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/ INTERNACIONAL
En 2003, millones de personas alrededor del mundo salieron a la calle para protestar ante sus gobiernos contra unaguerra que, intuían, se debía a causas económicas y a no la ‘lucha contra el terror’ como pretendían hacerles creer.
La mayoría de las personas que salie-ron a la calle aquellos días del 2003 nopodían asumir que un gobierno pudieramatar a sus propios ciudadanos para or-ganizar una guerra pero, como veremosen el artículo sobre
Banderas Falsas
es-to ha sido algo bastante habitual a lo lar-go de la historia. Tanto es así, que elpueblo norteamericano no se movilizópara detener una invasión, la de Afga-nistán, fundamentada en el el uso de unaprenda de ropa (el
burka
) por parte delas mujeres afganas y el propio ataquedel 11-S, una conexión que jamás se hapodido establecer en un tribunal. De he-cho, a día de hoy, Osama Bin Laden nisiquiera figura entre los buscados por el11-S. No existen pruebas que le incrimi-nen, como tampoco en los atentados deMadrid o los de Londres.El cineasta Michael Moore ya abundóen las estrechas relaciones entre las fa-milias Bin Laden y Bush en su aclamadapelícula sobre el 11-S pero se le olvidómencionar que, según reconoció el exministro de Asuntos Exteriores británi-co, Robin Cook (muerto de un cáncerfulminante, al igual que los otros dos mi-nistros ingleses que se opusieron a laguerra) había aclarado que la expresión
Al Qaeda
significa
La Base
en castella-no. Y era, ni más ni menos, que la basede datos que la CIA desarrolló para ma-nejar a los guerrilleros musulmanes (
mu- jaidines
) que entrenó en Afganistán paracombatir a los soviéticos y posterior-mente envió a Bosnia y a Kosovo. Esdecir, que todos esos hombres que mástarde convirtieron en
terroristas
estabanbajo las órdenes de los servicios secretosestadounidenses.También se le olvidó mencionar al cita-do cineasta que a finales del siglo XX, ungrupo de influyentes personalidades talescomo Donald Rumsfeld, Richard Perle,Jeff Bush y Dick Cheney se reunieron pa-ra analizar el mundo tras la caída del ene-migo comunista en un grupo denominadoPNAC (
Plan for a New American Cen-tury
, Plan para el Nuevo Siglo America-no). En las conversaciones mantenidaspor expertos de todos los ramos decidie-ron que la carestía del petróleo era el pro-blema más importante que afrontaría losEstados Unidos. Lamentablemente, “elpetróleo no estaba en países democráti-cos” por lo que habría que
proceder a lademocratización de esos países, reorde-nando el mapa de la región
.Para poder lanzar esa operación, haríafalta un desencadenante, un ataque quehiciera que el pueblo norteamericano ac-cediera a enviar a sus hijos a la guerra.Ese desencadenante fue llamado
Un Nuevo Pearl Harbour
y figura en losdocumentos del citado PNAC (al que seadhirió el ex presidente español JoséMaría Aznar hace pocos años).Todo indica que ese
Nuevo Pearl Har-bour
fue el ataque del 11 de septiembrepues, como luego citamos, gran númerode personas anticiparon este ataque.El periodista francés Thierry Meyssan,fundador de la web
Red Voltaire
, fue elprimero en el mundo que se atrevió adesafiar la verdad oficial, sostenida sobrela machacona repetición de los avionesestrellándose contra las torres. El fue elpionero en analizar el agujero dejado porel supuesto avión estrellado contra elPentágono y la ausencia de restos del fu-selaje en los alrededores. A día de hoy, yaunque en el 2007 apareció una graba-ción de las cámaras adyacentes que su-puestamente iba a mostrar la aeronaveimpactándose contra el Pentágono, nadieha visto lo que supuestamente se estrellócontra este edificio. Todas las apuestascoinciden en que lo más probable es quefuera un misil lo que impactara contra el
corazón
