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CAPÍTULO V
 LA FILOSOFIA DEL DEBER
1. LA CASTA Y LOS CUATRO ESTADIOS DE LA VIDA
En la India todo el mundo lleva las insignias de la clase de vida a la cualpertenece. Se lo reconoce a primera vista por su vestido, sus adornos y lasmarcas de su casta y gremio. Cada uno lleva pintado en su frente el símbolode su divinidad tutelar, que lo coloca y mantiene bajo la protección deldios. Mujeres solteras, casadas y viudas, todas llevan ropas características,y a cada una le corresponde un conjunto bien definido de normas y tabúesfijados precisamente y escrupulosamente seguidos. Los actos personalesestán minuciosamente regulados, con severos y rigurosos castigos paraquien cometa infracciones accidentales o intencionales. Se establece, porejemplo, qué es lo que se puede comer y qué no; a qué se puede unoacercar y qué hay que evitar; con quién conversar, comer y casarse. Elpropósito de estas exigencias es conservar libre de mancha por contacto lafuerza espiritual específica de la cual depende la eficacia de uno comomiembro de una determinada categoría social.En la medida en que el individuo funciona como componente del complejoorganismo social tiene que tratar de identificarse con las tareas e interesesde su papel social, e inclusive conformar a él su carácter público y privado.El grupo como totalidad tiene prioridad sobre cualquiera de sus miembros.Por consiguiente toda auto-expresión, en el sentido en que nosotros laconocemos y cuidamos, queda excluida, pues el requisito precioso paraparticipar en el grupo consiste no en cultivar sino en disolver las tendenciase idionsincrasias personales. La virtud suprema es asimilarse —sincera eíntegramente— a la máscara intemporal, inmemorable y absolutamenteimpersonal correspondiente al papel clásico que a uno le ha tocado pornacimiento (
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). El individuo se ve así obligado a hacerse anónimo.Además, se considera que esto no es un proceso de autodisolución sino deautodescubrimiento, porque la clave para realizar la encarnación en que nosencontramos reside en las virtudes de la casta a la cual pertenecemos.Se considera que la casta forma parte del carácter innato de cada uno. Eldivino orden moral (
dharma
)
 
que entreteje y conserva la estructura sociales el mismo que da continuidad a las vidas del individuo; y así como debeentenderse que el presente es una consecuencia natural del pasado, así 
 
también la casta a la que uno pertenecerá en el futuro estará determinadapor la manera como uno desempeñe su papel actual. Por otra parte, no solola casta y la profesión sino también todo lo que ocurre a uno (aunqueaparentemente se deba a pura casualidad) está determinado por la propianaturaleza y las exigencias profundas del individuo, a los cuales todo seacomoda. El cambiante episodio vital de este momento se relaciona convidas anteriores; resulta de ellas como efecto natural de factores causalespasados que operan en el plano de los valores éticos, las virtudes humanasy las cualidades personales, según leyes naturales universales que rigen laatracción electiva y la repulsión espontánea. Se considera que hay unaestricta conmensurabilidad entre lo que una persona es y lo queexperimenta, como las superficies interna y externa de una misma vasija.En consecuencia, las leyes (
dharma
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de la casta (
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a la cual sepertenece, y de la etapa de la vida (
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rama
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que corresponde a la edad queuno tiene, indican cómo se debe resolver todo problema que surja en lapropia existencia. No somos libres de elegir: pertenecemos a una categoríaque en cada caso es una familia, un gremio u oficio, un grupo o unaconfesión religiosa. Y como esta circunstancia no solo determina hasta elúltimo detalle de la conducta pública y privada, sino que tambiénrepresenta (de acuerdo con este esquema de integración omnímodo,penetrante e inexorable) el verdadero ideal del carácter que tenemos ahorapor naturaleza, entonces como jueces y como actores debemos limitarnos aencarar cada problema que surja en la vida de la manera que corresponde alpapel que uno desempeña. De este modo los dos aspectos del sucesotemporal —el subjetivo y el objetivo— quedarán exactamente unidos y elindividuo quedará eliminado como un tercer factor extraño. Entonces elindividuo pondrá de manifiesto no el accidente temporal de su propiapersonalidad sino la vasta e impersonal ley cósmica, y no será un espejodefectuoso sino un cristal perfecto que actúa, anónimo, sin dejar huella. Enefecto, practicando con rigor las virtudes prescritas podemos llegarrealmente a hacer desaparecer nuestro yo, disolviendo el último rastro deimpulso y resistencia personales; liberándonos así del estrecho límite de laindividualidad y dejándonos absorber por la infinitud del ser universal. El
dharma
está cargado de poder. Es el punto ardiente de todo presente,pasado y futuro, y también el modo por el cual podemos pasar a laconciencia y bienaventuranza trascendentes que caracterizan la puraexistencia espiritual del Yo.
 
Cada uno ocupa su lugar (
sva-dharma
)
 
en el fantasmagórico despliegue delpoder creador que es el mundo, porque así lo determina su nacimiento, y suprimer deber es manifestarlo, vivir de acuerdo con él y hacer saber tantopor su aspecto como por sus actos qué papel del espectáculo desempeña.Toda mujer es una manifestación terrenal de la Madre universal, quepersonifica el aspecto productor y seductor del sagrado misterio quesustenta y continuamente crea el mundo. La mujer casada ha de ser tododecencia; la ramera ha de enorgullecerse de su habilidad para ejercer susatractivos y vender sus encantos. La madre y ama de casa tiene que criarhijos varones sin cesar, y venerar a su marido como encarnación humana detodos los dioses. Marido y mujer deben aproximarse uno a otro como dosdivinidades, pues él, a través de ella, renace en sus hijos, así como elCreador se manifiesta en las formas y criaturas del mundo a través de losefectos mágicos de su propio poder, su
 
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personificado en su diosa. Ydel mismo modo que el varón se relaciona con la comunidad mediante lasdevociones y servicios religiosos correspondientes a su posición social, sumujer está conectada a la sociedad como la
 
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de su esposo. La religiónde ella consiste en servirle, y la de él en servir a sus
 
“Padres” y a lasdivinidades de su vocación. De este modo toda la vida es vivida yentendida como un servicio hacia Dios, pues todas las cosas son conocidascomo imágenes del único Señor universal.Cada profesión tiene su especial divinidad tutelar, que encarna ypersonifica al oficio mismo, y maneja o exhibe sus herramientas comoatributos distintivos. Por ejemplo, la divinidad tutelar de escritores, poetas,intelectuales y sacerdotes es la diosa Sarásvat
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c: la diosa del hablafluida y abundante. La patrona de las prácticas mágicas de los sacerdotesbrahmanes, es S
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: no la princesa humana hija del rey A
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vápati, quesegún la leyenda rescató a su marido, el príncipe Satyav
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n, de los dominiosdel rey Muerte, sino su contraparte femenina y energía divina, la
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, el creador del mundo; ella es el divino principio de lacreación que todo lo inspira y todo lo mueve. K
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ma, el Cupido hindú, es ladivinidad tutelar de las cortesanas, y de quienes necesitan lecciones del
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el código autorizado de la tradicional sabiduría revelada acercadel saber erótico y sexual
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. Por su parte, Vi
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vakarman, el divino “expertoen todos los oficios”, el carpintero, arquitecto y artesano principal de losdioses, es la divinidad patrona de obreros, artesanos y artistas. 
1
Cf. supra, págs. 119-127.
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