MIGUEL HUEZO MIXCO La Imaginación Vulnerable
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delicias. Los contrastes sociales debieronser tremendos. Por ejemplo, en el sitioconocido ahora como San Andrés,
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aunos veinte minutos en automóvil desdela capital, que floreció entre los años 600a 900 de nuestra era, de aquel esplendornos quedan únicamente los vestigios delconjunto monumental en el que vivieronlos poderosos. La zona de viviendaspopulares no ha sido suficientementeexcavada, pero las investigacionesarqueológicas estiman que no fue muydistinta del conjunto de chozas de barro ycaña de Joya de Cerén
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(300 a 900 denuestra era) que los arqueólogos, con unpobre sentido de la medida, han llamado‘la Pompeya de América’. En realidad, esecaserío de agricultores no tienensemejanza alguna con aquel opulentobalneario de la bahía de Nápoles. He allíuna comparación infeliz.Los conquistadores europeos seencontraron, pues, con una sociedadsumamente jerarquizada en cuya cimaestaba una abigarrada mezcla de familiasadineradas con títulos de nobleza, jefesmilitares y jerarcas religiosos, y en laspartes medias y bajas: soldados,comerciantes, cazadores, agricultores,artesanos y prostitutas. No entraré endetalles sobre los nuevos desastres queacompañaron la llegada de los europeos;bástenos por ahora mencionar lascarnicerías de la guerra de conquista, lasmuertes a causa de los trabajos forzadosy — lo peor de todo — las pestes. El primersiglo posterior a la llegada españolaprodujo una caída exponencial de lapoblación indígena.
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El país se convirtióen un campo de muerte. La malaria, lafiebre amarilla, la viruela, el sarampión yla tuberculosis, se propagaran a lavelocidad del rayo y extinguieron la vidahumana en grandes extensiones deterritorio. El relato de un clérigo de 1636es estremecedor: ‘He visto grandespoblaciones indígenas casi destruidasdespués de que instalaron cerca de ellaslos obrajes de añil … Varias veces heconfesado a un gran número de indios confiebre y he estado allí cuando los llevande los molinos para enterrarlos’.
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Han pasado los años y en la ‘zona cero’ha tenido lugar el desarrollo de unacultura que, como en un ciclo fatal quedesafía a la imaginación, continúaviviendo bajo los signos de la diáspora ylos desastres. Pero es la imaginaciónmisma la que parece resistirse tercamentea dejar una memoria fresca de la desgracia.Sabemos que las fuentes delconocimiento simbólico del pasado seexpresan, principalmente, de maneraliteraria y pictórica. Mi tesis sostiene queciertos orígenes del ser salvadoreño actualy de su identidad, se han configurado, yson de la manera que son, en parte por laausencia de formas de representación muyelaboradas, provenientes del arte y laliteratura, capaces de derramarse sobre elcuerpo social y de crear imágenes queproduzcan esa especie de herramientaprensil que es la memoria, sin la cual lassociedades parecen perder el pie en elpeldaño de la escalera.En El Salvador existe una especie deletargo en el arte y la literatura — y es peoren las investigaciones científicas —respecto de nuestra historia decalamidades naturales.¿No debiéramos los escritores, lospintores, los músicos, detenernos más amenudo en esos parajes del dolor?Quizás no nos corresponda darrespuesta a esta interrogante con lasherramientas de la sicología o lasociología, sino, como un zahorí, con lasartes de la indagación en las corrientessubterráneas de nuestra cultura.George Steiner dice que lo que nosrige como humanidad no es el pasado ensu sentido literal, sino las imágenes del
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