de la seguridad de los EEUU.Los ingenieros, arquitectos y expertosen demoliciones de diferentes países queno están bajo control gubernamental estánde acuerdo en una cosa: el fuego del car-burante de los aviones no pudo causar eldesplome de las torres pues el acero fundea una temperatura mucho más alta que elfuego originado. Y la prueba más feha-ciente es el edificio Windsor, en Madrid,que ardió durante toda una noche y, a lamañana siguiente, su estructura de aceropermanecía en pié. Para demoler ese edi-ficio hacían falta explosivos.Por el contrario, las Torres Gemelasapenas vivieron unos pequeños incendiosen unos pocos pisos de la mitad superiordel edificio durante unos pocos minutosque llevaron a su derrumbamiento en sie-te segundos, es decir, en caída libre. Esoquiere decir que no hubo obstáculo parael derrumbe de los decenas de pisos quecomponían el edificio ni las más de 200columnas de acero que componían su es-tructura y que habían sido construidas,precisamente, para que el impacto de unavión no pudiera derribarlas, como reco-noció el arquitecto que las diseñó. Las de-cenas de testimonios de bomberos, perso-nal del WTC, como William Rodríguez,y testigos que afirmaban haber oído ex-plosiones antes de que cayeran, y queaparecieron en los medios de comunica-ción, fueron censurados después, paraapoyar la versión oficial de que las torrescayeron por el impacto de los aviones.Más ayudará a saber lo que realmenteocurrió si conocemos que Marvin Bush,hermano de George Bush, era el jefe delservicio de seguridad del complejoWorld Trade Center. Que su primo Ale-xander Walker era el director de la em-presa Securacom, que llevaba la seguri-dad de las torres y que la semana antesdel atentado, los perros que rastrean ex-plosivos dejaron de trabajar y que huboapagones en el edificio, según la versiónrecogida por un trabajador, “para instalarla fibra óptica”.El propietario de todo el complejo delWorld Trade Center, Larry Silverstein,había asegurado las torres contra ataquesterroristas unas semanas antes, razón porla cual, ganó unas escalofriantes cifras acuenta del atentado. El propio Silversteinreconoció ante las cámaras de televisiónsobre el edificio 7 que “nos habían dichoque había peligro de que colapsara, así que decidimos demolerlo”. El edificio 7cayó exactamente igual que las otras dostorres. Así que, si una fue demolida, lasotras dos, también…Silverstein no fue el único que tenía in-formación privilegiada sobre lo que iba aocurrir. Al igual que sucedería el 7-J de2005 en Londres y el 11-M de 2004 enMadrid, hubo un inusual movimiento deacciones en las bolsas de esas ciudadesque cristalizaron en el delito de
iniciado
,es decir, gente que vende acciones unpoquito antes de que ocurra un sucesocatastrófico y compran cuando han baja-do a consecuencia de ese hecho.Seguir la pista del dinero es, sin duda,la forma más segura de llegar al inspira-dor del atentado. En este caso, se conoceque el terrorista Mohamed Atta (cuyorostro no corresponde con la foto oficial)había recibido una fuerte suma por partede los servicios secretos paquistaníes(ISI), ligados a los israelíes y norteame-ricanos, unos días antes del atentado.Ninguna de estas pistas fue seguida porla comisión que investigó el atentado.Jerome Kerviel, el broker acusado deuna gigantesca estafa mientras trabajabapara el gigante bancario francés, SocietéGenerale, confesó en febrero de 2009que su empresa había hecho “pingüesbeneficios” el 11 de septiembre de 2001y el 7 de julio del 2005. Una pista quehoy se está siguiendo.Tampoco se investigó ni juzgó a los 60israelíes detenidos espiando en EstadosUnidos, según informó la cadena FoxTV (disfrazados de becarios como Mó-nica Lewinski), al igual que un grupo de
estudiantes
