El hecho de que yo viva en Londres hace que en el invierno estas relaciones de partidose mantengan casi siempre por carta y en el verano, por lo general, personalmente. Esto, y lanecesidad de seguir la marcha del movimiento en un número cada vez mayor de países y enuna cantidad cada vez más numerosa de órganos de prensa, explica la imposibilidad en queme hallo, de dedicarme a trabajos que no toleran ninguna interrupción fuera de los meses delinvierno, principalmente los tres primeros del año. Cuando se tienen ya más de setenta años,las fibras cerebrales de Meynert en que se condensa la capacidad de asociación, trabajan conuna lentitud fastidiosa ya no se vencen tan fácil y tan rápidamente como antes las in-terrupciones en los trabajos teóricos difíciles. Por eso, cuando, por no haber podido terminar completamente el trabajo de un invierno, me veía obligado a reanudarlo al siguiente, era, engran parte, como si lo emprendiese de nuevo, y esto fue lo que me ocurrió principalmentecon la sección quinta, la más difícil.Como el lector podrá ver por los datos que doy a continuación, el trabajo de redaccióndel libro III ha diferido esencialmente del requerido por el II. Para este libro se contaba conun primer proyecto, que además estaba muy incompleto. Por regla general, los comienzos decada capítulo estaban redactados con bastante cuidado y en la mayoría de los casostrabajados desde el punto de vista del estilo. Pero, conforme se avanzaba en la lectura, másesquematizada y llena de lagunas aparecía la redacción, más digresiones contenía sobre puntos secundarios surgidos en el curso de la investigación para darle ulteriormente suordenación definitiva, más largos y embrollados se presentaban los períodos, en los que seexpresaban pensamientos escritos
in statu nascendi
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En varios sitios, la escritura y laredacción denotan con harta claridad la manifestación y los progresos graduales de una deaquellas enfermedades debidas al exceso de trabajo que iban entorpeciendo poco a poco lalabor creadora de Marx y que, por último, le incapacitaban por completo para trabajar durante temporadas enteras. Nada tenía de extraño. Entre los años de 1863 y 1867, Marx:no sólo había preparado el proyecto de los libros II y III de su obra y terminado el I para laimprenta, sino que, además, había desarrollado la labor gigantesca relacionada con lafundación y el desarrollo de la Asociación Internacional de Trabajadores. Y ya en 1864 y1865 se presentaron los primeros síntomas de aquellos trastornos de su salud a los que sedebe que Marx no pudiese dar, personalmente, los últimos toques a los libros II y III de
El Capital
Mi trabajo comenzó dictando todo el manuscrito a base del original, que hasta para míresultaba no pocas veces bastante difícil descifrar, para obtener una copia legible, lo querequirió un
tiempo considerable. Comenzó entonces el verdadero trabajo de redacción. Milabor se ha limitado a lo estrictamente indispensable; he procurado conservar todo lo posibleel carácter del primer proyecto siempre que la claridad lo consentía, sin tachar tampoco lasdistintas repeticiones siempre que aclaren el tema, como suele hacer Marx, en otro aspecto ocon otra formulación. Allí donde mis correcciones o adiciones traspasan los límites de lasimple labor de redacción, o donde no he tenido más remedio que asimilarme el material dehechos suministrado por Marx, aunque procurando atenerme lo más posible a su espíritu enlas conclusiones a que llego, pongo todo el pasaje entre paréntesis cuadrados* y lo señalocon mis iniciales, para distinguirlo. En las notas de pie de página puestas por mí faltan aveces los paréntesis cuadrados, pero es mía la responsabilidad de todas aquellas notas al pie,en las cuales figuran las iniciales de mi nombre.Como suele ocurrir y es lógico que ocurra en un primer proyecto, aparecen en elmanuscrito numerosas referencias a puntos, que más adelante se habrán de desarrollar, sinque la promesa así formulada aparezca cumplida siempre. He creído necesario respetar en
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