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El Mensaje

El Mensaje

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02/26/2013

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El mensaje.Poco antes de que la noche se acabase, en la pista de baile había algunasparejas bailando somnolientas o mareadas por la bebida y la hora que les instigabana sentimientos de culpabilidad. Sin embargo, en este tremendo ambiente había unaexcepción estatuaria. Dos mujeres jóvenes, recién reunidas por la casualidad y lapasión, bailaban lentamente el ultimo baile. En los ojos que habían perdido lacapacidad de visión periférica, mirándose solo recíprocamente, se podía leer que lasdos deseaban nada mas que a la otra. Antes de irse, realmente confundida por laatracción que sentía, A. se encaminó un poco afligida hacia el guardarropa paracoger su chaqueta e irse a casa.Pero el juego y la norma del enamoramiento estaban a punto de alegrar sucara y su vida tal como el tiempo cambia de repente porque justamente antes deque saliese M. la sorprendió cogiéndole el brazo, decirle algo emocionada y acabar susurrándole:
"Y tu... ¡eres mi destino! 
”  
 Y mirad como en un vaporo soporífero que parecía dibujado con las papilasgustativas del primero beso, dibujado con las endorfinas arrojadas en la mar de lasemociones que los cuerpos que por primera vez se tocan, se estableció el principiode un destino de amor...En un viernes friolero, otro que consumía con la misma falta de apetito en sucamino hacia al trabajo, como andaba mirando hacia el suelo nevado, M. notó unpedazo de papel, al parecer, perdido. Pensando que es una carta con relámpagosconfesiones del desesperado amor que un amante apresurado y sobreexcitadoperdió, la recogió por su conocida curiosidad y empezó a leer. Una letra que separecía a su propria letra, la sorprendió; parecía una clase de poesía, una especie
 
de poema acróstico, de esos en los que determinadas letras forman una palabra,una expresión.
Pero no resulta ninguna palabra de este manojo de letras 
, dijo en silenciodespués de seguir con los ojos el grupo de palabras:soyel visualen el autorretrato que me construye conla punta del lápizsoy la física cuánticadetrás del indicador destinola formula por el divinoinscrito enel estante de las sobras inconscientesuna referencia mínima Alrededor, después de la recita de este conjuro, los colores se transformaronsin que ella se dé cuenta, en un sepia especifico a las fotos antiguas, en unambiente de preguerra de paz genésica, todo anteponiéndose a un estado deespera.Tal vez alguien que le sonasen los versos, se los garabateó en este pedazode papel, se dijo a sí misma antes de echarlo al fondo del abismo indiferente de subolsillo donde jamás buscaba otra cosa además de una servilleta cuando estabaresfriada, siguiendo soñolienta su camino hacia el trabajo.Trabajaba como asesora en un pequeño colegio y no se daba prisa ni consus pasos, ni con su animo hacia lo que tenía que hacer para aquel día: totalizar y
 
transcribir los puntos obtenidos por los alumnos en algunas pruebas de inteligenciaque el Ministro de educación requería.Hundida en pensamientos proyectados en el suelo, pensamientos deinsatisfacción con su proprio estado de existencia, había llegado totalmenteinconsciente de los cambios que habían ocurrido a su alrededor. Entró en un colegioque había sido antes el colegio de sus primer años de estudio. La luz era diferente,el aire era mas fresco, el suelo tenía la alfombra que era gastada por las pisadas delos profesores de la pre-revolución, las puertas llevaban picaportes de tienda deantigüedades, sobre la placa de identificación del colegio ya no ponía "Numero 9"sino "Constantino" y a su alrededor no se veía nadie, era extrañamente sola.Notando solo un gabinete inundado por la luz del sol en la cual bailaba un polvo felizcomo suele estar en los días de fiesta, sonrío satisfecha en si misma, se dejó lachaqueta y cogió unas carpetas. Como estaba acostumbrada trabajar los fines de lasemana cuando no había gente, no notó el peculiar del hecho que hoy es viernes ydebería estar lleno, la mar de actividad y gente.Su teléfono sonó. Era el director. No le contestó y con una vaga sensación deangustia, se sentó, abrió una carpeta y garabateó unos números sobre un pedazode papel que le hizo acordarse de el poema del bolsillo. Lo sacó y lo leyó con algode prisa, como sí había realizado algo, como sí se le había revelado algo, ¡y sí!¡Eureka!! Descubrió que el poema tenía otro sentido si lo leía desde el fin. Y leyó envoz alta:una referencia mínimael estante de las sobras inconscientesinscrito enla formula por el divino

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