israelíes a los que se observógrabando la caída de las torres al otro la-do del Puente de Brooklyn, mientrasaplaudían y se abrazaban. O que las em-presas que gestionaban los servicios in-formáticos y de telecomunicaciones detodo el aparato gubernamental estadou-nidense fueran de nacionalidad israelita.Una comunicación de la NSA días an-tes del atentado advertía del peligro de laempresa Amdocs, ligada al gobierno is-raelí y que controlaba la práctica totalidadde las comunicaciones gubernamentalesnorteamericanas: “no se puede hacer unallamada en Estados Unidos sin que quederegistrado en los archivos de Amdocs”.En 1999, la propia NSA advertía de quelas comunicaciones de las Naciones Uni-das eran grabadas por esta empresa. El 10de septiembre de 2001, el WahingtonPost advertía: “Israel tiene poder para ata-car a fuerzas norteamericanas y hacercreer que han sido árabes”, así como: “elMossad se ha infiltrado en casi todas lasorganizaciones musulmanas”.El 12 de septiembre de 2001, el investi-gador Christopher Bollyn escribía en elJerusalem Post que Israel tenía conoci-miento de que 400 israelíes trabajaban enel World Trade Center pero tan sólo unohabía muerto. Dos trabajadores de la em-presa de mensajería instantánea Odigo,también israelí, recibieron varios mensa- jes advirtiendo del ataque dos horas antesde que ocurriera, pero no se lo contaron alas autoridades, según publicó el propioJerusalem Post. Odigo tiene un programaque pone en contacto a personas con ca-racterísticas comunes, como puede ser lareligión o la nacionalidad. La sede deOdigo es una pequeña ciudad de Israelllamada Herzliya, donde se encuentranlos cuarteles del Mossad. Los servicios deespionaje israelíes participan en el accio-nariado de numerosas empresas de soft-ware a través de compañías como Veri-tas, Cedar o Stageone. La seguridad delaeropuerto de Boston, de donde salieronlos aviones, también era asunto de unacompañía israelita, ICTS.La evidencia de que gran parte de lo
neocons
tienen pasaporte israeli confir-ma la sospecha de que el país más inte-resado en organizar una guerra enOriente Próximo es Israel, máximo re-ceptor además de ayuda norteamericana.Israel es una excepción en el ordena-miento norteamericano: sus ciudadanosson los únicos con derecho a la doble na-cionalidad y, por tanto, a votar en ambospaíses. El hecho de que entre los
neocons
(seguidores de las teorías de Strauss sobrela
revolución continua
y la necesidad deprovocar acontecimientos) se encuentreun gran número de israelíes es crucial pa-ra saber quién llevó a cabo el 11-S.
Neocons con pasaporte israelí: – Richard Pearl.
con el sobrenombrede
Príncipe de las Tinieblas
, es el jefedel grupo de expertos
Defense Policy Board, Washington DC
, que diseñó laguerra de Irak. Trabaja codo con codocon Henry Kissinger, de origen judíoalemán, ligado a Rockefeller.
– Paul Wolfowitz
, fue adjunto alministro de defensa Donald Rumsfeld,antes de acceder a la jefatura del Ban-co Mundial.
– Michael Chertoff
, hijo de un rabino, jefe del servicio de emergencias FEMAque tomaría el poder en caso de catástro-fe climatológica o
Elliot Abrams, Do-nald Kagan, Douglas Feith, Don Zak-heim, Richard Haas, Ketih Adelman,Steve Goldsmith, Robert Satloff, Da-vid Frum, Marc Grossman, DavidWurmser
(ver vídeo
Missing Links
).
George W. Bush durante el primer comunicado oficial sobre el 11-S
El propietario del WTC,Larry Silverstein, admitióen TV haber ordenadodemoler la Torre 7
La verdad sobre el 11-S sale a la luz
Curiosamente, el 11 de septiembre de 2001, se cele-braban cuatro ejercicios militares en los que se simula-ban otros tantos secuestros de aviones por parte de gru-pos terroristas. Es pues plausible que las personas en-cargadas de ordenar la interceptación recibieran la or-den de dejarlos pasar bajo el argumento de que eranunos
ejercicios militares
. Sorprendentemente, el 7 de ju-lio de 2005 en Londres y el 9 de marzo de 2004 en Ma-drid también se vivieron sendos ejercicios de simulaciónde atentados. Igualmente, unas semanas antes del fatídi-co día, todos los mecanismos de control de emergenciasestadounidenses (en manos de los jefes de los distintosejércitos; tierra, mar y aire para que, en caso de queuno fallara, otro tomara el mando) se habían unificadoen una sola persona: el vicepresidente y jefe del Consejode Seguridad Nacional, Dick Cheney. Así pues, la perso-na que dio la orden de
no actuar
a los servicios de inter-ceptación fue el entonces vicepresidente estadounidense.