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El Salvador: la imaginación vulnerable

El Salvador: la imaginación vulnerable

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Published by Miguel HUEZO-MIXCO
Los desastres naturales no están tan presentes en la memoria salvadoreña ni en sus principales representaciones estéticas, pese a ser un país con altos índices de vulnerabilidad y riesgos. Versión en español.
Los desastres naturales no están tan presentes en la memoria salvadoreña ni en sus principales representaciones estéticas, pese a ser un país con altos índices de vulnerabilidad y riesgos. Versión en español.

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01/29/2013

 
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LA IMAGINACIÓN VULNERABLE:
MIGUEL HUEZO MIXCO
C
DIASPORA Y DESASTRES NATURALES EN LACULTURA SALVADOREÑA
omenzaré contándoles una historia.Hace unos mil setecientos años, en
Para Catalina, que me hizo su huésped
una remota región del mundo que ahoraconocemos como Centroamérica ocurrióuna terrible catástrofe. El volcán Caldera,en el centro del actual territorio de ElSalvador, erupcionó convirtiendo miles dekilómetros de tierra en un infierno.
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Comono hay testigos, lo que ocurrió es difícilde describir. Lo poco que sabemos, sinembargo, es suficiente para imaginarnosque cambió la vida en esa parte delmundo. Las espectaculares explosiones ylos retumbos que se escucharon acentenares de kilómetros de distanciaestuvieron acompañados de enjambres desismos que cambiaron el cauce de los ríosy derribaron todo lo que se encontraba depie.
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Para los desafortunados habitantesde la zona aquello fue como un ensayo delfin del mundo. El magma produjo ríos queabrasaron todo lo que encontraron a supaso; del cráter del volcán, como de laboca de un gigante enloquecido, saltaroninnumerables bombas de piedra ígnea.Los vapores y la ceniza se elevaron akilómetros de altura, cambiaron lacoloración del cielo y eclipsaron la luz delsol hasta sumergirlo todo en las tinieblas.Un espeso manto de ceniza del alto de unapierna cubrió los suelos en centenares dekilómetros a la redonda y contaminó losríos y los estuarios aniquilando animalesy vegetales. En la actualidad, cuando seexcava varios metros bajo la tierra en laszonas central y occidental de El Salvador,los trabajadores de obras públicas y losarqueólogos se encuentran con un mantode tierra blanca superpuesto a otrosantiguos estratos de tierra sedimentada alo largo de los siglos. En esa capa no tanprofunda se encuentra, inerme, lamemoria del pavor.Nuestra imaginación, hija de loshorrores del siglo veinte, sólo puedecomparar aquella catástrofe con un ataquenuclear de grandes dimensiones. Millaresde personas debieron perecer y otros milesfueron forzados a huir para jamás volver.Cuando se aplacaron los fuegos, algúntestigo, si acaso lo hubo, pudo presenciarun panorama escalofriante: diez milkilómetros cuadrados, mucho más allá delo que la vista alcanza, quedarondesolados, sin rastro de vida. Para un paísde gran tamaño, esa superficie, aunquenada despreciable, es sólo una pequeñapieza de su mapa; pero les pido que por
 
Humanities Research 
Vol. 10 No. 3, 2003
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un momento traten de imaginarse lo queeso significa en la noción de espacio paraun habitante del país de donde vengo.Diez mil kilómetros cuadrados son lamitad de la superficie de mi país.Pese a su gravedad la erupción fuesolamente uno de los tan frecuentes comodevastadores sacudimientos que hantenido lugar en esa tierra erizada devolcanes. Donde quiera que uno mire, elhorizonte aparece dominado por uno deesos colosos. Por diez años esos mismosvolcanes rodeados de carreteras fueronsantuarios de las guerrillas. Lasprincipales ciudades españolas del país,bautizadas con nombres cristianos (SanSalvador, Santa Ana, San Miguel, SanVicente), se fundaron siempre al lado deun volcán. Son la representación deVulcano, el terrible herrero romano. Y deZipacná, el colérico ingeniero del mundosubterráneo de los maya-quiché. Si hemosde creer en la mitología, tarde o tempranoesos volcanes erosionados por la tala delos bosques despertarán de nuevo y sufuria será como una venganza. Parecieranestar allí para recordarnos las historias delos incontables sobresaltos sufridos desdemucho antes de que fueran habitados sustórridos valles interiores. Pero en realidadesos acontecimientos, tales comoerupciones, terremotos, inundaciones,‘duermen’ en una zona de seguridad deldisco duro de nuestra memoria. Hasta losmás recientes parecen haberse olvidadodemasiado pronto. (En el último siglo hanocurrido al menos cinco terremotos.)Cuando hablo de estas cosas me viene ala memoria una experiencia personal dela guerra civil. Aunque parezca increíble,mientras los aviones a reacción y loshelicópteros UH1H del ejércitodisparaban sus interminables rondas demetralla, nosotros solíamos dormirnos porinstantes en las trincheras. Está probadoque el cuerpo sometido al estrés de laviolencia destila una sustancia querestablece cierto equilibrio sin el cual unopodría volverse loco. Como se dice, elgolpe trae su anestesia. Sólo así puedoexplicarme en parte el adormecimiento delos salvadoreños ante nuestra historia.Volvamos a nuestro relato. Tuvieronque pasar varias generaciones para que elárea del desastre volviera a ser un lugarhabitable. Es difícil imaginarse que esalámina azul plomizo del lago de Ilopango,surcada de embarcaciones artesanales ymotos acuáticas, fuera alguna vez la bocade aquel cataclismo. Seguramente pormuchos años aquel territorio fue vistocomo una tierra maldita. Poco a poco,nuevas oleadas migratorias de gruposmayas y mexicanos comenzaron a llegara la ‘zona cero’. Existen evidencias de quealrededor del siglo VI de la era cristiana,emigrantes provenientes del norte y delsur del continente comenzaron amodificar aquel paisaje funesto.
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Ensentido estricto, la cultura renació entre lascenizas. Se construyeron entonces laschozas de barro para la plebe, y los centrosmonumentales con sus asombrosostemplos piramidales destinados para la jerarquía social más alta; se celebraronmatrimonios, negocios y también seemprendieron guerras; se fabricarontrastos de cocina y joyería; se cultivarongranos básicos y se abrieron caminos.Aquel proceso tomó siglos. Las últimasoleadas migratorias llegaron apenas conuna diferencia de trescientos años de lasprimeras expediciones españolas queincursionaron en 1524 provenientes deGuatemala. La brutalidad de aquelencuentro tiene un pálido reflejo en lasestereotipadas imágenes del Lienzo deTlaxcala,
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que es así como el portafoliosde un artista poco imaginativo.Contrariamente a lo que proclama laleyenda romántica, las sociedadesindígenas tampoco eran un jardín de las
 
