sorprendente resulta que esta oposición según la cual vienen aconfrontarse, por un lado, la perspectiva que condujera Stalin entre los añostreinta y cincuenta, y por otro aquélla que inaugurara Mao en el umbral de losaños sesenta, evoque hasta en el detalle una querella infinitamente másantigua: la que se instaurara entre legistas y conservadores obedientes aConfucio en la China del emperador Wou, en el año 81 a.J.C., consignada en ungran clásico chino (manifiestamente redactado por un partidario de Confucio),la
Disputa acerca de la sal y el hierro.
Se trata de una referencia inmediatamente articulada a la historiarevolucionaria de la China contemporánea, ya que en 1973 fue lanzada unacampaña destinada a vituperar al mismo tiempo a Lin Piao -un potentado delpartido, probablemente asesinado en 1971, animador de la RevoluciónCultural, durante un cierto tipo sucesor designado de Mao- y a Confucio,apoyándose para hacerlo en los legistas y proponiendo una nueva lectura de la
Disputa acerca de la sal y el hierro,
centrada en la afirmación según la cual“Lin Piao y Confucio son tejones de la misma colina”.Esta
Disputa...
es un texto sorprendente donde, en presencia del jovenemperador Tchao, el Gran Secretario (legista) soporta la impugnación de losletrados (fieles a Confucio) respecto de todos los temas cruciales de la políticade Estado, desde la función de las leyes hasta las obligaciones de la políticaexterior, pasando por el monopolio público del comercio de la sal y del hierro. Tenemos hoy la posibilidad de circular entre:
Un informe de la reunión política fechado hace más de dos mil años.
El texto donde Stalin, apenas iniciada la década del '50, confirma susorientaciones de siempre:
Problemas económicos del socialismo enU.R.S.S.
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Dos series de consideraciones de Mao acerca del texto de Stalin: undiscurso de noviembre de 1953 y algunas notas marginales de 1959.
Los sobresaltos de la Revolución Cultural en los comienzos de los añossetenta.Esta circulación se da a través de diferencias enormes, históricas y culturales.Recorremos mundos desglosados, apariciones inconmensurables, lógicasdiferentes.¿Qué hay de común entre el Imperio chino en vías de experimentar sucentralización, la figura de Stalin de la post-guerra y aquélla de Mao del “Gransalto adelante”, además de los guardias rojos y la Gran Revolución CulturalProletaria? Nada, salvo una suerte de matriz de la política de Estado que semantiene claramente sin variaciones, verdad pública transversal que podemosdesignar en estos términos: una gestión realmente política del Estado sometelas leyes económicas a las representaciones voluntarias, lucha por la igualdady combina, respecto de la gente, la confianza y el terror.Esta articulación inmanente de la voluntad, la igualdad, la confianza y el terror,se lee en las proposiciones de los legistas y en las de Mao. Se oponen a ellaslas de los partidarios de Confucio y de Stalin, quienes inscriben la desigualdaden las leyes objetivas del devenir.De allí resulta que esa articulación es una Idea invariante en lo que hace alproblema del Estado. Esta Idea expone la subordinación del Estado a la política(visión “revolucionaria” en el sentido amplio). Combate así el principiogestionario, aquél que subordina la política a las leyes estáticas de la realidad,o sea la visión pasiva o conservadora de las decisiones del Estado.Pero más esencialmente, en todo este inmenso arco temporal se deja ver queel pensamiento, confrontado a la lógica de la decisión de Estado, debeargumentar a partir de las consecuencias y que al hacerlo, dibuja una figurasubjetiva que se distancia del perfil conservador.El argumento que apela a las consecuencias resulta válido para cada uno delos cuatro puntos, cuya condición de invariantes estructura una visiónrevolucionaria del Estado (voluntad, igualdad, confianza, terror).Demostrémoslo en lo que hace a la voluntad política y el principio deconfianza.Los letrados fieles a Confucio declaran explícitamente que “si las leyes y lascostumbres caen en desuso, es preciso restaurarlas, [...] ¿De qué puede servircambiarlas?”. Contra esta subjetividad restauradora o reactiva, el Secretario(legista) del primer ministro afirma las consecuencias materiales positivas deuna ruptura ideológica:Si fuera necesario seguir ciegamente a la Antigüedad sin cambiar nada, y
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perpetuar todas las instituciones de nuestros padres sin aportar en ellasmodificación alguna, la cultura no habría podido nunca pulir la antiguacondición rústica y estaríamos todavía en los tiempos de la carreta.Así y todo, Mao se subleva contra el objetivismo de Stalin, respecto de quienconsidera que “sólo quiere la técnica y los cuadros” y no aborda sino “elconocimiento de las leyes”, pero no indica “cómo llegar a dominar esas leyes”ni “aclarar lo suficiente el activismo subjetivo del partido y de las masas”. Enverdad, Mao incrimina a Stalin una verdadera despolitización de la voluntad: Todo esto hace a la superestructura, es decir, a la ideología; Stalin hablaúnicamente de economía, no aborda la política.Ahora bien, esta despolitización debe ser abordada en función de susconsecuencias más distantes: el pasaje al comunismo, única legitimación de laautoridad del Estado socialista. Sin ruptura política, sin la voluntad de abolir“las viejas reglas y los viejos sistemas”, el pasaje al comunismo es ilusorio.Como lo repite Mao -y se trata ya de una fórmula clave-: “Si no hay movimientocomunista, es imposible pasar al comunismo”.Sólo una voluntad habitada por sus consecuencias puede responder en políticaa la inercia objetiva del Estado. Rehusándose a asumir ese riesgo, Stalin “noencontró el buen método ni la buena vía que conducen del capitalismo alsocialismo y del socialismo al comunismo”.En realidad, si Stalin rechaza “el activismo subjetivo” o su equivalente, el“movimiento comunista”, es en función de la desconfianza sistemáticarespecto de la gran masa constituida por la gente del pueblo, que son todavíacampesinos.Mao lo repite sin descanso: en los escritos de Stalin, se “discierne una grandesconfianza en lo que hace a los campesinos". La concepción estalinistacomporta que “el Estado ejerce un control asfixiante sobre los campesinos”. Ensíntesis: “Su error fundamental proviene del hecho que (Stalin) no confiaba enel campesinado”. Pero aun en ese caso, el principio de consecuencia es el queautoriza un juicio: sin confianza en el campesinado, el movimiento socialista esimpracticable, todo resulta forzado, todo está muerto.Ocurre que Mao funda una relación, antes de él inexplorada, entre el futuro delproceso socialista y la confianza acordada a los campesinos. En la medida enque alimenta la desconfianza, “Stalin no aborda el problema desde el ángulodel desarrollo futuro”. Considerado en los términos de la perspectiva política yde sus consecuencias, el desarrollo de la propiedad colectiva, incluido el de sucapacidad de producir mercaderías, no constituye un fin en sí o una necesidadeconómica. Apunta a facilitar la constitución de una política popular quecomporte una real alianza en el seno mismo del movimiento comunista, únicavía para asegurar el acceso de todo el pueblo a la propiedad:
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