MIGUEL HUEZO MIXCO La Imaginación Vulnerable
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delicias. Los contrastes sociales debieronser tremendos. Por ejemplo, en el sitioconocido ahora como San Andrés,
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aunos veinte minutos en automóvil desdela capital, que floreció entre los años 600a 900 de nuestra era, de aquel esplendornos quedan únicamente los vestigios delconjunto monumental en el que vivieronlos poderosos. La zona de viviendaspopulares no ha sido suficientementeexcavada, pero las investigacionesarqueológicas estiman que no fue muydistinta del conjunto de chozas de barro ycaña de Joya de Cerén
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(300 a 900 denuestra era) que los arqueólogos, con unpobre sentido de la medida, han llamado‘la Pompeya de América’. En realidad, esecaserío de agricultores no tienensemejanza alguna con aquel opulentobalneario de la bahía de Nápoles. He allíuna comparación infeliz.Los conquistadores europeos seencontraron, pues, con una sociedadsumamente jerarquizada en cuya cimaestaba una abigarrada mezcla de familiasadineradas con títulos de nobleza, jefesmilitares y jerarcas religiosos, y en laspartes medias y bajas: soldados,comerciantes, cazadores, agricultores,artesanos y prostitutas. No entraré endetalles sobre los nuevos desastres queacompañaron la llegada de los europeos;bástenos por ahora mencionar lascarnicerías de la guerra de conquista, lasmuertes a causa de los trabajos forzadosy — lo peor de todo — las pestes. El primersiglo posterior a la llegada españolaprodujo una caída exponencial de lapoblación indígena.
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El país se convirtióen un campo de muerte. La malaria, lafiebre amarilla, la viruela, el sarampión yla tuberculosis, se propagaran a lavelocidad del rayo y extinguieron la vidahumana en grandes extensiones deterritorio. El relato de un clérigo de 1636es estremecedor: ‘He visto grandespoblaciones indígenas casi destruidasdespués de que instalaron cerca de ellaslos obrajes de añil … Varias veces heconfesado a un gran número de indios confiebre y he estado allí cuando los llevande los molinos para enterrarlos’.
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Han pasado los años y en la ‘zona cero’ha tenido lugar el desarrollo de unacultura que, como en un ciclo fatal quedesafía a la imaginación, continúaviviendo bajo los signos de la diáspora ylos desastres. Pero es la imaginaciónmisma la que parece resistirse tercamentea dejar una memoria fresca de la desgracia.Sabemos que las fuentes delconocimiento simbólico del pasado seexpresan, principalmente, de maneraliteraria y pictórica. Mi tesis sostiene queciertos orígenes del ser salvadoreño actualy de su identidad, se han configurado, yson de la manera que son, en parte por laausencia de formas de representación muyelaboradas, provenientes del arte y laliteratura, capaces de derramarse sobre elcuerpo social y de crear imágenes queproduzcan esa especie de herramientaprensil que es la memoria, sin la cual lassociedades parecen perder el pie en elpeldaño de la escalera.En El Salvador existe una especie deletargo en el arte y la literatura — y es peoren las investigaciones científicas —respecto de nuestra historia decalamidades naturales.¿No debiéramos los escritores, lospintores, los músicos, detenernos más amenudo en esos parajes del dolor?Quizás no nos corresponda darrespuesta a esta interrogante con lasherramientas de la sicología o lasociología, sino, como un zahorí, con lasartes de la indagación en las corrientessubterráneas de nuestra cultura.George Steiner dice que lo que nosrige como humanidad no es el pasado ensu sentido literal, sino las imágenes del

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Marina Garcia added this note
este es mi hijo mayor te quiero mucho papito!!!!!!!!!!!
Daniel Garcia added this note
g
Daniel Garcia added this note
10 grupo de indijena

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